
La salida de Xabi Alonso del Real Madrid estuvo precedida por una serie de conflictos internos y divisiones en el vestuario, que alcanzaron su punto crítico con una explosión de hartazgo en un entrenamiento en Valdebebas. En ese momento, según Marca, el técnico exclamó ante la falta de disciplina de sus jugadores: “¡No sabía que venía a entrenar a una guardería!”. Este episodio, lejos de ser un mero arrebato, expuso el agotamiento de Alonso con la actitud del equipo y marcó el principio del fin de su etapa al frente del club.
La desconexión entre Alonso y la plantilla había comenzado a gestarse desde noviembre, según coinciden Marca y The Guardian. El entrenador, convencido de la necesidad de máxima exigencia táctica, se encontró con una resistencia creciente: malas caras, falta de compromiso y una actitud poco receptiva dominaron el ambiente. A medida que pasaban las semanas, este deterioro se hizo irreversible, consolidándose una fisura interna que ya no tenía marcha atrás, sobre todo con la diferencia de estilos con Carlo Ancelotti, reconocido por su “gestión de egos” en un grupo repleto de estrellas.
El personal de apoyo de Alonso, en especial Sebas Parrilla, fue señalado por la plantilla por su tendencia a sobrecargar los entrenamientos con instrucciones constantes. Los futbolistas manifestaron su molestia por el exceso de trabajo táctico y la gran cantidad de información transmitida en cada jornada. Estas dinámicas generaron una presión añadida sobre los jugadores, deteriorando aún más la convivencia diaria y dificultando cualquier intento de acercamiento.
En medio de este clima tenso, el nombre de Álvaro Arbeloa comenzó a mencionarse con mayor frecuencia en el vestuario y en las altas esferas del club. Como entrenador del Castilla, el ex defensor tenía presencia habitual en los entrenamientos del primer equipo, lo que le permitió posicionarse como una alternativa real ante el descontento generalizado. Parte de los jugadores e incluso algunos directivos vieron en él un perfil más conciliador, capaz de restablecer la cohesión interna. Más parecido al del citado Ancelotti, quien hoy está al frente de la selección de Brasil.
La crisis de resultados agudizó la situación interna. The Guardian destaca la derrota ante el París Saint-Germain como un punto de inflexión, mostrando las grietas en el proyecto de Alonso. Entre los episodios que alimentaron el conflicto estuvo la sustitución de Vinícius Júnior en el clásico ante el Barcelona de octubre, cuando el jugador abandonó el campo enfadado, manifestando su deseo de dejar el equipo. Su contrato vence en 2027, sus berrinches provocaron los silbidos del público en los últimos dos duelos en el Bernabéu y los rumores de una salida al Chelsea se acrecentaron. Alonso sostuvo tras ese choque: “Muchas de las cosas que queríamos hacer han sucedido”, pero en el fondo la realidad del vestuario era muy distinta.
El malestar aumentó con las quejas públicas de Fede Valverde por su posición como lateral y las filtraciones relativas al exceso de instrucciones y largas sesiones de entrenamiento. Según The Guardian, la directiva y el cuerpo técnico intentaron recomponer relaciones mediante reuniones y viajes, como en Atenas y Bilbao. Sin embargo, los momentos de reconciliación fueron breves. Un abrazo de Vinícius a Alonso, tras ganar en Bilbao, dio una imagen pasajera de mejora, pero la derrota posterior ante el Celta Vigo volvió a poner en duda la continuidad del entrenador.
En los momentos de mayor crisis, la directiva mantuvo una postura distante con el orientador que brilló en el Bayer Leverkusen. El club no respaldó a Alonso públicamente ni criticó el comportamiento de Vinícius, optando en cambio por reprocharle al técnico la decisión de sustituir al brasileño. Tras la salida del técnico, hasta siete jugadores, entre ellos Vinícius, guardaron silencio en redes sociales, reflejando el alcance de la fractura.
La tensión directiva alcanzó su punto máximo después de la derrota ante el Celta. Los rumores de despedida se multiplicaron y, tres días después, el tropiezo frente al Manchester City, a pesar de un breve gesto positivo como el abrazo de Rodrygo a su entrenador, selló el destino de Alonso. Pep Guardiola, consultado por la situación, aconsejó a Alonso “hacer las cosas a su manera”. Tal vez, olfateó que las hacía solo como podía…

El ciclo concluyó en la Supercopa de España en Yeda, tras un partido ante el Barcelona que, a pesar de la entrega, confirmó el final de la etapa de Alonso. Su promesa de renovación para el club se apagó entre decepciones y un vestuario distanciado, mientras el consenso en torno a Álvaro Arbeloa crecía como alternativa inmediata.
Presentado como un técnico de sistemas capaz de transformar el Real Madrid, Alonso no logró conectar con el vestuario ni satisfacer las demandas de la directiva. Sin refuerzos clave para el mediocampo (como Martín Zubimendi), tuvo que improvisar con los recursos disponibles y apuestas, como Franco Mastantuono, quien comenzó bien y una lesión lo fue alejando de la consideración. Pero el mayor problema es que no logró convencer a las figuras de que su plan era el indicado. Y se quedó gritando en el entrenamiento, como si en lugar de gestionar un plantel de figuras, comandara “una guardería”.



