La crisis de Adorni destapó una unión entre Bullrich y el kirchnerismo en el Senado por un artículo clave

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La jefa libertaria en el Senado, Patricia Bullrich

La crisis política vigente en el Congreso por las tropelías del jefe de Gabinete, el ya indefendible Manuel Adorni, terminaron de ratificar el mega tapón generalizado sobre toda la gestión de Javier Milei -ni un solo logro de la Casa Rosada queda encima del escándalo actual- y una agonía que, por ahora, se estiraría. En el Senado, la radiografía de las horas más álgidas de la semana que finaliza destapó una insólita jugada en la que coincidieron los titulares del oficialismo y kirchnerismo, Patricia Bullrich y José Mayans, respectivamente, que dejará un muy riesgoso antecedente a futuro para cualquier persona que se encuentre al comando de la administración central.

Que Bullrich sea la única política que aprovechó rápido las penurias del Gobierno -al que dice defender- es más que conocido. Nadie del arco opositor le sacó tanto jugo como ella. Un puñado de supuestas pinceladas republicanas le dieron primeras planas. No obstante, la estrategia de jugar siempre al fleje -y que, sin temor, algunas pelotas piquen fuera del mismo- le jugó una mala pasada durante la reunión de Labor Parlamentaria del miércoles pasado. Allí, la sacó del estadio. Para comprender esto, es imprescindible realizar una cronología de cómo se inició y finalizó dicha jornada.

La ex ministra de Seguridad comenzó el día con una imagen subida a la red X para celebrar la primera victoria de la Argentina en el mundial de fútbol. Todos desean un cuarto campeonato. Sin embargo, la experimentada política salió con una camiseta y un tres generado con los dedos del medio de su mano izquierda. Curioso. Por la mañana, diversas bancadas se reían de la picardía de la legisladora, siempre bien acompañada en los pasillos por un grupo de personas que supera, en varias ocasiones, los cinco empleados que dice tener en su oficina, según la web oficial de la Cámara alta.

Manuel Adorni (REUTERS)

Previo a Labor Parlamentaria, Bullrich se reunió con aliados para definir si la sesión sería al día siguiente o el jueves 25. Y, por esa vía, anticiparse al ya instalado pedido de Mayans para votar una interpelación a Adorni que implicaría, a los siete días, la asistencia del jefe de Gabinete al recinto y una potencial moción de “censura”. No sorprendió su apuro para dar por liquidado al funcionario, aunque se demoró tanto esa cumbre que, mientras otros aguardaban en la oficina de la vicepresidenta, Victoria Villarruel, el convite no finalizaba. Tras minutos de incertidumbre, uno de los participantes cantó “humo blanco”.

Ya en Labor, el punto principal y conocido tanto por Bullrich y el resto de presentes era si lo impulsado por el formoseño precisaba, al ser un proyecto de resolución no dictaminado, los dos tercios para que fuese habilitado en una sesión que, al final, se pospuso. Parecía más que claro el asunto -y validado por el reglamento- y hasta había sido charlado durante horas. No ocurrió. De manera llamativa, la reinterpretación de la ex ministra fue acompañada por Mayans, ante una pasividad extrema entre los oficialistas sentados en esa mesa. De hecho, la senadora hasta tuvo que improvisar una mini cumbre con otros compañeros de bloque que objetaron este punto. Es decir, los muy pocos que jugaron a favor de Balcarce 50. A esta altura, una situación delirante.

¿Cuál es el problema de la reinterpretación del artículo 101? Si bien el pleno es soberano y la decisión final, de ser avalada, no podría ser objetada, lo cierto es que el precedente que dejará marcado tendrá una magnitud negativa descomunal. Aquí coincidieron varios despachos consultados por Infobae. Por caso, desde uno se oyó: “Es una torpeza lo que están haciendo. Si llegamos a ese punto, a partir de allí, cualquiera podrá reclamar eso. Otros jefes de Gabinete de otros gobiernos fueron igual de impresentables que Adorni, pero si tengo que ser realista por el país en el que vivo, algo así te dejaría a las puertas de lo que hace el Congreso peruano con sus presidentes y funcionarios. Un nivel de irresponsabilidad absoluta”.

