Los seniors que superan el desafío de volver al waterpolo y a la competencia en aguas abiertas: “Exigencia y disfrute”

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En Almafuerte, a 100 kilómetros de la ciudad de Córdoba, el lago Piedras Moras se convirtió en sede estable de un formato que ya tiene calendario propio. Lo que comenzó como una experiencia local terminó consolidando una convocatoria federal y, con ella, una categoría que dejó de ser excepcional.

En el agua no hay andariveles ni líneas negras en el fondo. No hay fondo, de hecho. Se flota todo el tiempo. Se nada, se tracciona, se gira con el viento en contra. Y en ese escenario abierto, con algas que rozan las piernas y el sol que encandila, un grupo de jugadores mayores de 50 años vuelve a competir.

El Campeonato de Waterpolo Beach reunió a más de 60 deportistas de Mendoza, Rosario, San Juan, Buenos Aires y Córdoba. En esa postal de equipos mixtos —cuatro jugadores de campo y un arquero, con al menos dos mujeres en cancha— la presencia de la generación silver no es anecdótica: es estructural.

La generación silver aporta experiencia, constancia y lectura de juego en equipos mixtos, favoreciendo el cruce intergeneracional.

Creado hace tres años, el equipo de Universitario de Rosario nuclea a jugadores de diferentes edades, muchos de ellos mayores de 50 con recorridos distintos: exdeportistas que regresaron a la competencia, nadadores que dieron el salto al juego colectivo y debutantes que encontraron en el waterpolo su primera experiencia competitiva.

“Es volver a disfrutar un juego en equipo, con una exigencia muy alta, pero entre amigos”, resume Carlos Francovich, empleado en una empresa de seguros. Practican tres veces por semana. El entrenamiento incluye resistencia, coordinación, táctica y trabajo colectivo. No se toca el fondo. La cabeza permanece fuera del agua mientras las piernas ejecutan el movimiento continuo de sostén. El esfuerzo es constante.

Integrarse después de los 50

En Universitario de Rosario, el equipo máster nació con un objetivo concreto: que los adultos vinculados al club dejaran la tribuna y entraran al agua. Muchos eran madres y padres de jugadores juveniles y querían experimentar en primera persona lo que veían desde afuera.

“El grupo recreativo arranca como una forma de volver a meterse al agua la gente más grande, pero también para que quienes éramos padres y madres pudiéramos probar el medio acuático y dimensionar la dificultad del deporte”, explica Nicolás Estefan, integrantes de la Comisión Directiva de Universitario.

El equipo máster Universitario de Rosario invita a adultos mayores de 50 años a experimentar el waterpolo desde dentro.

Lo que comenzó como una experiencia para comprender el esfuerzo del waterpolo desde adentro terminó consolidándose como entrenamiento regular y competencia. Para quienes nadaron en otra etapa de su vida o creen que el tiempo ya pasó, Estefan es categórico: “Hay que volver. El water tiene la ventaja de que el agua reduce las lesiones. Es un juego de mucha fuerza y energía, pero permite cuidarse el cuerpo cuando somos un poco más grandes”.

Un torneo con historia propia

Para María Alejandra Reinoso, jugadora de Grek Córdoba y una de las organizadoras del torneo, el waterpolo beach implica un desplazamiento físico y simbólico. “Es salir de la caja”, define. Literal, porque se abandona el espacio controlado de la pileta. Y metafórico, porque la experiencia del jugador cambia por completo.

En aguas abiertas no sólo se compite contra el rival. También intervienen el viento, las corrientes, la temperatura, el reflejo del sol o incluso las algas que pueden enredarse en pleno avance. “En pileta todo es más estructurado y predecible. En el lago hay una adaptación constante que exige versatilidad”, explica. El entorno modifica la dinámica y la energía del juego.

Las condiciones únicas del waterpolo beach en lagos, sin fondo y con factores ambientales variables, exigen adaptación y versatilidad a los jugadores de todas las edades.

El proyecto comenzó en 2023, cuando la Municipalidad de Almafuerte autorizó la realización del primer torneo formal de waterpolo beach en el país. La primera edición fue local, con jugadores cordobeses de Wattas y Grek.

