En febrero último, Motorola presentó en la Argentina una andanada de smartphones y de accesorios con los que está reconstruyendo su ecosistema móvil. Entre ellos está el Motorola Signature, el modelo más ambicioso de la compañía del último tiempo, con la notable excepción del Razr Fold, que llegará en unos meses.
Estuve probando el Signature por unos días; van acá algunas impresiones sobre el equipo que pueden resultarle útiles a quien esté pensando en comprar este equipo, que tiene un precio de 2,5 millones de pesos.
El Ultra con otro nombre
Si hubiera seguido la nomenclatura de los últimos años, el Motorola Signature también se podría llamar Edge 70 Ultra, usando el sufijo que las compañías han tomado para sus tope de gama; pero a Motorola le sirve correrse de ese lugar para proponer un equipo que indudablemente es un modelo premium, pero a su manera.

Por ejemplo, lleva un procesador Qualcomm Snapdragon 8 Gen 5, indiscutiblemente capaz, pero que está un escalón por debajo de sus competidores, que usan la versión Elite, o del Galaxy S26 Ultra, que tiene una edición especial de ese chip (en ambos casos la diferencia está en la velocidad del reloj del chip). La buena noticia es que la diferencia es perceptible solo en pruebas de laboratorio o comparando dos equipos haciendo las mismas tareas en simultáneo: para el uso normal, es un teléfono tan rápido como puede esperarse.
Motorola compensa eso con otras prestaciones de hardware de primer nivel, como los generosos 16 GB de RAM y 1 TB de almacenamiento UFS 4.1 que ofrece (en otros países hay otras opciones), la conectividad 5G y la pantalla de 6,8 pulgadas protegida por Gorilla Glass Victus 2.
La pantalla, en particular, es un panel Amoled con una tasa de refresco de hasta 165 Hz (la más alta del mercado, refiere a la cantidad de veces por segundo que se actualiza la información en pantalla; por arriba de 90 Hz es ideal para ver juegos y animaciones con movimientos muy fluidos), de gran calidad y con un brillo máximo de 6200 nits, lo que lo hace muy agradable de usar al aire libre: siempre se ve bien, incluso con el sol directo.
Motorola, además, recuperó la función de Always On Display en la que fue pionera, y que tienen todos sus competidores: la pantalla ahora siempre muestra un reloj y no depende, como en los últimos años, de que se mueva el teléfono o se toque la pantalla para verlo.
El nuevo diseño
En términos de diseño, indudablemente premium, con el Signature Motorola se alejó de dos ideas que venía manejando con los Edge anteriores: el uso de pantallas con bordes redondeados, y de un formato más alargado y más angosto que sus competidores. El resultado es un teléfono con una pantalla que tiene los cuatro bordes apenas redondeados, que le sientan muy bien, y que son una mejoría de los bordes curvos del modelo anterior, que agregaban reflejo y no mucho más. A la vez, es más ancho que los anteriores (de 72 mm en el Edge 50 Ultra a los 76 mm actuales) y, por lo tanto, no tan cómodo al llevarlo en la mano. Son decisiones; probablemente una pantalla de dimensiones estándar es más barata que una que no los tiene. Y el equipo de diseño de la compañía estaba también preocupado por cumplir con el mandato de 2026 para los smartphones: ser más delgados.

El Signature une la pantalla con un marco de aluminio recto y una tapa de batería disponible en dos colores (negro y verde oliva, ambos con una textura tipo tela muy agradable), con un total de 7mm de grosor, sin contar con el bloque de la cámara, que es cuadrado, bastante grande y (gracias, Motorola) está diseñado para que el teléfono quede lo más estable posible sobre la mesa, a diferencia de sus competidores recientes.
El Signature está certificado como resistente al agua y al polvo (IP68 e IP69, es decir, protegido contra una inmersión y contra chorros de agua directos) y cumple con la norma MIL-STD-810H, que promete una gran resistencia a los golpes, caídas y arañazos en general. Por las dudas, Motorola incluye una funda rígida transparente en la caja, aunque gran parte del atractivo del teléfono es usarlo sin ella; la rugosidad de la parte trasera símil tejido contribuye a evitar que se nos patine de la mano.
La cámara orgullosa
Motorola promociona el Signature como un teléfono con una cámara que puede competir contra cualquiera del mercado y no miente: es excelente. Si es cierto, como dice el sitio especializado Dxomark, que es superior a la de la familia Galaxy S26 y está entre las diez mejores del mercado, es debatible (entre otras cosas, porque los usuarios históricos de Apple, Samsung, Xiaomi, etcétera, esperan un resultado ajustado a los parámetros que conocen de esas marcas; en fotografía, parte de la valoración depende de las expectativas), pero hay algo que es fácil de defender: el combo de cámaras de este modelo es buenísimo, y un paso correctísimo de un camino que la compañía inició hace unos años para tener cámaras competitivas).

