
En la jerga de los barrabravas, comer es generar ingresos desde fuentes poco legales vinculadas al club. “Comer de las entradas” refiere a la reventa de tickets, comer de los trapitos al estacionamiento público tarifado, comer del merchandising a la venta de prendas no oficiales y así. Pero ahora en la barra de Boca ese comer es directamente literal: acaba de aparecer la primera interna gastronómica de La Doce y no tiene nada que ver con que a Rafael Di Zeo le gusten las milanesas y a Mauro Martín las pastas sino con un conflicto eminentemente económico que tiene por eje la explotación de la marca La Doce. Esta es la interna menos pensada, la de los restaurantes de la barra y que está generando una escala de tensión que nadie sabe dónde puede terminar.
La historia comenzó 45 días atrás cuando se conoció que se iba a abrir un nuevo bodegón que se identificaba con la barra. Efectivamente en la calle Suipacha casi esquina Corrientes, pleno microcentro porteño, se inauguró El bodegón de la 12, con un logo que se identifica directamente con el de Los Dueños de la Historia, como se hacen llamar los jefes de la segunda bandeja de la Bombonera que da a Casa Amarilla. El primer impulso fue pensar que era la expansión del bodegón Jugador Número 12, que funciona hace más de un año en Puerto Madero y con bastante éxito. Pero la respuesta fue negativa: era un emprendimiento independiente. Claro que nadie que no esté vinculado a la barra se iba a tomar el atrevimiento de mojarle la oreja a La Doce por lo que las miradas torvas apuntaron hacia adentro y acertaron: el local lo estaba impulsando un barra apodado Huevo, mano derecha de Mauro Martín, que se hizo conocido para el gran público cuando se enfrentó con una filial de San Lorenzo en plena autopista 25 de mayo unos años atrás y que se llama Damián Javier Godoy.

Para eso se asoció con un venezolano que tenía otro restó llamado LD Winery y que es propietario de dos locales en una galería de la calle Florida al 400 dónde varios integrantes de la barra cambiaban de pesos a dólares las vituallas obtenidas hasta que el Banco Central intervino. Este venezolano llamado Luis Pastor Parra Perozo es quien tiene la experiencia en el rubro junto a un socio llamado Darío y quienes armaron el local donde todo se viste de azul y oro y sobre todo de la barra.
Ahí empezó el problema porque todas las marcas vinculadas a La Doce están registradas por Rafael Di Zeo y su esposa Mirta Carolina Condello. Y éstos le dieron la exclusividad del uso de Jugador Número 12 a un grupo gastronómico que maneja varios locales y bodegones de clubes, entre ellos el famoso del club Atlanta. Y son quienes montaron el restaurante de Puerto Madero, el primero que abrió una barra en todo el mundo. Apenas vieron lo que ocurría, pidieron explicaciones urgentes. Y se trató por las buenas de convencer a Huevo y sus socios que cambiaran el nombre. Cómo no sucedió, apareció la primera carta documento y se judicializó la cuestión.

Claro que esto parece demasiado civilizado para cómo se manejan habitualmente en la tribuna. Entonces comenzaron otro tipo de situaciones. Primero, Di Zeo salió a aclarar por sus redes que no tenía nada que ver con el emprendimiento. Después hubo un llamado en altavoz a Mauro Martín, que se despegó del nuevo emprendimiento diciendo que trataran todo con Huevo, que él no tenía nada que ver y menos quería entrar en problemas con los otros dos bandos de la barra, el de Rafa y el de Marcelo Aravena. Más cuando Martín también obtiene beneficios del alquiler de la marca porque si bien la propiedad es de su coequiper en el paravalancha en su momento se hizo un acuerdo para que no se rompa la paz que se generó en 2016 y les permitió volver al ruedo desbancando, con ayuda de la dirigencia, la política y la seguridad a Cristian Fido De Vaux.
Pero no hubo caso. El trío Huevo-Venezolano Pastor y Darío no dieron el brazo a torcer. Entonces extrañamente un par de semanas después cayó una inspección municipal y clausuró por cuestiones menores el local, que venía funcionando hacía años sin problemas como restaurante bajo la marca LD Winery. Ahí vieron la mano de los contactos de la cúpula de La Doce pero aún así siguieron adelante. Y aunque les rechazaron la pretensión de poner mesas en la calle pudieron reabrir y hacer una fiesta de reinauguración donde llevaron a los percusionistas de La Doce y hasta a Juanse, el líder de los Ratones Paranoicos y fanático de Boca.

“Nosotros no podemos permitir que usen la marca. Primero porque tienen menor calidad y eso va a perjudicar a nuestro negocio. Segundo porque confunde sobre todo al turista y al hincha que quiere comer en el verdadero bodegón de La Doce. Esto lo vamos a llevar hasta las últimas consecuencias”, dicen quienes regentean el restó de Puerto Madero y que tienen el apoyo de la facción oficial. Infobae se comunicó con los responsables del local de Suipacha que prometieron en dos oportunidades devolver la llamada para tener su versión de los hechos pero finalmente no lo hicieron.
En el medio de esto, la facción de Lomas de Zamora que maneja Marcelo Aravena también montó su restaurante, aunque usó la marca que registró en Propiedad Intelectual el barra que fue ladero de El Abuelo y hoy lo es de Di Zeo. Así el año pasado nació en Canning la parrilla “Siempre Mono, Nunca Sapo”, con la misma modalidad que la de Madero: se alquila el nombre y lo regentea gente ligada al mundo de la gastronomía mientras Aravena puso por su parte una panadería familiar.

Los investigadores que siguen los pasos de la barra dudan de que se esté ante la búsqueda de una estrella Michelin y aseguran que hay algunos negocios, como los restaurantes o lavaderos de autos que atraen a ciertos inversores porque no son tan rigurosos al momento de ver y demostrar toda la facturación. En el caso de Jugador Número 12, los números de cubiertos parecen minimizar en parte esa afirmación pero la competencia que le salió ahora de la propia entraña de la barra podría poner en jaque la operación. Y eso es algo que nadie piensa permitir. Por eso, anoche, cuando la barra volvió a ocupar por primera en 2026 vez su lugar en la Bombonera en el partido ante Millonarios de Colombia, hubo muchas preguntas flotando en el ambiente. Y que la paz sea duradera dependerá, básicamente, del tipo de respuestas que reciban los jefes.



