
Ernesto Cherquis Bialo ha marcado un antes y un después en el periodismo. El reconocido escritor deleitó a sus lectores en Infobae durante los últimos años con una infinidad de crónicas que realzaron a esta profesión y lo ratificaron como una de las plumas más respetadas del ambiente a nivel mundial.
Su arduo trabajo como cronista de boxeo lo catapultó como una de las personas más especializadas de la disciplina, que acompañó la carrera de excepcionales púgiles argentinos como Ringo Bonavena y Carlos Monzón, y siguió la trayectoria de otros con gran crecimiento en la actualidad como Fernando Puma Martínez. Su labor lo llevó a ser nominado al Salón de la Fama del boxeo internacional en octubre de 2024. En este medio protagonizó un mini documental sobre Carlos Monzón Llamado “Pobreza, gloria, excesos, femicidio y un final trágico”.
Su reportaje al “verdadero Rocky Balboa” enmarcó la historia de Chuck Wepner, un mítico peleador que se plantó contra Muhammad Alí. A pesar de caer por KO en 15 asaltos, Wepner es conocido por ser uno de los pocos que lo tumbó en la lona y su figura inspiró el personaje de Sylvester Stallone en la película taquillera. El periodista fue uno de los privilegiados que observó el nocaut de Ali a George Foreman en el Estadio 20 de Mayo de Zaire durante la pelea más recordada de la historia.
Su trabajo en la Gerencia de Medios de la AFA lo hizo compartir el día a día con Julio Grondona durante muchos años y fue uno de los autores de la biografía más importante sobre la vida de Diego Maradona. La versatilidad periodística de Cherquis Bialo posibilitó relaciones muy cercanas con los entornos de Bonavena y Monzón, como así también cubrió la tragedia de la Puerta 12 y el debut de un joven Diego Maradona con la camiseta de Argentinos Juniors. También será inolvidable su cobertura del paradigmático evento ajedrecístico entre Bobby Fischer y Boris Spassky, sumado a sus entrevistas a Roberto Canessa y Pancho Delgado, sobrevivientes de Los Andes. Aquí, un repaso de cinco de los artículos más inolvidables que dejó como legado.
• La historia secreta de la única biografía oficial de Diego Maradona
*Publicada el 25 de noviembre de 2020

La historia menos conocida detrás de uno de los libros más leídos sobre fútbol emergió durante la difícil recuperación de Diego tras un grave episodio de salud a comienzos de 2000. El texto “Yo soy el Diego de la Gente”, escrito durante su reposo en La Habana, se gestó en un clima de intimidad familiar y negociación ardua, mientras el astro argentino se rehabilitaba luego del colapso cardíaco que casi le cuesta la vida en Punta del Este. Esta biografía oficial, considerada por muchos como la referencia insoslayable sobre la vida del exfutbolista, tomó forma a lo largo de 38 horas de grabaciones distribuidas en 41 días de entrevistas.
Ernesto Cherquis Bialo fue testigo de la permanencia del Pelusa en La Pradera, un centro de rehabilitación exclusivo ubicado en las afueras de la capital cubana. Allí, el entorno de Diego incluía desde una bandera argentina flameando sobre su casa, hasta la convivencia cotidiana de su familia y un equipo médico, pasando por episodios personales insólitos, como el ofrecimiento de Eric Clapton para que el exfutbolista se recuperara en su isla privada, una invitación rechazada tajantemente por el “10”. El libro fue revisado y corregido con la colaboración de Daniel Arcucci, quien garantizó la precisión de cada dato antes de la aprobación final y la posterior edición por parte de Editorial Planeta.
Publicado finalmente el 28 de septiembre de 2000 en el Hotel Hilton de Puerto Madero ante más de 1.000 asistentes y 635 periodistas acreditados, “Yo soy el Diego de la Gente” trascendió las fronteras futbolísticas. El propio Maradona eligió el título que hoy está traducido a 88 idiomas y disponible en 102 países, consolidándose como la fuente permanente sobre su trayectoria. Entre los episodios menos difundidos que revela el libro, sobresalen momentos familiares, rutinas diarias, el ambiente único de La Habana y la devoción que despertaba Maradona entre pacientes en rehabilitación, personal médico y celebridades internacionales.
• Los misterios del anillo de Julio Grondona: quién dijo la frase “todo pasa”, el día que dejó de usarlo y por qué su familia jamás lo encontró
*Publicada el 12 de septiembre de 2021

