Semanas atrás, un hombre y su granja fueron allanados en Maquinista Savio. Allí, el acusado alquilaba una casa quinta de grandes dimensiones.
Nacido en Uruguay, de 55 años de edad, Marcelo D. tiene una trayectoria en la televisión y en la publicidad como director de episodios de conocidas series. En el país, montó dos productoras durante la década pasada, dedicadas a filmar comerciales, con piezas que resultaron premiadas en festival del exterior, según un sitio especializado. A Marcelo, también, le interesan las cosas que crecen. Cursó una licenciatura en biología, según reveló él mismo en un reportaje.

Con el curso de los años, el hombre se apasionó por los hongos. Así, como tantos otros entusiastas en Argentina, montó un notable cultivo en la casa de Maquinista Savio, con dos invernaderos y una sala especial de preparación, con bloques de crecimiento, jeringas con esporas para germinación. El nivel de organización era notable: Marcelo había creado hileras e hileras de producción. Todo, hasta que una vecina lo denunció ante las autoridades “por el olor”, asegura una fuente cercana al caso.
Entonces, tras una jornada de reconocimiento y vigilancia, llegó la redada para Marcelo D. y su granja.

El jueves 6 de agosto último, la Policía Federal Argentina se presentó en la casa quinta por órden del magistrado Adrián González Charvay, titular del Juzgado Federal N°1 de Campana, con jurisdicción en la zona.
Los policías irrumpieron en los diversos ambientes de Marcelo. Le incautaron 36 bloques de cultivo repartidos en sus dos invernaderos, sistemas de bombeo, sus jeringas con esporas, hongos ya perfectamente formados y cosechados. Luego, se llevaron su computadora Mac y su iPhone 13, del que se negó a entregar la clave de desbloqueo.
Otros expertos de la PFA y personal del SENASA, entre ellos un ingeniero agrónomo, se presentaron en el allanamiento de cara al hallazgo. El director uruguayo, para empezar, no estaba registrado en el SENASA.
La duda era obvia: ¿esos hongos eran para un omelette, una salsa para pastas, tal vez algún propósito medicinal, o eran para drogarse? Marcelo D. terminó en una celda policial ese día. No lo acusaron de curiosidad gastronómica, sino de una posible violación a la Ley de Drogas.

Un perito en el lugar aseguró que algunos de los hongos encontados tendrían similitudes con la familia del psilocibe, una de las especies alucinógenas más comunes en el negocio dealer y entre los entusiasmas del chamanismo chic de la Argentina. El hongo psilocibe, en Argentina, está castigado por el decreto que enumera las sustancias a las que apunta la Ley de Drogas.
Así, la PFA secuestró todo el material en el lugar. Marcelo terminó ese día en una celda policial. Mientras tanto, los hongos ya cosechados enfrentarían una pericia para determinar, básicamente, si eran droga o no.
Entre los materiales incautados se encontró un libro que resultaría un poco premonitorio, de cara al corto plazo. Se llamaba “Growing Gourmet and Medicinal Mushrooms”, de Paul Stamets, un reconocido manual sobre cultivar hongos, bueno, tanto gourmet como medicinales.

Un día más tarde, luego de su indagatoria, Marcelo D. salió de su celda. El juez González Charvay le había dictado la falta de mérito y su inmediata libertad. Una pericia realizada por una fuerza de seguridad federal determinó que los hongos de la casaquinta de Maquinista Savio, en principio, no eran droga.
El caso que sí
El episodio de Maquinista Savio es un choque de lleno entre la Justicia, la buchonería vecinal y la creciente cultura de los hongos en Argentina, visible en Instagram, donde diversas cuentas promueven suplementos bajo el discurso del bienestar psicofísico en base a especies como la melena de león, que el director de series, por ejemplo, cultivaba. En uno de sus invernaderos también se hallaron ejemplares idénticos a los shimeji, muy apreciados en la cocina asiática y un poco parecidos a los psilocibe a simple vista para los no-entusiastas en la materia.
En los registros judiciales de la historia reciente existe un caso de cultivo de hongos psicodélicos a gran escala. Se trata del granjero detenido en mayo de 2016, más de diez años atrás, en una causa a cargo del juez Daniel Rafecas. Se dedicaba a producir, efectivamente, psilocibe en el garaje de su madre en Castelar.

A este granjero, hoy un hombre libre, la PFA le encontró medio kilo de hongos listos para vender y 106 esporas listas para producirlos, en el marco de la memorable Operación Kambo, hasta aquel entonces la mayor incautación de psicodélicos naturales de la historia argentina, llamada así por la secreción de la rana mono amazónica, usada en terapias alternativas, que le encontraron a uno de los detenidos y que no tiene ningún efecto narcótico.
Presentados como una banda, en rigor, estos detenidos no tenían mucha más relación entre ellos que algunas conversaciones del mundo hippie y de la música electrónica. El granjero le concedió una entrevista a Infobae en aquel entonces, representado por el abogado Joe Stefanuolo, procesado sin prisión preventiva. “Bueno, no creo que sea el mayor productor de hongos del país. Pero muchos otros no conozco.Le enseñé a más de treinta personas a cultivar; solo una lo hace hoy”, aseveró.
Al final, la Justicia no pudo probar el comercio de drogas en el caso de la Operación Kambo. El granjero aceptó una pena de tres años en suspenso por tenencia simple en el Tribunal Federal N°3.



