El reloj es todo en esta historia: habla, literalmente, de una ferocidad propia de la época, y de una industria chorra que se reinventa con un nuevo auge, en la zona más violenta del país.
El 15 de septiembre pasado por la mañana, una banda integrada por tres pistoleros menores de edad cometió dos robos a mano armada en menos de cinco minutos en La Matanza. El primero ocurrió en Virrey Cisneros al 4100, zona de San Justo. A las 6:56 con 15 segundos, los tres pistoleros cruzaron un Volkswagen Nivus tripulado por una mujer y sus hijas, camino al colegio esa mañana. La banda, que había llegado en un primer vehículo, se fugó en el Nivus menos de 20 segundos después.
Luego, los tres pistoleros fueron por más. En Fitz Roy y Gallo, a seis cuadras de distancia, y a las 6:59 con 41 segundos, atacaron a otra mujer de 35 años y a su familia mientras partían a bordo de un Peugeot 208. Uno de los delincuentes disparó al aire para amedrentar a la víctima. Sin embargo, el robo fracasó: la víctima logró huir. De todas formas, la banda le quitó su iPhone 14 en el forcejeo.
Un sospechoso fue detenido por ambos robos ayer jueves por personal del servicio de calle y el titular de la Comisaría 2° Centro de Isidro Casanova de la Policía Bonaerense, con una causa a cargo del fiscal de menores Juan Pablo Volpicina. “Agustincito” es su nombre y su alias. Es menor de edad: tiene 16 años. Cumplirá los 17 a mediados de diciembre próximo. Para la Bonaerense, sería quien disparó al aire en el intento de robo del 208.

“Agustincito” fue capturado en su casa en la zona de Morón, en presencia de sus padres. La Bonaerense derribó la puerta del lugar, mientras los vecinos aplaudían. Le encontraron, entre otras cosas, el iPhone 14 de su presunta víctima. “Agustincito” no había perdido el tiempo, por lo visto: un mes antes de los robos, había salido de un instituto de menores en Pablo Nogués.
La brigada que lo arrestó llegó a sus redes sociales, donde posteaba lo de siempre: selfies de espejo y fotos con la 9 milímetros en la mano y el cargador colgando, al igual que tantos otros delincuentes juveniles en el Oeste. “Faranduleo”, se le dice en la jerga a mostrarse en stories, un show para demostrarle a otros chorros quién activa y quién gana.
La sospecha de los investigadores es que esta banda alimentaba lo que fiscales y detectives policiales rastrean hace meses en La Matanza: el eterno negocio del auto robado. Por ese Nivus de San Justo, que no fue recuperado hasta hoy, otro delincuente podría haber pagado un millón de pesos.

Investigadores y fuentes del submundo entrevistados por Infobae en los últimos meses coinciden en la actual ruta del auto robado. “Se usa para dos cosas: se revende para ponerle una patente melliza, o va para una banda que comete robos a casas, entraderas”, asegura una fuente de suma relevancia.
El mercado de los desarmaderos, particularmente intenso cuatro años atrás, se tranquilizó, en parte, por la estabilidad del valor del dólar, una ironía de estos tiempos. Los robos a choferes de aplicación, que terminaron con varios heridos y víctimas fatales en este año, con el crimen de Claudio Killing, cometido en Virrey del Pino a comienzos de agosto último, obedecen a otra lógica.
Los ladrones que los citan en emboscadas no van por sus autos, sino por sus teléfonos, donde llevan el dinero que ganan; es como robarle la recaudación a un taxista en el siglo XX, en la era de la “economía de plataformas”.

Autos como el Nivus o el 208 están entre las listas de preferidos de los delincuentes activos esta temporada. Los importados estaban en la cima de la lista tres años atrás. Bahiano Bobadilla, el temible ladrón que fue liberado en un ataque de 30 tiros al Servicio Penitenciario Bonaerense en Tolosa en abril de 2023, fue recapturado en Berazategui a bordo de un Alfa Romeo modelo 2012 con un pedido de secuestro por hurto. Había sido robado, precisamente, en González Catán, jurisdicción de La Matanza. Se cree que Bobadilla pagó
Los importados todavía se roban: bandas como la de “Agustincito”, pero con delincuentes mayores de edad, mejor contactados, patrullan zonas como Ituzaingó en busca de marcas como Mercedes Benz. Sin embargo, autos como el Nivus o el 208 tienen “más salida, porque llaman menos la atención”, aseveran fuentes.
La era de los jugados
La intensidad de los hechos también es notable: los hampones matanceros parecen jugados como pocas veces en la historia. El 15 de mayo pasado, una furiosa persecución ocurrió en la periferia de la villa San Petersburgo en La Matanza. Dos sospechosos, identificados como Kevin Bazán y Damián Chacón, terminaron ensangrentados en el asfalto tras una carrera a tiros contra el personal de la Comisaría Centro 5° de San Alberto de la Policía Bonaerense. Ambos sospechosos viajaban en una camioneta Renault Sandero Stepway blanca denunciada como robada el día anterior.
El cruce de información en el sistema también determinó que Chacón debía cumplir arresto domiciliario en una causa a cargo de una fiscalía de menores de la zona. El supuesto delito: intentar matar a un chofer de aplicación en un asalto.
A comienzos de septiembre, Jeremías Aarón Rodríguez, otro delincuente con prisión domiciliaria -y, peor todavía, con tobillera puesta por el homicidio de un chofer- cayó tras una breve persecución, acusado de robarle el auto, un Fiat Argo, a una mujer de 54 años, otro operativo a cargo de la Comisaría 2° de Casanova.