El titular de la bancada kirchnerista en la Cámara alta, José Mayans (Gustavo Gavotti)

En otro, reconocieron: “Es simple. Al kirchnerismo le sirve mantener en la parrilla a Adorni, más allá de que se quieran colgar la medalla de ser los primeros en reventarlo. Si es una máquina de malas noticias. Ojo, también es útil para el resto. No queremos ser los que tapemos con diarios al jefe de Gabinete. Pero parece será eso, ya que el Ejecutivo lo defiende sin cesar. El asunto es tan grave que la unanimidad ya no se acerca sólo en los propios que sugieren, por lo bajo, un paso al costado, sino también en el Congreso y, sobre todo, en la sociedad. Ahí está lo más delicado: pega en la base social por la vara que dijeron tener en cuanto a transparencia en la función pública. No hay grieta. Un verdadero papelón”.

Un detalle del pedido de Mayans que pasó desapercibido. En la iniciativa de resolución, habla de moción de “censura”. Esto es muy distinto a una remoción, ya que sería una especie de apercibimiento y nada más. Ambas necesitan mayoría absoluta del Cuerpo, 37 voluntades. Por supuesto que nadie cree que ocurra lo primero, sino lo segundo, que luego deberá ser refrendado por Diputados. El resultado parece cantado y lo que muchos desean saber, de acá hasta el 2 de julio, es qué pirueta harán los estrategas de la Casa Rosada ante una eventual eyección de Adorni, bajo la premisa de ganar aún en la derrota. Allí abundaría la libertad de opinión, el odio al periodismo y acusaciones de golpismo. Sería una jungla de operaciones. Como los meses de penuria de 2024 y 2025. Esta receta fue copiada a la perfección por Bullrich. Se la comieron, de manera olímpica, el propio Gobierno y sus diseñadores. La gran pregunta es si hay más soldados o generales en tándem con ella.

El Senado de la Nación

Durante la noche del jueves, apareció un indicio de racionalidad. Se convocaría a una nueva reunión de Labor Parlamentaria para pasado mañana para analizar, una vez más, la interpretación del artículo 101 de la Constitución. Hay dialoguistas a los que no le cierra en absoluto la idea de Bullrich. Entonces, ya no logra contener a su bancada -que votó de tres formas distintas un simple pliego judicial agitado por ella-, no convence suficiente a aliados -que le despluman todos los proyectos que impulsa Balcarce 50- y lima la otrora confianza que había en el corazón del mileísmo. Ganar aún en la derrota, o perder aún en la victoria. O todos contentos, como cuando se consumó la Labor del miércoles último. No todo es lo que parece.

En caso de volver hacia atrás en los próximos días, una discusión en el recinto sobre la habilitación por dos tercios ayudaría a ganar más tiempo a La Libertad Avanza y a dejar a Adorni en la parrilla, como “prefiere” el kirchnerismo. La tarea no será sencilla: como contó días atrás este medio, requerirá tener sentados a sus 21 soldados y convencer a tres o cuatro ajenos -en principio, según quienes estén presentes- para llegar a 24 o 25. Así, bloquearía cualquier intento opositor. El embrollo continuará. Por ende, para avanzar, será obligatorio que se junte la comisión de Asuntos Constitucionales. La preside el oficialista Agustín Coto (Tierra del Fuego), que mandó al cajón la reforma política para que los friendly no separen Ficha Limpia. En paralelo, el ministro del Interior, Diego Santilli, colecta álbumes de fotos con gobernadores para sostener, como sea, el supuesto interés del Gobierno en la iniciativa libertaria.

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