
“Cuidate, ma, y portate bien. No hagas lío”. Esas fueron las últimas palabras que Jacqueline Guzzardi recuerda haber escuchado de su padre, Cristian Maximiliano Díaz. Era el 11 de julio de 2018 y el “Gringo”, como lo conocían en el barrio Samoré de Villa Lugano, había pasado a llevarle unas cosas. Ella lo saludó con un beso, como cualquier otro día, sin imaginar que apenas unas horas después lo encontraría muerto frente a una de las torres del complejo.
Díaz tenía 36 años y conocía desde hacía tiempo a Cristian “Pity” Álvarez, quien también vivía en el complejo. Su hija siempre se encargó de aclarar que no eran amigos. Según reconstruyó la Justicia, entre ambos existía un conflicto previo que había comenzado en un contexto de consumo de drogas.
De acuerdo con la investigación, en una oportunidad Pity quería comprar drogas y el “Gringo” se ofreció a llevarlo a la Villa 1-11-14 para conseguirlas. Ambos fueron hasta allí, pero en un momento Díaz desapareció llevándose la mochila del músico y dejándolo solo. Pity sostuvo luego que de su interior le habían faltado pertenencias y responsabilizó al “Gringo”.
Cuando volvieron a cruzarse durante la madrugada del 12 de julio de 2018, ese episodio seguía latente.

El crimen
Eran cerca de la 1.30 cuando Álvarez salió de la Torre 12 B del barrio Samoré acompañado por su amiga Agustina Inbernoz. A unos 50 metros estaba Díaz junto a su amigo Carlos Ulises Stiempcich. Al verlo, el “Gringo” se acercó al músico y puso sobre la mesa el conflicto que arrastraban: “Vos sabés quién soy, te acordás de mí, te acordás cuando yo te llevé a la villa, vos dijiste que te faltaban cosas en la mochila y yo no soy rastrero”, le dijo.
La discusión fue subiendo de tono. De acuerdo con la reconstrucción judicial, Díaz desafió a Pity a pelear y Stiempcich intentó separarlos para evitar que se fueran a las manos. El “Gringo” le tocó la gorra y realizó el ademán de golpearlo con la cabeza. Álvarez, entonces, sacó del bolsillo derecho de su campera una pistola calibre .25.
Al ver el arma, Díaz redobló la apuesta: “Si vas a tirar, tirá, gato”. Instantes después, Pity disparó.

El primer disparo fue realizado a corta distancia y dirigido a la cabeza. Díaz cayó desplomado. Según estableció la Justicia a partir de los testimonios y las pericias, cuando ya estaba en el piso, Álvarez volvió a disparar al menos tres veces.
La secuencia fue presenciada por Inbernoz. Según declaró, al escuchar las detonaciones quedó perpleja, se agachó y le gritó al músico: “¿Qué hiciste, Cristian? ¿Qué hiciste?”. Otros vecinos que se asomaron por las ventanas después de escuchar los disparos también recordaron haber oído esa pregunta.
Segundos después, Pity le pidió a Inbernoz las llaves de su Volkswagen Polo y ambos abandonaron el lugar. A los pocos metros detuvo el auto y le entregó la pistola. “Tomá, tirá esto”, le dijo. La mujer declaró que estaba en shock y que arrojó el arma dentro de una alcantarilla ubicada sobre la colectora Dellepiane Sur. “En ningún momento pude negarme a lo que me pedía, estaba aterrada”, sostuvo.

El arma calibre .25 fue encontrada posteriormente en ese lugar. Durante el trayecto, según declaró Inbernoz, Álvarez también se quitó la campera, la prendió fuego con un encendedor y la arrojó a la calle.
Pity continuó luego hasta Pinar de Rocha, en Ramos Mejía, para presenciar un recital de Ulises Bueno. Recién durante la mañana del día siguiente, tras permanecer varias horas prófugo, se presentó en la Comisaría 52 de Villa Lugano. Antes de ingresar, admitió ante los medios haber sido el autor del homicidio: “Lo maté porque era entre él o yo. Cualquier animal hubiera hecho lo mismo”.

“Los tiempos de Dios son perfectos”
Jacqueline se enteró de que algo había ocurrido cuando alguien tocó el timbre de su departamento. Tenía 16 años. Bajó corriendo y encontró a su padre junto a un charco de sangre. “Lo reconocí al verlo. Me lo quedé mirando en estado de shock, no sabía si estaba vivo, muerto o agonizando. Estuve unos 20 minutos pensando que iba a venir una ambulancia, hasta que llegó mi mamá y nos dijeron que estaba muerto”, recordó en un reportaje a Télam en 2022.
La identidad del autor también la sorprendió. Jacqueline conocía a Pity del barrio y antes del homicidio escuchaba su música. Después de aquella madrugada dejó de poder hacerlo. “No puedo escucharlo desde que mató a mi papá. No puedo escuchar ni siquiera su nombre ni una canción de él porque me mareo y me empiezo a sentir mal. Me da pánico de solo verlo”, contó. “Será lo que será como músico, pero como persona mató a mi papá”, sumó.
La muerte del “Gringo” atravesó los años siguientes de su hija. “Estuve todo 2018 tratando de comprender que mi papá ya no estaba”, recordó Jacqueline en esa entrevista. Un año antes, en abril de 2021, publicó dos fotos junto a él y escribió sobre el momento en que recibió la noticia: “Tuve la sensación de que todo se detenía, no pude escuchar nada más, me congelé, me fui con vos”.

También habló de las visitas al cementerio y de las cosas que sentía que habían quedado pendientes entre ambos: “Te he ido a visitar al cementerio; algunos días no logré decir nada, otros simplemente llorar, otros te pedí perdón. Perdón por no haberte aprovechado tanto”.
Cuando en mayo pasado se confirmó que Álvarez estaba en condiciones de afrontar el juicio, Jacqueline volvió a expresarse en sus redes sociales: “Gracias señor, todo llega… realmente los tiempos de Dios son perfectos”.

El debate
Ocho años después del crimen, Álvarez finalmente se sentará este lunes en el banquillo de los acusados, luego de que el debate fuera suspendido en 2023 por su estado de salud mental. Las audiencias serán los días 10, 12, 14, 19, 24, 26 y 31 de agosto, y 2, 7, 9 y 14 de septiembre en la sede de los tribunales, en la calle Paraguay 1536, del barrio de Recoleta.
En la primera está previsto que el músico declare. Además, se esperan unos 70 testigos, entre ellos Agustina Inbernoz, quien acompañaba al músico la noche del crimen; Carlos Ulises Stiempcich, amigo de la víctima, que presenció el hecho; y el padre César Scicchitano Tagle, quien acompañó a Álvarez durante su tratamiento y su regreso a la vida en libertad.
En caso de ser condenado por homicidio, Álvarez podría enfrentar una pena de entre 8 y 25 años de prisión.



