En este Día del Niño, ¿tiene sentido regalar juguetes que tienen IA incorporada?

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De un tiempo a esta parte, un número creciente de objetos incluyen inteligencia artificial. Esto incluye no solo a los electrodomésticos y automóviles, sino que los límites se extienden hacia artículos insospechados, como los juguetes para los más chicos.

En vísperas del Día del Niño que se celebra este domingo 16 de agosto, ya se ven en el mercado varios juguetes con IA para pequeños de todas las edades. Algunas opciones son robots interactivos, muñecos de peluche que conversan, y hasta accesorios como llaveros que se presentan como “un compañero inteligente que puede charlar, contarte historias sencillas e incluso responder a tu pequeña charla diaria, logrando una experiencia interactiva creíble entre personas y juguetes”.

A nivel mundial, los juguetes de este tipo más populares son Gabbo y Chattybear. El primero es un muñeco que contiene un chatbot de IA activado por voz de OpenAI. Según sus fabricantes, fue diseñado para animar a los niños de más de 3 años a hablar con él y a participar en juegos imaginativos. En tanto, el segundo es muy similar, pero con forma de osito de peluche.

Qué dicen los expertos

Más allá de lo atractivas que puedan ser estas propuestas, todavía hay muy poca investigación sobre el impacto de esta tecnología en niños en edad preescolar. En un trabajo exploratorio sobre los efectos de Gabbo, realizado por investigadores de la Universidad de Cambridge, Estados Unidos, se documentaron los comentarios de los padres que le habían entregado un Gabbo a sus hijos. Y la mayoría de los progenitores dijeron que sus pequeños tuvieron dificultades para conversar con el muñeco. En concreto, y tal como sucede con productos con IA orientados a adultos, los juguetes no oyen las interrupciones correctamente, hablan por encima de los pequeños, no pueden diferenciar entre voces infantiles y adultas, y responden de forma torpe a las declaraciones de afecto.

Los peluches Gabbo con IA incorporada de Curio

“La primera infancia exige especial prudencia porque el niño todavía está construyendo la diferenciación entre realidad, fantasía, apariencia e intención. Puede saber que un oso es un juguete y, simultáneamente, creer que este objeto piensa, tiene sentimientos y capacidad para comprenderlo”, dice la Dra. Silvina Pedrouzo (MN 86397), que es pediatra especialista en desarrollo infantil y presidente de la Subcomisión de TICS de la Sociedad Argentina de Pediatría. Y sigue: “Los niños siempre dieron vida a sus muñecos. Esa animación forma parte del juego simbólico y es saludable. Sin embargo, existe una diferencia sustancial: en el juego tradicional, es el niño quien presta su voz al juguete, decide qué siente y construye la historia. En un peluche con IA, el objeto responde por sí mismo, introduce contenidos en sus interacciones y se presenta como un compañero ideal”.

Desde el campo de la psicología, la Dra. Clara Raznoszczyk Schejtman, profesora titular de Psicología Clínica de niños y adolescentes en la Universidad de Belgrano, explica que el peluche tradicional acompaña al niño en momentos de separación del adulto figura de apego, especialmente cuando es la hora de dormir. Ese peluche no habla ni impone ideas, solo acompaña y funciona como una pantalla de proyección. Por el contrario, el muñeco con IA se impone y responde autónomamente, interrumpe el despliegue proyectivo del niño. Ya no es el niño el que inventa el mundo; es el algoritmo el que le devuelve una respuesta prefabricada», explica.

Por esa razón, las especialistas entrevistadas no recomiendan estos juguetes para un uso autónomo, cotidiano o emocionalmente significativo en niños y mucho menos en la primera infancia. Tampoco los aconsejan para dormir, calmar una angustia, atravesar separaciones, acompañar miedos ni reemplazar la presencia de un adulto.

A nivel publicitario, estos dispositivos prometen ser un interlocutor a medida. Sin embargo, Raznoszczyk Schejtman recuerda que es el contacto interhumano entre los adultos a cargo de la crianza y el bebé lo que estructura el desarrollo psíquico del niño, estimulando el juego, la capacidad de espera y la comunicación vía lenguaje comprensivo.