En el universo del fútbol argentino, pocas piezas han despertado una fascinación tan persistente como el anillo de Julio Grondona, aquel símbolo inscrito con la leyenda “Todo pasa” que marcó más de una década de poder. El expresidente de la AFA dejó de portar ese emblemático objeto el 16 de junio de 2012, tras la muerte de su esposa Nelly, y nunca más se lo volvió a ver en su mano. Su desaparición, convertida en leyenda familiar, fue confirmada por sus herederos, quienes tras remover la casa y el campo de Brandsen nunca lograron hallarlo.
El anillo, confeccionado en oro de 18 quilates y única pieza original, fue un obsequio de Noray Nakis, antiguo joyero y presidente de Deportivo Armenio, en el año 2000. La inscripción “Todo pasa” surgió tras una intervención pública de Grondona en la Cámara de los Lores de Inglaterra, invitado por Sir Bobby Charlton. Aquella frase, transformada en mantra por Grondona y evocada en cada crisis futbolística, pasó a representar una filosofía de vida y gestión. El día de su despedida definitiva del anillo estuvo marcado por la nostalgia y el dolor: tras el fallecimiento de Nelly, Grondona retiró la joya de su dedo meñique y la guardó en un sobretodo. Dos años después, durante su estadía de fin de semana en su campo de Brandsen, arrojó el anillo a la tierra junto a la huerta. Diez días más tarde, falleció, y el objeto jamás fue recuperado, un misterio aún vigente para sus allegados.
• A 48 años de la pelea más épica del boxeo argentino en la noche más triste por el asesinato de Bonavena
*Publicada el 22 de mayo de 2024

La noche del 22 de mayo de 1976, el boxeo argentino vivió un momento de gloria y tragedia: mientras Víctor Galíndez consolidaba su título mundial ante Richie Kates en Johannesburgo, la noticia del asesinato de Ringo Bonavena en Reno, Nevada, teñía el triunfo de una profunda tristeza. El combate fue uno de los más sangrientos y dramáticos que se recuerden, con Galíndez peleando prácticamente a ciegas tras una herida en forma de “L” sobre el arco superciliar derecho. Resistió heroicamente y los dictámenes del médico, referí y mánager le permitieron seguir en el ring cuando todo parecía perdido.
El relato del autor de esta nota da cuenta de la magnitud del esfuerzo: el estadio Rand Stadium recibió a 42.125 personas que presenciaron la transformación de Galíndez bajo una máscara de sangre, impulsado por la fe y el apoyo del público que coreaba su nombre mientras se enfrentaba no solo a Kates, sino también a su propia herida y al tiempo. Kates terminó groggy en el sexto asalto, y el combate se definió en el decimoquinto round con un nocaut que dejó al público y al propio campeón al borde de la extenuación. A esa lucha física desgarradora se sumó, fuera de cámara, la conmoción general al saberse minutos más tarde que, en Estados Unidos, Bonavena había sido asesinado, noticia que fue informada al campeón mientras recibía siete puntos de sutura en el hospital: “Nooo!!!, no puede ser, no puede ser…!!!”.
El significado central de aquella jornada se expresa en la dualidad irrepetible que selló la memoria colectiva del deporte argentino: el consagratorio triunfo de Galíndez, quien retuvo la corona mundial de peso semipesado por nocaut técnico en el último round, y la pérdida inesperada de Bonavena, su amigo e ídolo.
• Cuando Monzón destrozó a Benvenuti
*Publicada el 6 de noviembre de 2016

