La lista de los nuevos asesinatos en La Matanza: hubo 7 muertes en 10 días

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Diego Gastón Aguirre fue asesinado por defender su fuente de trabajo. El viernes pasado por la tarde, un grupo de delincuentes ingresó a la distribuidora de bebidas donde trabajaba, en la calle Rosas entre Gallo y Ambrosetti, zona de San Justo, jurisdicción de La Matanza. Aguirre llegaba al lugar junto a su jefe, a bordo de una Toyota SW4. Los ladrones los rodearon para asaltarlos.

Aguirre, según testimonios, intentó defender a su jefe. Lo balearon sin piedad; un único disparo le atravesó la mano, luego el tórax y llegó hasta una de sus axilas. Murió al instante. Así, los delincuentes huyeron, a bordo de un Fiat Siena robado a fines de junio en Aldo Bonzi, el primer vehículo de su fuga. Aguirre, oriundo de Florencio Varela, padre de familia, tenía 47 años.

El expediente por el crimen quedó en manos de Diego Rulli, un experimentado investigador, parte del tridente de fiscales de la UFI de Homicidios de La Matanza. El clamor, al parecer, fue importante. En un despliegue infrecuente, los Gabinetes Tácticos Operativos y los hombres de la Departamental de la Policía Bonaerense se unieron a la DDI local para esclarecer el caso.

Los cinco detenidos por el crimen de la distribuidora. El policía de la Ciudad, segundo desde la izquierda, campera negra y pantalones beige

Este universo de la Bonaerense rara vez coincide, reconocen fuentes en la zona. Algo tiene que moverse para que todo La Matanza de uniforme corra al mismo blanco. La presión, por lo visto, funcionó. En cuestión de horas, cinco sospechosos fueron detenidos y trasladados a la Comisaría Norte I° de San Justo. Entre los detenidos, estaba un policía de la Ciudad y un cadete de la Policía Bonaerense, educado en la escuela Juan Vucetich. Los encontraron, literalmente, en un bar.

El desborde criminal no podría ser más evidente. El crimen de Aguirre fue el séptimo en nueve días en una de las jurisdicciones más violentas del país; tres de estos casos ocurrieron el mismo día. Semanas antes, una ola de crímenes narco que terminó con vecinos incendiando kioscos de transas había agitado un recambio en las cúpulas de las comisarías locales.

En los tribunales matanceros, los investigadores encargados de esclarecer los hechos habían trazado la lista en los últimos días, historias donde se mezclan la tiranía del negocio de la droga, la inseguridad, la violencia de género y el deseo de venganza.

La lista

En su actual turno, que continúa hasta hoy, el fiscal Rulli debió investigar los siguientes casos:

. 30 de julio: dos hombres de nacionalidad paraguaya, hallados muertos a puñaladas dentro de una casa, una posible riña.

. 31 de julio: un subteniente de la Bonaerense mató a uno de tres ladrones que lo emboscaron en plena tormenta para robarle el auto en González Catán. El fiscal consideró que el policía actuó en legítima defensa.

. 31 de julio: horas más tarde, Mario López fue detenido en el Barrio Palangana de Virrey del Pino por degollar a su ex pareja, Janeth Colque. Su hija lo entregó.

. 31 de julio: adicto asesinado en la jurisdicción, mientras se dirigía a comprar droga.

. 6 de agosto: el crimen de Claudio Killing, chofer de aplicación, ocurrido en Virrey del Pino.

. 8 de agosto: otro asesinato en Virrey del Pïno, un presunto dealer acribillado, murió con un handy en la mano.

. 8 de agosto: el crimen de Diego Gastón Aguirre.

“Esto, sin contar algunas cosas más”, asegura una fuente clave en la jurisdicción. El 27 de junio, un presunto dealer se suicidó en pleno allanamiento realizado por el GAD de la Bonaerense. Ese mismo día, un hombre entró ferozmente golpeado a un hospital de la zona. Los motivos de sus heridas se desconocen. El miércoles pasado, un policía de la Federal baleó en Villa Madero a un motochorro que intentó robarle a sus amigos evangélicos.

La coartada del policía de la Ciudad

Ayer domingo, el fiscal Rulli indagó a los cinco sospechosos hallados en el bar Sisha. El policía de la Ciudad, Gabriel Miranda, de 41 años, traspasado de la PFA, fue de particular interés. Miranda, destinado a una comisaría de Villa Crespo, fue hallado en el bar Shisha de Villa Crespo junto al resto de los sospechosos: le encontraron su arma reglamentaria y su auto, un Renault Logan.

El Renault Logan, aseguran fuentes policiales, habría sido el segundo auto empleado en la fuga tras el crimen.

Miranda, como tantos otros policías, trabaja como remisero; así está registrado en los legajos de ARCA, por ejemplo. Su relato lo ubicaba fuera del lugar de los hechos. Miranda afirmó, por ejemplo, que el auto “se lo entregaron a las 8:30 de la noche” del viernes pasado, mucho antes del hecho.

“Dijo que no llegaba a fin de mes, que a veces hacía de remisero, que le robaron el auto y el arma reglamentaria, y que conoció un tipo que le prestó el auto para manejarlo. Curiosamente, el dueño del Logan se negó a declarar”, continúa un investigador. Su nueva pistola, una Bersa Thunder, estaba dentro del Logan.

El fiscal Rulli, por su parte, ordenó diversas medidas para resolver las dudas en torno al testimonio del policía Miranda. Su casa en González Catán fue allanada poco después de su arresto.

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