La expresión de emociones en el fútbol, especialmente durante el Mundial, atraviesa cambios visibles. Durante los partidos más importantes, jugadores y cuerpo técnico de la selección argentina mostraron lágrimas ante millones de espectadores. La escena se repite en jóvenes y adultos, en estadios y hogares. El fenómeno abarca preguntas sobre por qué ocurre, cómo se vive y cuál es su efecto en la sociedad argentina.
Elisa Smyth, psicóloga clínica y terapeuta cognitiva, explicó en Infobae Al Amanecer que existen diferentes tipos de lágrimas. “Tenemos lágrimas basales, que lubrican el ojo; lágrimas reflejas, que aparecen ante estímulos como el humo o el champú, y lágrimas emocionales, que surgen por emociones intensas”, indicó.
Las últimas contienen prolactina, ACTH y opioides naturales. El Mundial potencia este tipo de llanto, tanto en la victoria como en la derrota, y suele alcanzar su punto máximo en instancias decisivas o tras el silbato final.
Smyth remarcó que el circuito emocional incluye estructuras cerebrales como la amígdala, la corteza prefrontal y el cíngulo anterior, que dan significado a la situación vivida. “La amígdala detecta la emoción. El cíngulo anterior y la corteza prefrontal la procesan. El hipotálamo y el sistema nervioso autónomo permiten que la emoción se traduzca en lágrimas”, detalló la especialista.
Las emociones en la cancha y el cambio en la masculinidad
La selección argentina actual expone sus emociones sin reservas. Lionel Messi, capitán del equipo, Lionel Scaloni, entrenador, y figuras como Pablo Aimar o Walter Samuel, lloraron en público tras distintos partidos. “Esta selección viene a cambiar el paradigma. Antes los hombres no podían llorar. Ahora ellos lo muestran y habilitan ese permiso”, sostuvo Smyth.
Para la psicóloga, el estadio se convirtió en una “zona de permiso”, según un concepto académico surgido en 2024, donde las personas pueden expresar emociones que en otros ámbitos reprimen.

El llanto en público, especialmente de figuras masculinas de alto perfil, resultaba inusual en décadas pasadas. Smyth explicó que este cambio cultural impacta en niños, adolescentes y adultos que siguen a la selección. “Podés ser fuerte y exitoso y llorar. La gestión de las emociones es parte de la salud mental”, indicó. Los jugadores señalan que cuentan con coaches y psicólogos para aprender a procesar y liberar emociones, en lugar de reprimirlas.
El Mundial representa un escenario donde la presión y la alegría se mezclan. Smyth señaló que los jugadores mayores tienden a llorar más que los jóvenes, en parte por la acumulación de experiencias y la carga emocional. “Lloran mayormente los jugadores mayores y tiene relación por la carga emocional, la cantidad de partidos jugados y la historia personal en el club”, explicó.

Gestión emocional y consecuencias de la represión
La psicóloga diferencia entre quienes logran revaluar y soltar emociones y quienes optan por reprimirlas. “En la represión no hay descarga. Lo ideal es gestionar adecuadamente las emociones. El que suprime, no es que no siente, pero no hace una adecuada gestión de las emociones”, sostuvo Smyth. La acumulación de tensión puede derivar en síntomas físicos y malestar.
Al mismo tiempo, la selección argentina expone en público la gestión de las emociones. Smyth resaltó que el estadio funciona como un espacio habilitante. “El estadio es el único lugar donde se habilita a las personas fuera de la vida cotidiana a demostrar las emociones”, aseguró. Personas que no lloran en otras situaciones pueden hacerlo al escuchar el himno o al ver un gol. El fenómeno genera identificación entre hinchas y jugadores.
La gestión emocional también es clave en el rendimiento. Smyth citó un estudio sobre 4.318 jugadores de mundiales, que halló que quienes mostraban alegría en la foto grupal tenían mejor desempeño en la primera fase. “El equipo contrincante tarda entre tres y ocho minutos en recomponerse del impacto emocional que causa un gol”, precisó.

El fútbol como fenómeno social y colectivo en Argentina
El fútbol en Argentina moviliza emociones colectivas. La victoria o la derrota afectan el ánimo social y la vida cotidiana. “La respuesta no es solo individual, es colectiva”, sostuvo Smyth. Las calles vacías durante los partidos y la amabilidad inusual entre conductores reflejan el efecto del fútbol en la vida diaria.
La identidad argentina se vincula con la intensidad emocional y la pasión por el fútbol. Smyth consideró que “Argentina es un país superfutbolero. Respondemos emocionalmente en función de si ganamos o perdemos”.
Por otra parte, Smyth destacó la importancia de la inteligencia emocional, entendida como la capacidad de gestionar y manifestar adecuadamente las emociones. “Si tenés miedo, poder decirlo. Si necesitás llorar, también mostrarlo”, afirmó. Para Smyth, la salud mental y la gestión de las emociones están cada vez más presentes en la agenda social.

Emociones, rendimiento y bienestar en el deporte
La relación entre emociones y rendimiento deportivo se estudia con detalle. Smyth subrayó que la preparación emocional es tan relevante como la física y la técnica para los deportistas de elite. El llanto en el fútbol, visible en figuras como Messi y Scaloni, ya no se considera signo de debilidad.
En continuidad, Smyth observó que “antes, ser fuerte era no llorar. Hoy, podés ser exitoso y llorar”. Las emociones positivas y negativas cumplen funciones necesarias y su expresión adecuada marca diferencias en el bienestar psicológico.
La cultura futbolera argentina promueve la identificación entre público y jugadores a través de la emoción compartida. Las lágrimas, la alegría y la tristeza colectiva forman parte de la experiencia social y deportiva. Este cambio de paradigma impacta en la visión de la masculinidad y en la forma de vivir el deporte y la vida cotidiana.
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