
Axel Kicillof está en movimiento. Permanente. Tiene un objetivo claro: llevar adelante la gestión bonaerense por dos años más y, en paralelo, construir su candidatura presidencial para el 2027. Por eso no para, por eso está activo, sin prisa, sin pausa, pero con una fuerte convicción de edificar un liderazgo en el complejo mundo peronista.
El Gobernador inició el fin de semana una recorrida por los destinos turísticos de la provincia de Buenos Aires. Los primeros fueron en la costa Atlántica, pero también viajará a otras ciudades que reciben gente durante el verano. Ayer inauguró la apertura formal del programa Escuelas Abiertas en Verano 2026, en General Alvarado.
“Sin la presencia tan fuerte de las distintas políticas públicas provinciales para apuntalar el turismo y la actividad sería imposible ver una temporada como la que estamos viviendo en toda la provincia de Buenos Aires”, sostuvo el mandatario durante el acto formal que encabezó. Un mensaje claro para diferenciarse de Javier Milei y su apología por destruir el Estado, al que considera ineficiente e innecesario.
Esta temporada de verano tiene un condimento nuevo para Kicillof y su esquema político. Sus movimientos son en clave electoral. Está haciendo lo que hace cada enero, pero esta vez la lectura política de sus pasos es otra. Sobre todo desde el 22 de diciembre, día en que lanzó su candidatura en forma encubierta y habilitó, en términos formales, a sus dirigentes para que construyan el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en todo el país.

El mandatario bonaerense es el único nombre propio del peronismo que, a un año y medio de las elecciones presidenciales, se está moviendo con el objetivo de ser candidato entre ceja y ceja. Pero, sobre todo, avanza en el diseño de un bloque anti Milei que se rompa las fronteras de la provincia y empiece a ver la luz o, en el mejor de los casos, a anudarse con otros sectores de la oposición, en distintos lugares del interior.
No hay ningún otro nombre dentro del peronismo con tanta actividad en su agenda política como el economista. Ni ninguno que, a esta altura del calendario, haya dado indicios contundentes de querer ser quien represente a la oposición en el 2027, cuando Milei juegue todas sus fichas a una renovación de su mandato.
Los otros dos nombres que sonaron fuerte en Fuerza Patria durante el final de año pasado fueron los de los ex gobernadores Sergio Uñac y Gerardo Zamora, ambos convertidos en senadores nacionales. De los dos, el único que le hizo un guiño a la discusión que se aproxima en el peronismo fue el ex mandatario de San Juan.
Primero, durante una entrevista con Infobae, aseguró que va a “recorrer el país” y que apuesta a dar “un paso más” en el 2027. Además, en una señal clara de su objetivo a corto plazo, sostuvo que “la próxima fórmula presidencial el PJ debería tener un componente del interior”.

De fondo, hay una idea que es compartida con muchos dirigentes de las provincias, que reclaman un quiebre en la construcción electoral ambacentrista, y piden que, ahora sin Cristina Kirchner al mando de la estrategia, el peronismo nacional pose sus ojos sobre las agendas y los perfiles del interior del país.
Uñac se reunió el 11 de diciembre con el gobernador de Neuquén, Rolo Figueroa, en lo que buscó ser una actividad para levantar el perfil y escribir una gestualidad que pueda ser leída en el interior del peronismo antes del comienzo del nuevo año. El problema para el sanjuanino es que corre de atrás respecto a la presencia permanente que tiene Kicillof en la agenda política y mediática.
En los próximos días, Uñac comenzará a armar su plan de acción para empezar a moverse, con más determinación, con la intención de construir un liderazgo más voluminoso y fuerte dentro del peronismo. Haciendo base en el interior del país y en su perfil de peronista clásico, de buena relación con el kirchnerismo, pero con otras formas de entender cómo se construye poder y cómo se gestiona.
El santiagueño Zamora entra en las cuentas especulativas de todo el peronismo. En el final del año pasado se sintió utilizado por un sector del cristinismo porque cree que levantó su nombre con el fin de ponerle un freno al crecimiento de Kicillof. El actual senador le tiene un gran respeto a Cristina Kirchner, pero no comulga con muchas formas que tiene enquistado el cristinismo en su accionar.
“Son las circunstancias y el hombre. El momento y el contexto”, le dijo el ex gobernador a un colega senador con el que comparte el bloque y con el que habló sobre los rumores que lo ubican en la línea de largada de la candidatura presidencial. No se baja ni se sube. Camina con el libro de la lógica bajo el brazo.
Kicillof es la contracara de los dos dirigentes del interior. Acelera a fondo, tiene la posibilidad de pararse sobre su gestión en Buenos Aires para mostrarse activo y ser uno de los nombres más visibles de la oposición a Milei. Es el que más pone en juego, aunque en su entorno hace tiempo que advierten sobre la posibilidad de que deje pasar la oportunidad si el contexto no es el indicado.
Además de ellos tres no hay otros nombres que se perfilen para forjar una candidatura nacional. Pero falta mucho tiempo. Demasiado para la compleja vida interna que tiene el peronismo y sus integrantes.