Con el crecimiento del formato, la convocatoria se abrió a otras provincias. Universitario de Rosario fue el primer equipo en sumarse y se convirtió en presencia estable. Luego llegaron delegaciones de Rawson, UNSJ San Juan y equipos de Buenos Aires. La experiencia se expandió además a una segunda sede en Boca del Río, en Las Tapias, con apoyo municipal y del Club Apa la Viña.

Uno de los rasgos que Reinoso destaca es la integración de jugadores mayores de 50 años. “Se integran de manera natural”, señala. La modalidad, con equipos mixtos y dinámica más flexible, favorece el compañerismo y el cruce generacional.

“En el lago hay una adaptación constante que exige versatilidad”, señala María Alejandra Reinoso.

La presencia de la generación silver no es simbólica. Aporta experiencia, lectura del juego y constancia. Y produce un intercambio. “Los más jóvenes aprenden de la templanza de los mayores, y los mayores se nutren de la energía de las nuevas generaciones”, sostiene. Más que una diferencia etaria, el torneo se configura como un punto de encuentro donde el deporte articula trayectorias distintas en un mismo espacio de competencia.

La voces de los protagonistas

Laura Cointry tiene 52 años, es maestra de primaria y profesora de Historia. Integra el equipo máster de Universitario de Rosario y entrena tres veces por semana. Para ella, el waterpolo no fue una continuidad sino un descubrimiento. “Entrenar, sostener la constancia y tener ganas”, dice al explicar cómo se llega a competir después de los 50. Y agrega: “Es un viaje de ida. Uno lo descubre a cualquier edad y ya no podés parar”.

La inclusión y diversidad destacan. Equipo femenino de Universitario, de diferentes edades.

Carolina Orso, licenciada en Economía, 50 años, también forma parte del plantel rosarino. En su caso, el desafío no es sólo físico sino ambiental. Jugar en el lago cambia las referencias. “No vemos lo que hay abajo. Hay algas. No es una pileta”, señala. La adaptación deja de ser un recurso táctico para convertirse en una condición permanente del juego.

Marcela Colman, médica anestesióloga de 55 años, llegó al waterpolo hace ocho. Siempre nadó. Encontró algo más que ejercicio. “Reúne lo lúdico, el ejercicio que nos hace bien y el disfrute”, explica. Y subraya el cruce generacional: “Somos todos diferentes y logramos una comunión”.

En el agua conviven autoridades universitarias, administrativos, empresarios, profesionales de la salud. La diversidad no es discursiva: se entrena y compite. Cintia Pinillos, decana de la Facultad de Ciencia Política de la UNR, introduce otro elemento que explica el crecimiento del equipo: el vínculo con las generaciones más jóvenes.

El crecimiento del waterpolo beach en Córdoba ha llevado a la creación de equipos femeninos y mixtos, impulsando la integración y el desarrollo local del deporte.

Muchos de los jugadores mayores de 50 llegaron al waterpolo a partir de la experiencia de sus hijos, que lo practicaban desde hacía años. “Para alguien como yo, que nunca había hecho deporte y menos uno de equipo con este nivel de exigencia, es al revés de lo habitual: la tradición viene de nuestros hijos hacia arriba. Ellos nos transmitieron este amor por el waterpolo y terminamos de grandes tirándonos a la pileta por su inspiración”, señala. La escena invierte la lógica clásica de transmisión deportiva y suma una dimensión familiar al proceso de ingreso y permanencia en el juego.

El waterpolo, incluso en su versión beach, mantiene reglas básicas: no se puede tocar la pelota con dos manos —salvo el arquero—, el partido exige flotación permanente y la toma de decisiones es constante. En la modalidad de aguas abiertas la estructura se adapta: cuatro jugadores de campo y arquero, equipos mixtos y un entorno que modifica trayectorias y tiempos.

Una historia cordobesa

Para Alejandra Reinoso, el waterpolo tiene condiciones especialmente favorables para personas mayores. El agua reduce el impacto sobre las articulaciones y disminuye el riesgo de lesiones, incluso en un deporte de contacto. “Es exigente, pero seguro”, resume. La práctica sostenida mejora la resistencia cardiovascular, la fuerza y la coordinación. También obliga a tomar decisiones constantes, leer el juego y sostener la concentración.