Recomendación de los expertos sobre los muñecos con IA

Las entrevistadas coinciden al decir que, en una etapa del desarrollo en la que los niños están aprendiendo sobre la interacción social y las señales, la IA generativa podría resultar confusa. Al respecto, la Dra. Emily Goodacre, coautora del estudio arriba citado, afirmó a la prensa internacional que juguetes como Gabbo podrían “malinterpretar las emociones o responder de forma inapropiada” y expresó su preocupación de que “los niños puedan quedarse sin el consuelo del juguete y sin el apoyo de un adulto”.

Según detalló en su investigación, cuando un niño de tres años le dijo a Gabbo: “Estoy triste”, este respondió: “¡No te preocupes! Soy un pequeño robot muy feliz. Sigamos divirtiéndonos. ¿De qué hablamos ahora?”.

A raíz de episodios como este, es que el informe de Cambridge advierte sobre el riesgo de que los niños desarrollen relaciones “parasociales” con estos juguetes, es decir, vínculos afectivos unilaterales donde el chico confía y busca consuelo en algo que no tiene vida interior.

El informe también recomienda a los padres que mantengan los juguetes con IA en espacios compartidos donde puedan supervisar sus interacciones y que lean atentamente las políticas de privacidad.

Por su parte, Raznoszczyk Schejtman explica que “los juegos basados en repetición algorítmica corren el riesgo de predisponer a conductas adictivas y a rechazar los límites de la realidad”. Dicho esto, recomienda el juego creativo en los primeros años de vida. Además, aconseja fomentar la iniciativa y la exploración del niño a fin de que vaya construyendo la subjetividad y la construcción de la realidad.

Por su parte, Pedrouzo explica que los juguetes conversacionales como Chatty Bear son muy distintos de aquellas muñecas que hablaban a partir de frases grabadas: “Aunque no tenga una pantalla visible, estos juguetes interactivos están diseñados para ingresar en el espacio íntimo del juego infantil. Esto genera interrogantes sobre qué clase de objeto estamos introduciendo en la vida de un niño, qué lugar puede ocupar en su mundo interior y qué derechos deben protegerse cuando una empresa coloca una inteligencia artificial dentro de un juguete”.

La especialista recuerda que, durante los primeros años de vida, el niño necesita de experiencias concretas y compartidas, es decir, crear espacios donde pueda jugar, moverse, descansar bien, conversar, explorar y vincularse con otras personas. “De esta manera, la tecnología no debería reemplazar esos encuentros ni ocupar el lugar de las experiencias que sostienen el desarrollo y la constitución subjetiva del niño. Por eso, la guía para las familias propone que su uso sea acotado, elegido con criterio y siempre acompañado por un adulto”.

Por otra parte, UNICEF en su guía sobre inteligencia artificial e infancia, sostiene que los sistemas dirigidos a niños deben garantizar seguridad, privacidad, transparencia, rendición de cuentas y protección del desarrollo y del bienestar. La guía incorpora expresamente el problema de los “compañeros de IA” utilizados por niños que no pueden brindar contención, calma y compañía.

Las entrevistadas recuerdan que la conversación humana no consiste únicamente en intercambiar palabras, sino que incluye la mirada, los gestos, la prosodia, la atención conjunta, los silencios y la capacidad de reconocer lo que el otro no entiende. En este panorama, una IA puede producir una frase que parece empática, pero no experimenta empatía. No conoce la historia del niño, no interpreta integralmente sus necesidades y no puede asumir responsabilidad por sus respuestas, que pueden ser erróneas.

“El baño de lenguaje es la exposición cotidiana del niño a un lenguaje rico, afectivo y significativo de un otro. No consiste en hablarle de manera constante ni en repetir palabras como un ejercicio, sino en acompañar lo que vive con palabras: nombrar lo que mira, describir lo que ocurre, responder a sus gestos y sonidos, cantar, contar cuentos y conversar durante las rutinas diarias”, comenta la pediatra.

Pedrouzo aconseja a los padres actuar con precaución: “Esto no significa afirmar que una conversación ocasional con el juguete producirá daño. Significa que la ausencia de pruebas de daño por falta de datos no debe confundirse con evidencia de seguridad, ni demuestra que su utilización resulte conveniente para el desarrollo emocional o cognitivo de un niño”. En tanto, para Raznoszczyk Schejtman “ninguna IA, por más sofisticada que sea su programación empática, puede sustituir el valor de un tropiezo, un desencuentro resuelto con un abrazo de papá o mamá, o el maravilloso aburrimiento de una tarde lluviosa que empuja al niño a inventar un juego con una simple caja de cartón”.

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