El 7 de noviembre de 1970, Carlos Monzón protagonizó uno de los episodios más decisivos en la historia mundial del boxeo al derrotar por nocaut a Nino Benvenuti en el Palazzo dello Sport de Roma, un combate que no solo lo consagró como campeón mundial de peso mediano, sino que también marcó el inicio de su leyenda. La dimensión del triunfo cobra otra escala al considerar la magnitud del rival: Benvenuti era un héroe italiano, ex campeón olímpico y estrella mediática, con 81 peleas en su haber. En ese escenario, con un público volcado en apoyo al ídolo local y expertos que vaticinaban una victoria inapelable del campeón, Monzón demostró que sus orígenes humildes no serían obstáculo para imponerse en la máxima élite mundial.
Contra toda lógica previa, incluso la de los empresarios y entrenadores, Monzón llegó a ese combate como un desconocido en Italia y sin el respaldo pleno de la afición argentina. La negociación estuvo marcada por cifras modestas: mientras el promotor italiano Bruno Amaduzzi solo ofrecía USD 20.000 por el combate, la pelea fue vista como un negocio menor e incluso los derechos de radio y televisión se vendieron a precios bajos. Una empresa de turismo desistió de organizar viajes de argentinos a Roma por falta de interés en el púgil santafesino, evidenciando la escasa fe que se tenía en su triunfo. Sobre el ring, Monzón sorprendió a todos, imponiendo una estrategia física y mental que desbordó a Benvenuti, apoyado en un trabajo de equipo forjado en la solidaridad —incluido el sacrificio de técnicos y amigos que llegaron a vender pertenencias para acompañarlo en la travesía a Europa— y una disciplina férrea que lo llevó a extremos singulares, como dejar de fumar y dormir con buzos de látex para perder peso antes del pesaje oficial.
La noche del combate, Monzón concretó lo improbable con una serie de golpes demoledores durante el duodécimo asalto, hasta que un derechazo sentenció la pelea y convirtió al argentino en campeón mundial. Este desenlace inesperado generó una conmoción en Argentina, donde la multitud paralizó avenidas y celebró la consagración de Monzón, cuya vida había transcurrido entre el barro de San Javier, oficios ambulantes y la marginalidad. El relato no solo reconstruye la gesta deportiva, sino que desvela la historia oculta detrás de una página ya consagrada del deporte mundial: la hazaña de un hombre que no solo venció a un campeón, sino que dejó atrás aquello que lo condenaba al anonimato, convirtiéndose en símbolo de redención y trascendencia.
• La historia de Fischer-Spassky, la apasionante partida de ajedrez que paralizó al mundo en medio de la Guerra Fría
*Publicada el 27 de febrero de 2025

En 1972, el mundo fue testigo de una confrontación singular que capturó la atención de millones y trascendió el tablero de ajedrez: el duelo entre Bobby Fischer y Boris Spassky en Reikiavik, Islandia, encarnó mucho más que la lucha por el campeonato mundial. Esta partida, disputada entre el 11 de julio y el 1 de septiembre, se convirtió en un símbolo de la tensión global propia de la Guerra Fría, donde cada jugada era seguida con expectación en todo el mundo. La victoria de Fischer significó el abrupto final de una hegemonía rusa que había monopolizado el campeonato mundial durante 24 años, una supremacía que definió el ajedrez de la segunda mitad del siglo XX.
En aquellos mismos meses de 1972, el deporte y la música vibraban a nivel internacional: Guillermo Vilas alcanzaba su primera final en Cincinnati, Carlos Monzón consolidaba su reinado boxístico, el tango regresaba al Teatro Colón y los Rolling Stones lanzaban “Tumbling Dice”. Pero nada igualó el silencio y la expectación que provocaron Fischer y Spassky. La gesta del estadounidense, marcada por su carácter hermético y un entorno de exigencias sin precedentes, cimentaron una leyenda que inspiró libros, películas y análisis aún vigentes. El resultado final, 12 y ½ a 8 y ½ a favor de Fischer consagró uno de los episodios más debatidos y recordados de la historia del ajedrez.