Sin embargo, señala que el aspecto físico no es lo único relevante. El componente social ocupa un lugar central. El entrenamiento se convierte en punto de encuentro, pertenencia y motivación grupal. “Para muchas personas no se trata sólo de competir, sino de mantenerse activos y seguir desafiándose”, explica.

A los nadadores que nunca jugaron waterpolo les propone dar el paso. El dominio del agua ya es una ventaja. Lo que cambia es la lógica: del rendimiento individual al juego colectivo. “El waterpolo suma estrategia, contacto y toma de decisiones. Es pasar de un deporte individual a uno de equipo, donde cada esfuerzo cuenta para el grupo”, sostiene. No fija una edad de inicio. El momento, dice, aparece cuando surge la necesidad de un nuevo desafío.

“No hay edad. Es animarse”, resume Cayetano Gusmano sobre el proceso de aprendizaje.

Su propio recorrido comenzó así. Buscaba un deporte distinto, poco habitual. Cuando averiguó por el waterpolo en Córdoba, todavía no existía la rama femenina. Desistió. Un año después recibió un correo anunciando la formación de un equipo mixto en un polideportivo municipal. El entrenador era Federico Longas, conocido como “el Chute”. Se inscribió.

Durante meses entrenó con el equipo masculino Los Wargos. Con el tiempo, un grupo de nadadoras se sumó a Los Wattas —el equipo masculino principal de Córdoba— y casi sin planificación formal nació el primer equipo femenino de la provincia: Las Wattas.

“Hoy Wattas y Grek trabajan en conjunto para sostener el desarrollo del waterpolo beach en Córdoba”, explica María Alejandra Reinoso sobre la articulación entre ambos equipos.

En paralelo comenzaba a gestarse Grek, bajo la conducción de Guille Liendo, desde la Facultad de Educación Física. Reinoso se incorporó para sostener la continuidad de entrenamiento. En sus inicios tampoco había mujeres en ese espacio. Con el tiempo, el plantel se consolidó como equipo mixto dentro del waterpolo cordobés.

Hoy Wattas y Grek trabajan en conjunto en el desarrollo del waterpolo beach en Córdoba, con sedes en Almafuerte y Boca del Río. La propuesta combina competencia y entorno natural, pero también busca consolidar comunidad deportiva más allá de la pileta.

Volver al agua y seguir

Con el paso de las ediciones, el torneo dejó de ser una experiencia aislada para convertirse en una rutina sostenida. Lo que empezó como curiosidad o acompañamiento a hijos y alumnos terminó consolidando compromisos, horarios fijos y pertenencia. Un presente organizado alrededor de una pasión.

“Es volver a ser chico”, dice Manuel Vázquez sobre la experiencia en el agua, junto a Belén Michelino.

Es volver a ser chico”, dice Manuel Vázquez, administrativo en un frigorífico avícola. “Tirarse a la pileta, agarrar la pelota, divertirse”. La competencia no elimina el juego. Lo resignifica.

Belén Michelino, ingeniera Industrial y socia gerente de una metalúrgica, describe la exigencia: “Hay que tener ganas de entrenar. Es un deporte muy demandante, hay que nadar mucho. Es todo pique y mantener la cabeza afuera del agua. Pero también hay que divertirse. Te metés a jugar y desaparece todo lo demás”.

Cayetano Gusmano, empleado municipal, pone el foco en el proceso: “Cuando empezamos no llegábamos a hacer el largo de una pileta. Con el tiempo, con entrega y acompañamiento, mejoramos muchísimo. No hay edad. Es animarse”.

Carlos Francovich volvió a hacer deportes después de décadas: “Es retomar un compromiso. A esta edad, hacer algo competitivo es muy importante. Recién ahora, con cincuenta y tantos, volvimos a esa etapa”. En el lago, sin fondo visible ni referencias fijas, el dato no es la edad. Es la permanencia. La generación silver no ocupa un margen dentro del torneo. Ocupa el agua.

El equipo máster de Universitario de Rosario consolidó un espacio de entrenamiento y competencia que reúne trayectorias diversas en torno al waterpolo.

Imágenes drone: gentileza de Gonzalo Rincón.

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