El discurso del oficialismo, dañado por cuenta propia y con prueba económica en continuado

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Manuel Adorni, en el consulado argentina, al final de la actividad en Nueva York

Las redes sociales -y en especial X- terminaron de convencer al Gobierno de la necesidad de enfrentar públicamente aquello que había intentado bajar a la categoría de “no tema”: la inclusión de la esposa de Manuel Adorni en el vuelo oficial a Nueva York. El hecho en sí mismo fue potenciado además por la frase que el jefe de Gabinete eligió y luego consideró desafortunada para calificar su papel en este viaje: “La palabra no debió ser deslomarse”, dijo. En las filas violetas reinó el malestar por la repercusión creciente. Pero el enojo apuntó a los medios, un ejercicio repetido como reflejo básico, aunque en rigor impactaba el efecto negativo en el terreno que consideraban propio.

El hecho, como cuestión de fondo y por el oleaje, terminó de correr el foco de la Argentina Week que, de arranque, Javier Milei había girado hacia el frente local con una nueva carga sobre el empresariado industrial. Finalmente, el remate de la movida neoyorquina quedó a cargo de Luis Caputo. Con todo, el ministro debió lidiar con el último IPC y, en ese terreno, orillar la contradicción entre dar por superado el “pasado” político -como atracción para inversionistas – y atribuir la persistencia inflacionaria a un “ataque” también político que remitió a la etapa electoral, seis meses atrás.

El impacto del episodio Adorni en el círculo de Olivos puede ser medido por las reacciones. Primero fue un intento de minimizarlo -aquello del “no tema”- después y en la misma línea sobrevino en las redes la reducción forzada a una cuestión de costo -retomada por el Presidente- y por último, una alineada salida de funcionarios en respaldo del jefe de Gabinete. Eso mismo expuso la magnitud del problema para el Gobierno, al menos en el análisis de posibles consecuencias y control de daños.

El “apoyo incondicional” a Adorni mostró en primera línea al Presidente y a Karina Milei, un dato en sí mismo por su espacio de poder ampliado y porque no abunda en mensajes públicos. Después siguieron los ministros. Pero la cuestión no fue agotada por la respuesta orgánica de los integrantes del Gobierno. Eso pareció además un nuevo gesto en clima de interna, alterada por otro capítulo con los mismos protagonistas.

Hacia afuera, la actividad en las redes apuntó básicamente a calificar el hecho del viaje como un dato menor. La línea argumental fue casi única: insistir con que no hubo costo adicional por la inclusión de la esposa del funcionario como pasajera. Milei incluso hizo una referencia al concepto de “costo marginal”. En rigor, algo inaplicable para el caso. Y sobre todo, porque el problema grave no sería el costo -por lo demás, con más o menos pasajeros, se utilizan recursos estatales- sino el hecho de traspasar límites entre las tareas que impone el cargo y el aprovechamiento personal.

Las críticas más ácidas apuntaron a asimilar el hecho con la condición de “casta”. Los cuestionamientos resultaron patéticos cuando surgieron de filas kirchneristas y eso mismo fue explotado en las réplicas de tuiteros violetas. Está claro que el ruido no invalida el señalamiento de fondo.

La inquietud en filas oficialistas no es provocada sólo por el costo que podría tener en lo inmediato, sino también por la especulación sobre sus estribaciones de más largo plazo. Adorni expresa sin vueltas el juego de Karina Milei y figura en las hipótesis para el 2027 como posible candidato porteño. Ese lugar como “karinista” alimentó sospechas sobre la utilización doméstica del episodio. Y más aún, cuando creció el tema del viaje privado del funcionario y su familia a Punta del Este. La circulación de un video sobre la partida en el aeropuerto de San Fernando le agregó un ingrediente mayor y reavivó la tensión con Santiago Caputo.

Luis Caputo, en la Argentina Week

En conjunto, un daño con motor propio y fuera de cálculo. En una semana imaginada con dominio de la Argentina Week y la actividad de Milei lejos de Buenos Aires -estuvo en el recambio presidencial de Chile y este sábado será orador en Madrid-, la agenda también anotaba la difusión del IPC de febrero. El dato de la inflación estuvo algo por encima de algunas estimaciones y resultó igual al de enero: 2,9%. Una cifra preocupante en sí misma, también por los desagregados y la lectura más amplia.

El registro del Indec indica que ya son nueve los meses sin retroceso del promedio de inflación. Con un agregado: desde septiembre se mantiene por encima de los 2 puntos porcentuales. En las cifras por rubro, se destacan dos por encima de la marca general: viviendas y servicios (tarifas) con 6,8% y alimentos y bebidas con 3,3%. Las estadísticas, por supuesto, tienen traducción social, y política. En la mayoría de las encuestas, el capítulo de preocupaciones sociales expone a la cabeza temas relacionados con la situación económica: especialmente, inflación y empleo.

El ministro Caputo habló a la vuelta de Estados Unidos sobre el resultado de los días dedicados a la búsqueda de inversiones. Y eso naturalmente se mezcló en una entrevista con el dato oficial de la inflación de febrero. Así, se cruzaron en el discurso su énfasis en describir un escenario optimista para atraer inversiones y la descarga de responsabilidades fuera de la gestión para explicar la tendencia inflacionaria.

El jefe de Economía destacó la actividad en Nueva York y calificó como “fenomenal” el clima de inversiones para el país. En esa línea, por supuesto, no cabrían referencias negativas sobre riesgos políticos. “El pasado quedó atrás”, dijo, en obvia referencia al kirchnerismo. En cambio, según su exposición, los índices preocupantes de inflación serían consecuencia de factores políticos de arrastre.

Lo expuso de este modo: se trataría de estribaciones del “ataque político” del año pasado, más precisamente de la etapa electoral. En otras palabras, apuntó al clima de derrota de LLA en las elecciones bonaerenses de principios de septiembre. Pasaron desde entonces seis meses. Y en ese lapso, se sucedieron el éxito violeta de octubre y la sanción de los principales proyectos impulsados por el Gobierno en sesiones extraordinarias, como resultado de acuerdos políticos.

El discurso es parte del juego, no necesariamente reflejo de la realidad.

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