Las Vegas ha dejado de ser únicamente la “ciudad del pecado” para transformarse en el epicentro de una revolución mecánica que parece extraída directamente de la ciencia ficción. En el marco de la feria CES 2026, la emblemática Arena BattleBots se convirtió en un coliseo de alta tecnología donde los expositores tradicionales cedieron su lugar a un espectáculo sin precedentes: la Ultimate Fighting Robot (UFB).
La liga UFB, presentada como la primera liga de peleas de robots en tiempo real del mundo, busca redefinir el concepto de deporte de combate. Fundada por el matrimonio de emprendedores Vitaly y Xenia Bulatov, esta competencia apuesta no solo por la potencia del metal y los cables, sino por las “historias humanas” detrás de los pilotos que operan a estos guerreros mecánicos desde las sombras. Según Bulatov, este es el “deporte definitivo” de la era digital, llegando a afirmar que es superior a las artes marciales mixtas convencionales.
En el cuadrilátero, la acción fue protagonizada por robots humanoides de la estatura de un chico que intercambiaron trompadas y patadas ante una audiencia asombrada. A diferencia de las competencias de robots tradicionales con sierras y ruedas, estos combatientes se movían con una curiosa mezcla de fragilidad y potencia, supervisados por un árbitro humano que se dirigía a las máquinas como si fueran luchadores de carne y hueso.
La verdadera innovación reside en la tecnología de control. Los pilotos no utilizan mandos convencionales; en su lugar, emplean una sofisticada combinación de cámaras de alta resolución y sensores de movimiento similares a los de Nintendo. Este sistema permite que los movimientos del piloto —golpes, fintas y agarres— sean replicados de manera casi idéntica por el robot en el ring. Aunque en ocasiones los robots parecen “boxeadores ciegos”, provocando risas por sus fallos de cálculo, los golpes que logran conectar generan una lluvia de aplausos entre los asistentes.
El formato de la pelea sigue reglas familiares: los combates suelen durar tres rondas de 90 segundos. El sistema de puntuación recompensa la agresividad y el control; una victoria por caída (knockdown) otorga dos puntos, mientras que ganar por conteo de golpes otorga uno.
Más allá del entretenimiento, que asistentes como Esteban Pérez comparan con la película Real Steel (Gigantes de acero, de 2011, protagonizada por Hugh Jackman), la UFB funciona como un laboratorio tecnológico. Cada combate genera datos masivos sobre equilibrio y movimiento en entornos dinámicos, información vital para el desarrollo de futuros robots asistenciales. Figuras de la industria, como Yael Rosenblaum, de Boston Dynamics, asistieron para analizar cómo estas máquinas responden bajo presión.
Ya hacen kickboxing
La UFB es la última de una creciente movida para usar peleas de robots como divertimento: en mayo de este año se hizo en China el primer torneo de kickboxing protagonizado por robots humanoides. El torneo CMG World Robot Championship – Serie Mech-Fighting Arena consistió en cuatro robots G1, desarrollados por la empresa Unitree, quienes compitieron en un ring utilizando algoritmos de control de movimiento y estructuras biónicas diseñadas para responder en milisegundos a las órdenes de sus operadores.
Los robots G1 de Unitree que compitieron en el torneo miden 1,3 metros y pesan 35 kilos. Sus articulaciones pueden ejercer una fuerza de torsión de hasta 120 newton-metro, lo que indica la fuerza de giro que pueden aplicar partes del robot, como una rodilla y que son cruciales para que puedan ejecutar los movimientos complejos que requiere un combate.