Un sensor principal Sony Lytia 828 de 50 megapíxeles; un teleobjetivo 3x Lytia 600 de 50 megapíxeles (ambos con estabilización óptica); un gran angular con 122 grados de campo de visión (los tres con foco PDAF multidireccional) y una cámara selfie de 50 megapíxeles, también con un sensor Lytia 500. Las fotos tienen muy buena calidad, la reproducción de color es excelente (incluyendo los tonos de piel, por los que tiene una certificación de Pantone), lo mismo que la definición, incluyendo en el modo “rápido” que usa la IA para capturar la mejor foto de un objeto en movimiento. Debutó en el Edge 50 Ultra, pero ahora está disponible para todas las distancias focales.
El zoom digital asistido por IA mejoró muchísimo. Por encima de 30x el éxito en una foto sigue dependiendo de cuál es el elemento retratado y de cómo la IA lo interpreta, pero en esta generación la calidad es mucho mayor, es comparable con la de otros smartphones en este mismo punto, y finalmente se vuelve útil.
Sigue teniendo algunas limitaciones: a veces titubea entre la cámara normal y el gran angular al fotografiar algo cercano y no se decanta por una de las dos; en la grabación de video (que llega a 8K) muy ocasionalmente se atora y agrega unos tironeos mínimos. Pero en el 99% de los casos el registro que logra, en fotografía y video, es de gran calidad y comparable con el del resto de los tope de gama actuales, más allá de las preferencias de cada uno.
Con ayuda de sus amigos
Motorola decidió, hace un par de años, que el camino para jugar en primera necesitaba algo de ayuda, y lo viene implementando con éxito: Pantone para elegir los colores de los teléfonos; Swarovski para jugar con el segmento de la moda; Corning para proteger las pantallas con Gorilla Glass; Sony para las cámaras; ahora se suma Bose, que calibra sus auriculares inalámbricos y, ahora, los parlantes estéreo del teléfono, que (previsiblemente) suenan muy bien.

De igual modo agrupó, en la plataforma Moto AI, la funcionalidad de varias herramientas de inteligencia artificial, como Perplexity o Copilot Vision, que vienen preinstaladas, que se ofrecen para ayudarnos en cualquier acción visible en pantalla y que conviven con Gemini, que viene con el Android 16. Cuánto se usará cada una de esas herramientas depende de las preferencias; sospecho que la mayoría usará Gemini y ya, o instalará ChatGPT o Claude. Motorola cree que Moto AI es tan central como para darle una tecla propia en el lado opuesto a las de volumen y bloqueo, un camino de corto recorrido que también han transitado (sin éxito aparente) Samsung, LG y otras marcas. No es posible, por ahora, cambiar su funcionamiento para activar otra aplicación, que le daría más utilidad.
El Motorola Signature viene con Android 16 instalado, con las modificaciones típicas de la compañía (previsualizar las notificaciones con la pantalla bloqueada; los gestos para activar la cámara o la linterna), con una herramienta para cambiar algunos aspectos estéticos (tipografías, iconos, etcétera) y con una novedad: la promesa de que recibirá 7 actualizaciones anuales del sistema operativo y hasta 7 años de actualizaciones de seguridad, un punto en el que Motorola iba siempre a la zaga de sus competidores.

La batería y la lapicera
Un elemento sobre el que la compañía innovó con el Signature es que incluyó, en un teléfono ya de por sí delgado y liviano, una batería de 5200 mAh. Hay competidores que ofrecen más capacidad en sus tope de gama (Xiaomi, Redmagic, Realme, etcétera), pero aun así se agradece la decisión, porque hace que el teléfono tenga una autonomía espectacular: un día y medio como mínimo. Y si el equipo viene medio cansado, el cargador de 90 watts que viene en la caja le dará el 50% de batería en 15 minutos.
Además, permite 50 watts de carga inalámbrica y es compatible con Qi2, el estándar que popularizó Apple, pero (como Samsung) no integra los imanes en la carcasa que lo harían compatible con los accesorios MagSafe creados para el iPhone; para eso será necesaria una funda con el anillo magnético integrado (en otros países viene en la caja; se consiguen genéricas en Mercado Libre o Aliexpress).
El teléfono incluso tiene carga inalámbrica inversa de 10 watts, y carga cableada inversa de 5 watts para darle energía a, por ejemplo, unos auriculares inalámbricos, usando un cablecito o apoyando el estuche sobre el dorso del teléfono.

También tiene 5G, NFC, Wi-Fi7, Bluetooth 6, salida de video en el conector USB-C (para conectarlo a una pantalla externa y usarlo como una pseudo PC), UWB para mejorar la detección de accesorios, GPS y más.
El Motorola Signature también es compatible con lápiz Moto Pen Ultra, para acercarlo a las funciones del Galaxy S26 Ultra, pero se trata de un accesorio que hay que comprar aparte. No lo probé, y recién ahora está saliendo a la venta, así que es medio una incógnita; la clave de su usabilidad estará en la latencia, el retraso que hay entre que deslizamos el lápiz sobre el vidrio y se refleja el trazo en pantalla.
El lápiz es compatible con este modelo y con el próximo Razr Fold, y es un dato para entender la apuesta que Motorola está haciendo para ofrecer un smartphone que tiene el aplomo (y el hardware) para competir en primera línea.



