El fin del sedentarismo: la actividad física en mayores de 65 aumenta un 15% en la última década

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La transición de actividades pasivas hacia los deportes refleja una transformación cultural que busca romper los estereotipos del deterioro y promover la autonomía.

En los últimos años, distintos estudios registran un aumento de la actividad física en personas mayores de 65 años, aunque con variaciones según el país y el contexto.

En Australia, por ejemplo, datos analizados entre 2017 y 2022 muestran que el porcentaje de personas mayores consideradas sedentarias descendió de 72% a 57%, según un artículo publicado por The Guardian. En paralelo, creció la participación en eventos deportivos recreativos como parkrun, un sistema de carreras comunitarias gratuitas de 5 kilómetros, y pruebas de resistencia

En ese periodo, la tendencia indica una reducción significativa del sedentarismo en ese país y un avance en la integración de personas mayores en actividades físicas organizadas. Esta evolución refleja cambios en los hábitos y también en la percepción social del envejecimiento activo.

El descenso de 15 puntos porcentuales en los niveles de sedentarismo evidencia el papel creciente de la actividad física como componente del bienestar en la vejez. Cada vez más adultos mayores incorporan el ejercicio a su rutina, con una mayor participación en actividades grupales orientadas a la salud integral.

En los últimos años, el sedentarismo en mayores de 65 años ha caído drásticamente en países como Australia, pasando del 72% al 57% gracias al auge de programas comunitarios y una mayor conciencia sobre la salud integral. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este fenómeno se vincula con campañas de sensibilización, políticas públicas y el desarrollo de iniciativas comunitarias que promueven la participación en actividades físicas. Estos programas han facilitado el acceso a espacios de entrenamiento y socialización, ampliando las oportunidades de inclusión.

Factores detrás del aumento de actividad física en mayores

Diversos factores explican este cambio de tendencia. Por un lado, la concienciación acerca de los beneficios para la salud ha crecido y, por otro, existen más programas públicos que facilitan el acceso a actividades físicas. También se ha dado una transformación cultural que reconoce el aporte y la autonomía de las personas mayores activas.

Organismos e instituciones han trabajado para reducir obstáculos y ofrecer espacios accesibles, favoreciendo la inclusión de adultos mayores en el deporte recreativo. Este proceso ayuda a romper antiguos estereotipos sobre la vejez.

Atletas de más de 70 años en competencias de resistencia

John Quiggin, profesor de la Escuela de Economía de la Universidad de Queensland, relata en un artículo publicado en The Guardian que, hace unas semanas y justo antes de cumplir 70 años, completó el triatlón de distancia estándar de Mooloolaba. “No hubo nada excepcional en mi rendimiento”, escribe, al detallar que terminó en el puesto 1.509 de 1.730 participantes y en el 14º de 18 en su categoría de edad, de 65 a 69 años.

A partir de esa experiencia, Quiggin señala que hasta no hace mucho tiempo un logro de este tipo habría sido considerado excepcional. Explica que, hasta aproximadamente 1980, el deporte competitivo para personas mayores de 70 años se limitaba en gran medida al golf, y que recién en la década de 1990 comenzaron a incorporarse categorías específicas en disciplinas como el triatlón.

“Los primeros septuagenarios en completar el exigente Ironman de Kona, fueron Hiromu Inada y Ethel Autorino en el año 2000”, apunta, al tiempo que sostiene que hoy los atletas de mayor edad son cada vez más numerosos y también más rápidos en distintas pruebas de resistencia.

Estas experiencias ilustran historias de continuidad deportiva y cuestionan percepciones tradicionales sobre las capacidades físicas en edades avanzadas.

La visibilidad de estos casos refuerza una visión más amplia sobre el potencial de las personas mayores y su papel activo en la comunidad deportiva. Los ejemplos de participación en eventos multitudinarios funcionan como referencia para generaciones posteriores.

Beneficios y desafíos de un envejecimiento activo

La expansión de la actividad física en adultos mayores tiene efectos directos en la salud física, mental y social. El descenso del sedentarismo representa un avance cultural y no solo una cifra dentro del ámbito sanitario.

Lo que antes era una excepción hoy es tendencia. Atletas de más de 70 años participan cada vez más en triatlones y pruebas de resistencia.

Sin embargo, persisten desafíos. El discurso público aún suele retratar la vejez desde el enfoque del deterioro, lo que limita el reconocimiento del potencial de quienes superan los 65 años.

Aunque los indicadores avalan un fenómeno de envejecimiento activo, la evidencia disponible muestra que estas mejoras no son homogéneas a nivel global y dependen de políticas públicas, infraestructura y condiciones socioeconómicas. Este contraste muestra que todavía hay camino por recorrer en la definición plena del papel de las personas mayores en la vida pública.

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