La mayoría de los teclados de computadoras presentan un detalle que, aunque a menudo pasa desapercibido, cumple una función fundamental para la escritura eficiente: pequeñas rayas o protuberancias en relieve ubicadas en las teclas F y J. Lejos de ser un adorno estético o un error de fabricación, estas marcas tienen un propósito específico diseñado para mejorar la velocidad y precisión al teclear.
La principal utilidad de estas rayas reside en su capacidad para facilitar la mecanografía, es decir, la escritura al tacto sin necesidad de mirar el teclado. Funcionan como puntos de referencia táctiles que permiten a los dedos índices ubicarse correctamente en la fila central del teclado, conocida como fila base. La enseñanza de la mecanografía tradicional establece que el índice izquierdo debe descansar sobre la F y el derecho sobre la J. Desde esta posición inicial, el resto de los dedos se sitúan automáticamente sobre las teclas adyacentes (A, S, D para la mano izquierda; K, L, Ñ para la derecha), y los pulgares quedan listos para operar la barra espaciadora. Esta disposición, que las rayas en F y J refuerzan, es clave para que el mecanógrafo pueda escribir de manera fluida, rápida y con menor margen de error, sin desviar la vista de la pantalla o del documento.

La idea de incorporar este relieve a los teclados no es tan antigua como podría pensarse, ya que surgió a principios del siglo XXI. Fue patentada en 2002 por June E. Botich (US006667697B2), quien propuso esta solución simple y efectiva para optimizar el aprendizaje de la escritura al tacto. La modificación buscaba reducir la dificultad inicial que enfrentaban quienes aprendían mecanografía, lo que hacía a un proceso más intuitivo y menos propenso a fallos. Antes de esta innovación, los mecanógrafos dependían exclusivamente de la memorización de la posición de las teclas y de su percepción espacial. La incorporación de las rayas táctiles supuso una mejora significativa en este proceso.
Las ventajas de este diseño se extienden más allá de la mera eficiencia. Colocar correctamente las manos desde el inicio, guiado por estas marcas, contribuye a reducir la fatiga muscular y a evitar posiciones forzadas de las muñecas. Esto minimiza el riesgo de desarrollar lesiones por movimientos repetitivos, como el síndrome del túnel carpiano, un beneficio ergonómico crucial para quienes pasan largas horas frente al teclado. Además, estas líneas táctiles incrementan la accesibilidad del teclado, especialmente para personas con discapacidad visual parcial o total, quienes pueden encontrar el punto de inicio correcto para escribir a través del tacto y complementarlo con herramientas como los lectores de pantalla.

El teclado más extendido en la actualidad es el QWERTY, cuyo diseño se remonta a finales del siglo XIX, cuando fue creado por el inventor estadounidense Christopher Latham Sholes. Su disposición, que coloca las letras Q, W, E, R, T, Y en la fila superior izquierda, se popularizó con el auge de las máquinas de escribir a principios del siglo XX. En ese contexto, la mecanografía se convirtió en una habilidad esencial, y la posición de las teclas F y J adquirió un protagonismo central en la enseñanza de la escritura rápida y sin errores. Aunque el diseño QWERTY fue inicialmente pensado para máquinas de escribir manuales, su prevalencia se mantuvo en la era de las computadoras, y con ella, la relevancia de las teclas F y J como guías.
Es interesante notar que las rayas en relieve no se limitan solo a las letras F y J. En muchos teclados con sección numérica integrada, el número 5 también presenta una marca similar. En este caso, su función es idéntica: servir como un punto de referencia táctil para orientar los dedos en el centro del teclado numérico, lo que agiliza la introducción de cifras sin necesidad de mirar.

A pesar de su indiscutible utilidad histórica y ergonómica, la presencia de estas rayas no es universal en todos los teclados modernos. En la era digital, con la proliferación de pantallas táctiles y nuevas generaciones que aprenden a teclear de manera más intuitiva y orgánica, sin clases formales de mecanografía, la dependencia de estas guías táctiles disminuyó. Es posible encontrar hoy en día teclados, especialmente compactos o de diseños minimalistas, que prescinden de estas protuberancias. También surgieron diseños alternativos al QWERTY, como el DVORAK, que buscan optimizar la velocidad y reducir errores, aunque todavía no logró desplazar al modelo tradicional.
No obstante, la persistencia de las rayas en F y J en la mayoría de los teclados actuales, incluso en modelos inalámbricos o de bajo perfil, es un testimonio de su eficacia. Demuestra que, para muchos usuarios y en diversos contextos, estos pequeños relieves todavía son un elemento valioso que contribuye a una experiencia de escritura más cómoda, eficiente y precisa.



