El avión Concorde cumple 50 años: así fue su doble debut supersónico y su catastrófico final

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Este 21 de enero se celebra el 50 aniversario del primer vuelo comercial del Concorde, una aeronave que no solo rompió la barrera del sonido, sino que redefinió los límites de la ingeniería aeroespacial. Con una capacidad para 100 pasajeros y una silueta aerodinámica inconfundible, este avión fue capaz de alcanzar velocidades de Mach 2.04, lo que equivale a más de 2000 kilómetros por hora, permitiéndole viajar más rápido que la rotación de la Tierra.

El nacimiento del Concorde fue el resultado de una ambiciosa alianza estratégica entre Francia y el Reino Unido. En 1962, ambos países firmaron un tratado para colaborar en su desarrollo, impulsados por la necesidad de demostrar su poderío frente a Estados Unidos y la Unión Soviética en el marco de la Guerra Fría.

El 21 de enero de 1976, André Turcat fue el primer piloto en realizar el vuelo inaugural del Concorde

El coste económico de crear un avión tan potente era tan elevado que ninguna de las dos naciones europeas habría podido afrontarlo en solitario. Mientras tanto, Estados Unidos abandonó sus propios proyectos supersónicos debido a la complejidad técnica y las crecientes preocupaciones ambientales, y la URSS logró adelantarse apenas 26 días al debut del Concorde con su Tupolev Tu-144, que tenía un diseño similar.

Doble primer vuelo comercial

El debut comercial del Concorde se dio el 21 de enero de 1976, cuando dos unidades despegaron simultáneamente: una de British Airways con destino a Bahrein, y otra de Air France hacia Río de Janeiro, con escala en Dakar.

El avión supersónico Concorde podía unir París-Nueva York en tres horas

Durante sus años de gloria, el Concorde realizó hazañas que hoy parecen imposibles; por ejemplo, en 1996, unió Londres y Nueva York en solo dos horas, 52 minutos y 59 segundos. En la actualidad, ese mismo trayecto requiere casi ocho horas de vuelo, aunque crece el número de compañías que en los últimos años han comenzado a trabajar en la misma idea: un avión que vaya más rápido que los modelos comerciales disponibles hoy.

En total se construyeron 20 aviones: 6 prototipos, 7 para Air France y otro tanto para British Airways. Cada uno tenía una estética interior diferente, definida por el diseñador Terence Conran.

Cómo era volar en un Concorde

Sus asientos eran redondeados y tenían colores azules y grises, que le daban un toque futurista. Y los pasajeros que despegaban en Nueva York tenían la posibilidad de transitar la previa del vuelo en una sala de espera con muebles de lujo y hasta lámparas de la Bauhaus.

Juego de cubiertos Air France Concorde, diseño Raymond LOEWY, década de 1970.

La comida a bordo estaba lejos del “pollo o pasta” de los vuelos actuales: había canapés, ensalada de langostas y trufas y salmón ahumado; también ofrecían a bordo una diversa carta de vinos añejos. Pero la bebida por excelencia en el Concorde era el champagne. En los 5000 vuelos totales que el modelo de avión realizó, se consumieron un millón de botellas de este espumante.

El champagne era habitual a bordo del Concorde. Crédito: Pinterest

El avión mismo tenía un diseño de ala delta muy futurista, con un perfil muy angosto, un fuselaje que se calentaba por la fricción con el aire al volar al doble de la velocidad del sonido, y una nariz que debía inclinarse durante las maniobras de despegue y aterrizaje para permitir a los pilotos ver la pista.

El paso por la Argentina

La nave, que trasladó un total de 2,5 millones de pasajeros, visitó nuestro país en tres ocasiones: el 13 de septiembre de 1971, para unir Ezeiza con Rio de Janeiro; luego, en 1978, para traer a la selección francesa de fútbol durante el Mundial 78.

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La última vez que el Concorde pasó por el aeropuerto local fue en enero de 1999. Viajaban 88 pasajeros, que habían pagado 52.500 dólares por cada pasaje, que incluía un recorrido por ocho ciudades de América Latina que duraría 21 días. El tramo incluía un paso por Ushuaia y, más tarde, por Santiago de Chile. Antes, había aterrizado en las Cataratas del Iguazú, para que los pasajeros disfrutaran del paisaje.

El Concorde a punto de aterrizar en la pista de Ezeiza en 1999

Un final triste que ya estaba predicho

Sin embargo, la historia de este “pájaro blanco” tuvo un final accidentado y trágico. El 25 de julio de 2000, el vuelo 4590 de Air France que despegaba desde el aeropuerto Charles de Gaulle en París sufrió un catastrófico accidente, provocado por una pieza de titanio en la pista, la cual hizo estallar una de las ruedas e incendió la nave. El incidente resultó en la muerte de 113 personas.

El 25 de julio de 2000, el Concorde, en el vuelo 4590 de Air France, sufrió su primer y único accidente fatal al incendiarse en el despegue del aeropuerto Charles de Gaulle, en París, rumbo a Nueva York. A bordo iban 100 pasajeros y nueve miembros de la tripulación

Aunque los vuelos se retomaron en 2001 tras diversas mejoras técnicas, el fin definitivo llegó en 2003 por una combinación de factores sociales y económicos.

El mantenimiento era extremadamente costoso (consumía más de 25.000 litros de combustible por hora, casi el doble que un avión convencional de la época) y los pasajes de ida y vuelta podían rondar los 8000 dólares, volviéndolo insostenible.

El avión supersónico de pasajeros Concorde dejó de volar en 2003 y ahora está presente en varios museos del mundo

A medio siglo de su primer despegue, el legado del Concorde sigue vivo en la memoria de quienes lo operaron. El piloto François Adibi describe la experiencia de volarlo como algo único, afirmando que el avión parecía tener “un alma que otros aviones más modernos no tienen”. A pesar de los esfuerzos actuales de compañías como Boom Supersonic por revivir los viajes supersónicos, sus proyectos siguen siendo prototipos, dejando al Concorde como el último exponente de una era dorada que aún no ha sido superada.

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