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Renunció a su empleo público para apostar por su marca de ropa de talles grandes: “¿Qué hiciste, Camila?”

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Camila Albarenga renunció a su puesto administrativo en el INDEC tras diez años de trabajo para dedicarse a su marca de ropa

“Viste que cuando las cosas tienen que suceder, creo que suceden”, expresó Camila al repasar la historia de su emprendimiento de ropa de talles grandes. Es un proyecto que abrazó en soledad y por el que dejó la estabilidad de un trabajo. Camila Albarenga, de 32 años y vecina de Parque Patricios, tenía un puesto de trabajo estable en el INDEC, un sueldo que cobraba el primero de cada mes, vivía con sus padres, no había nada de qué preocuparse. “Estaba en mi zona de confort”, explicó.

Camila llegó a la entrevista con un look total de ropa negra: una blusa escotada de mangas largas abullonadas, que deja ver una flor negra tatuada en su pecho, y unos pantalones con tajos en los costados atados con cordones. Su marca se llama Echate un vistazo, tiene que ver con su estilo actual y desestructurado. Ahora acaba de lanzar una línea de zapatos, EUV, para público general.

La renuncia con la que nadie estuvo de acuerdo

Hacía 10 años que trabajaba como administrativa en ese organismo. Las tareas le gustaban, sin embargo, durante la pandemia, cuando tuvo que quedarse en su casa haciendo su tarea en remoto cargando encuestas, encontró tiempo para descubrir otra actividad. En ese momento, cuando todo el mundo se ponía a vender cosas se preguntó: “Bueno, ¿qué puedo hacer? Me voy a poner a vender ropa”.

Lo hizo un par de semanas. Hasta que una idea se instaló en su cabeza. Tenía que ver con aquello que la había afectado en su vida.

Camila junto a sus padres y su hermano Lautaro

“Yo siempre fui muy gordita y siempre me costó conseguir ropa. Me hacía sentir mal. Íbamos a bailar y por ahí la ropa que se ponían mis amigas yo no me la podía poner o no la conseguía, entonces directamente no salía. Hoy en día hay bastantes talles especiales, pero diez años atrás no había directamente. Había talles grandes, pero toda ropa para mayores. No era algo que me podía poner para ir a bailar. Entonces, me frustraba, me enojaba. Me ponía a llorar”, confesó. También recordó su asma, el decadron, entre otros medicamentos, que la ayudaron a subir de peso.

Decidida, puso todas sus energías en la búsqueda de proveedores de talles especiales hasta que dio en la tecla. “Todo esto sola, ¿no?”, destaca.

Con su idea en mente se abrió una cuenta de Instagram y empezó a seguir a personas a quienes podría interesarle su marca. Hizo lo que considera un trabajo de hormiga. La gente se empezó a interesar y la rueda empezó a girar. Consiguió sus primeros seguidores y ventas.

Cuando volvió la presencialidad, la normalidad pospandemia, se levantaba todos los días a las cinco de la mañana, iba a su trabajo de 8 horas y después levantaba todos los pedidos en los proveedores.

“Esto me está gustando mucho”, pensó. Un día en una charla en la mesa que tuvo con su familia, constituida por su mamá, su papá y su hermano, planteó: “Yo no sé si el día de mañana voy a renunciar al INDEC y dedicarme a esto”. Las respuestas fueron inmediatas. Ninguno estuvo de acuerdo. Le preguntaron: “¿Cómo vas a renunciar al trabajo estable, que todos los primeros tenés el sueldo, que tenés la obra social, el aporte?” Por ese entonces, Camila facturaba poco y nada. Tenía una ganancia de unos 200.000 pesos. “Mi familia me decía: ‘estás loca. Vos vivís con nosotros, nosotros te vamos a ayudar, pero ¿qué vas a hacer con esa plata? No podés ni comprarte una remera para vos, ni salir. No vas a poder’”.

La atención personalizada hacia cada clienta y la escucha de sus necesidades conforman la estrategia principal de ventas de la firma

Pasó una semana y la idea seguía rondando en su cabeza mientras cargaba datos: “Esto ya no va más”.

El sábado siguiente le contó a sus amigas su idea de renunciar. Y la respuesta fue parecida a la de su familia: “No, amiga, dejate de joder, ¿Cómo vas a dejar el trabajo que no sabés ni cómo te va a ir? Mirá la situación del país. Te tenés que quedar donde estás. Bueno, decía yo”, recordó.

Lunes en la oficina. Mientras todos conversaban sobre qué habían hecho el fin de semana, ella todavía se preguntaba qué hacer. Se levantó, le dijo a sus compañeras que iba al baño y se fue a Recursos Humanos: “Quiero presentar mi renuncia”.

Después llegó a su casa y tuvo que contar lo que había hecho: dejar el trabajo de una década, al que había ingresado recomendada por un amigo de su padre.

Su mamá estaba en la cocina, y su papá no recuerda qué estaba haciendo.

—Renuncié.

—¿Qué?

—Renuncié. Solo les voy a decir una cosa, ustedes confíen en mí que esto no va a fallar.

—Estás loca, Camila. No, ¿qué hiciste, Camila?

— Bueno. Déjenmelo todo a mí, porque si me equivoco, yo voy a pagar las consecuencias y si no, voy a festejarla.

Desde ese momento se sentó a la mesa, abrió la computadora y consiguió un diseñador, un especialista en marketing. “Todo eso sin tener un peso yo”, aclaró. Segura de que le iba a ir bien, les dijo que les pagaría con lo que facturara. “Mi cabeza era: acá se factura, se factura. Mi familia me decía: Camila, ¿cómo vas a hacer si no facturás nada? ¿Cómo le vas a pagar a la gente?”.

