Sebastian Fundora lo hizo de nuevo. En una exhibición que mezcló drama, anomalía física y pura determinación, el estadounidense retuvo su campeonato mundial de peso superwélter del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) al noquear al albanés Ermal Hadribeaj. El desenlace no pudo ser más cinematográfico: la definición llegó a los 2:59 del duodécimo asalto, exactamente a un segundo de que sonara la campana final y la pelea tuviera que decidirse en las tarjetas de los jueces.
El combate, que encabezó la cartelera de Premier Boxing Champions en el complejo The Cosmopolitan de Las Vegas, consolidó el reinado de un campeón que desafía todas las leyes convencionales de la división de las 154 libras. Con este impactante triunfo, el monarca mejoró su récord profesional a 25 victorias (17 por la vía rápida), una derrota y un empate.
El factor más determinante —y visualmente impactante— en cada presentación de Fundora es su morfología. Apodado con justicia La Torre Infernal (The Towering Inferno), el boxeador de 28 años registra una asombrosa estatura de 1,97 metros. Es una estructura ósea más común en las categorías de peso pesado, pero que Fundora logra mantener en el exigente límite de los 69,85 kilogramos (154 libras) sin perder un ápice de su rendimiento físico.
Esta estatura viene acompañada de un alcance de brazos de 2,03 metros (80 pulgadas). En la previa del combate contra Hadribeaj, los análisis de portales especializados destacaron la abismal brecha geométrica entre ambos contendientes. El retador obligatorio de Albania, apodado The Albanian Sniper, posee una estatura tradicional para la división con 1,78 metros. Esto se tradujo sobre el cuadrilátero en una diferencia de casi 20 centímetros tanto en altura como en alcance de brazos.

A pesar de contar con semejantes palancas para boxear a la distancia, la identidad del campeón es paradoxal: en lugar de refugiarse en su jab para mantener lejos a sus rivales, suele encorvarse y aceptar los intercambios en la corta distancia, transformando sus peleas en auténticas guerras de desgaste.
Desde el campanazo inicial, Hadribeaj demostró por qué llegaba invicto a Las Vegas. Utilizando una postura muy baja para complicar el plano de ataque del campeón, el albanés acortó las distancias de manera agresiva. Su valentía dio frutos tempranos, logrando conectar ganchos y combinaciones sólidas en la corta distancia, e incluso haciendo sangrar de la boca a Fundora en el cuarto asalto.
Sin embargo, la implacable presión y el volumen de golpes del monarca comenzaron a inclinar la balanza. Fundora castigó sistemáticamente las zonas blandas de Hadribeaj e hizo llover una cantidad abrumadora de uppercuts que desfiguraron el rostro del retador con el correr de los rounds. Desgastado y falto de movilidad, Hadribeaj recurrió en exceso a los amarres en el tramo final del combate, lo que provocó que el árbitro Thomas Taylor le descontara puntos en el undécimo asalto.
Cuando parecía que la contienda se encaminaba a una victoria por decisión unánime para el estadounidense —quien ya lideraba cómodamente las tarjetas oficiales— llegó el estallido final. En los últimos diez segundos del round 12, Fundora arrinconó a su oponente y conectó una terrible mano izquierda cruzada que impactó de lleno en la mandíbula de Hadribeaj. El albanés se desplomó contra la lona visiblemente desorientado. Aunque la campana final comenzó a sonar mientras el árbitro realizaba la cuenta de protección, Hadribeaj no pudo reponerse, decretándose el KO oficial en el minuto 2:59.

“Fue una pelea interesante porque tuve que volver a mis inicios, pelear en la corta distancia y demostrarles a todos que puedo hacerlo”, consideró Fundora en diálogo con DAZN en el ring tras el final de la pela. “Logramos la victoria. Me gusta que lo hayamos noqueado en el último segundo. Fue dramático, al estilo de Bernard Hopkins. Así que estoy muy contento. Pero volveremos al gimnasio para pulir algunos detalles”, sentenció.
La carrera de Sebastian Fundora ha estado marcada por batallas memorables en la élite mundial. Tras sufrir su único traspié profesional en 2023 al ser noqueado por Brian Mendoza, la Torre Infernal hilvanó una impresionante racha que lo devolvió a la cúspide. Su coronación definitiva y posterior consolidación llegaron tras superar con éxito defensas mundialistas de altísimo calibre ante figuras de la talla de Tim Tszyu y el excampeón unificado Keith Thurman, a quien despachó por nocaut técnico en marzo de 2026.
Con la cuarta defensa de su cinturón del CMB en el bolsillo, las ambiciones de Fundora apuntan a lo más alto de la industria boxística. El peleador de Coachella, California, ha dejado en claro que su meta inmediata es la unificación total de las 154 libras. El gran objetivo en su radar es ir tras el ganador del esperado duelo unificatorio entre Jaron Ennis y Josh Kelly. De concretarse, Fundora estará a solo un paso de inscribir su nombre con letras de oro como el campeón indiscutido de la división superwélter.




