Comienzan hoy las sesiones extraordinarias, con la reforma laboral como el gran objetivo del Gobierno

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Parte del bloque libertario, que comanda Patricia Bullrich, junto a senadores dialoguistas durante la sesión extraordinaria del 26 de diciembre pasado (Fotos: Jaime Olivos)

Tras un fin de año y un receso estival mucho más tranquilo que el imaginado meses atrás, el Congreso comienza hoy con las sesiones extraordinarias convocadas por Javier Milei. El llamado durará hasta el viernes 27 de febrero —el domingo 1 de marzo, el primer mandatario inaugurará un nuevo período ordinario— y el Gobierno libertario depositó su mayor energía, ya desde diciembre último, en un proyecto con horas definitorias en el Senado: la reforma laboral.

La jefa de La Libertad Avanza (LLA) en la Cámara alta, Patricia Bullrich (Capital Federal), consiguió un dictamen de mayoría y no logró llevarlo al recinto ante picardías desde Balcarce 50 en el Presupuesto 2026, que sí logró sancionarse antes que terminase 2025. Fue el primer plan de gastos al que el Congreso le dio luz verde. El texto relacionado con el mundo del trabajo fue un alivio para la mayoría de legisladores que aportan votos a una Casa Rosada aún en minoría.

Con el despacho habilitado —aunque sin tratamiento por el pleno— Bullrich lanzó, como fecha tentativa de sesión, el miércoles 11 de febrero. Durante el mes pasado, la asesora y abogada Josefina Tajes recopiló todas las observaciones de la oposición “dialoguista” y, el miércoles último, oficialismo y potenciales aliados se reunieron más de dos horas para pulir la iniciativa. No hubo grandes avances, pero una situación quedó más que clara de cara a la cumbre de las 15 de mañana, en el bloque radical: el pliego con las modificaciones está en manos del ministro de Economía, Luis Caputo.

Entre las tácticas del Gobierno para desviar la atención y el -llamativo- silencio de varios senadores, la disputa por la ley laboral empezó a caminar sobre la delgada línea de lo posible y probable, aunque las ventanas por donde suele meterse el diablo también se abrieron. Y, con LLA que quiso avanzar en diciembre y no pudo, la fecha de sesión -informal, por ahora- y un segundo intento para la semana próxima elevan la temperatura de la Cámara alta. Todo esto, con un kirchnerismo casi en silencio. Es decir: todo dependerá, en gran parte, de cómo se mueva la Casa Rosada. Y, en estas áreas, todo es complejo.

El presidente del bloque PRO en la Cámara alta, Martín Goerling

Con el foco en mandatarios provinciales, la resistencia principal apunta a la inevitable caída en la Coparticipación. Los distritos olvidan recordar que quien más perderá, en este sentido, será la Nación. También es cierto que, al tener los resortes del Estado, dicho hueco sería cubierto de manera ágil. No es lo mismo en el caso del interior. No obstante, ya se cumplieron dos años de un ajuste severo y, sin dudar, un aditivo que tensa la convivencia con senadores no tan interesados en la ideología, bronce o trascendencia eterna, sino en el día a día. Debajo de ellos aparecen los “busca”, que nunca faltan y aprovechan cada ocasión para arañar al Ejecutivo de turno.

Bullrich cuenta con un interbloque de 21 soldados. Para el quórum y activar el recinto, se precisan 37. Bajo estos parámetros, el oficialismo está obligado a ir a pescar en los diez de la UCR -comanda el correntino Eduardo Vischi-, el PRO -tres adhesiones para nada menores, que maneja el misionero Martín Goerling- y silvestres provinciales que no siempre responden a poderes locales. Una fuerza del interior ya dio un guiño y se comprometió a acompañar. Sin embargo, el centenario partido y otros “sueltos” son quienes inclinarán la balanza.

Otro proyecto con dictamen listo en la Cámara alta y que interesa a varios gobernadores —poco y nada se habló en las últimas semanas— es el que aplica modificaciones varias en la Ley de Glaciares, con dos lados de la biblioteca muy distanciados y millonarias inversiones en juego. También se encuentran en el temario, entre otros ítems, el acuerdo Mercosur-Unión Europea y el pliego, como embajador político, de Fernando Iglesias. Las últimas dos cuestiones implican armado de comisiones, un territorio siempre áspero, con oficialistas y aliados que se matan por estar y “ser parte”. Ni hablar de presidir. Lo que pase luego será anecdótico. Bajo esa realidad y la integración descrita, enfrentará Milei un nuevo período de sesiones extraordinarias.

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