Desde entonces, empezó a sumar ventas y seguidores.

Dos semanas después de dejar el INDEC en 2024, Camila le propuso a su hermano Lautaro que renunciara a sus dos trabajos para sumarse al emprendimiento. “Necesito que renuncies a tus dos trabajos y te vengas a trabajar conmigo, porque yo no voy a dar abasto”, recordó. Él aceptó y comenzó a trabajar junto a ella. Hoy se ocupa de la línea Echate un vistazo Men.

Ella, que no era partidaria de trabajar en familia, también les propuso a sus padres incorporarse al proyecto. “Todo lo que yo no quería que pase, está pasando”, dijo entre risas.

La emprendedora explicó que la diferencia de su propuesta está en el trato con quienes compran. Dijo que procura conocer las historias y necesidades de cada clienta antes de concretar una venta.

“Vos me hablás y a mí me importa más que vos te sientas bien que lo que me vas a comprar”, afirmó. “Yo le dedico tiempo a cada clienta, cada cliente”.

Camila explicó que su experiencia personal le permite comprender dificultades que enfrentan las personas que buscan talles grandes. “Yo pasé lo mismo”, dijo. Y agregó: “Yo hago esto porque lo amo, porque me encanta ayudar al otro”.

Una foto reciente de Camila junto a su ahijado

Su catálogo incluye prendas deportivas, urbanas, vestidos, ropa de fiesta y trajes de baño. Hay ropa cómoda, moderna y también arreglada. Le gustan los brillos, los colores y el animal print. Incluso si la ropa es negra, como la que lleva puesta, prefiere que tenga un diseño.

Todas sus ventas se realizan online y llegan a todo el país. Trabaja las medidas por contorno de cadera para las prendas de mujer y por contorno de cintura para las de hombre. La oferta abarca desde 120 centímetros hasta 230 centímetros de contorno de cadera.

La emprendedora contó que recibe mensajes de clientas que valoran encontrar ropa fresca, cómoda y moderna en talles grandes. “A veces me pongo a llorar, porque me dicen es un talle diez y es así. A lo largo de este tiempo, que fue muy corto, pero muy intenso, me llegaron un montón de historias. La gente se emociona, llora, me llama. Me dicen: ‘Cami, no lo puedo creer’. Y yo creo que este emprendimiento me estaba esperando”.

Sin tener experiencia, Camila se lanzó a la fabricación de indumentaria y ahora a la de calzado

Hoy, Echate un vistazo emplea a 11 personas y su cuenta de Instagram (Echateunvistazo.woman) reúne una comunidad de casi 50 mil seguidores, además de sus otras cuentas dedicadas a la línea masculina y los zapatos. La web tiene cerca de 1.800 artículos a la venta. El equipo reúne los pedidos en fábricas, locales y depósitos. Luego, los lleva a su casa, donde preparan los envíos.

La Camila desconocida

El emprendimiento, que hoy la llena de orgullo, también tuvo impacto en su vida personal. Dijo que bajó 35 kilos con entrenamiento y cambios en su alimentación.

“Creo que conocí una Camila que la tenía como ahí escondida”, expresó. “Atravesé miedos, me hizo darme cuenta de que soy refuerte”. Contó que antes del emprendimiento atravesó una relación tóxica en la que estuvo muy boicoteada. “No me dejes porque no vas a ser nadie”, recordó que le decían. “Y hoy no puedo creer dónde estoy”, aseguró.

Camila descubrió el placer de viajar sola, quiere conocer toda la Argentina porque la ama y apuesta por ella

Con el apoyo de su familia y sus amigas, logró salir de esa relación. Después aprendió a manejar y se mudó sola a pesar de que siempre había sido muy miedosa. No solo eso, descubrió el placer de viajar sola.

Cada vez que cuenta esta historia se emociona. Lo dice mientras se seca las lágrimas que no tardaron en empañar sus ojos enmarcados por grandes pestañas. “Porque me cambió la vida. Me hizo conocer una Camila desconocida”. También contó que su familia está orgullosa, no puede creer todo lo que consiguió. “Vos hablás con mi mamá, mi papá y mi hermano, te lo cuentan y lloran”.

El año último su padre sufrió un accidente grave en la ruta y estuvo al borde de la muerte. “El emprendimiento era lo único que me daba fuerzas para salir adelante”, sostuvo. De todas las cosas malas que le pasaron en la vida, hoy siente que su trabajo tiene un efecto sanador. Siente que todo lo que está construyendo y tocando se transforma en algo lindo.

“Hoy te puedo decir que soy verdaderamente feliz”, afirmó.

La emprendedora reconoce haber hecho un trabajo de hormiga en redes sociales

Camila se despide al salir del bar y continúa el recorrido que empezó muy temprano por la mañana. Sube a su auto colorado y resplandeciente. Tiene que preparar una valija porque se va de viaje. Quiere conocer toda la Argentina.

Cuando habla del futuro, no tiene un plan definido. Le gusta dejarse llevar por su intuición y no descarta sumar nuevos productos a su firma.

—¿Ahora todos confían en vos?

— Plenamente [se ríe]. Hasta ahí, porque les dije lo de los zapatos y dudaron. “Por ahí me ves en un mes y tengo carteras y accesorios. No lo sé”, dijo. Después de haber dejado atrás la seguridad de un empleo público para apostar a una idea propia, Camila parece haber encontrado una certeza: “Hago lo que siento”.

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