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A 80 años del nacimiento de Horacio Fontova: de hippie con guitarra en Villa Gesell a referente del espectáculo argentino

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Horacio Fontova en

Era de esa generación hippie que soñaba con cambiar el mundo. Que se rebelaba contra todo lo establecido. Que quería ser libre para poder crear y amar. Y, aunque tras su paso por esta vida el mundo siguió siendo igual de injusto que antes, nunca claudicó en su pensamiento. Ni siquiera, cuando conoció las mieles del éxito y bastaba con decir su nombre para que el público esbozara una sonrisa: Horacio Fontova.

Había nacido el 30 de octubre de 1946, hace exactamente 80 años, en el seno de una familia de artistas. Su padre, con el que durante su juventud estuvo distanciado por diferencias ideológicas, era el cantante lírico Horacio González Alisedo, por entonces director del Teatro Argentino de La Plata. Su madre, en tanto, era la pianista María Fontova, hija del violinista León Fontova y nieta del actor y dramaturgo catalán Lleó Fontova. Así que todo indicaba que terminaría arriba de un escenario, tocando o actuando. Sin embargo, la primera pasión de Horacio fue la pintura y, después sí, la música y la actuación.

Estudió en el colegio Carlos Pellegrini. Y, como muchos de los chicos de su generación, se crio en la calle. En su caso, más precisamente, en la Plaza Lavalle, donde solía pasar la mayor parte del tiempo con sus amigos. Cuando cumplió los 18 años, no obstante, tuvo que cumplir con el servicio militar obligatorio. Sin embargo, ni “la colimba” pudo doblegar su sueño de libertad. Y la segunda mitad de la década del 60 lo encontró convertido en un verdadero hippie. ¡Con rastas y todo!

Por eso, cuando en 1970 Alejandro Romay y Daniel Tinayre decidieron aceptar la propuesta de Rubén Elena para traer Hair a la Argentina, obra de Gerome Ragni y James Rado que había sido un éxito en Estados Unidos, Fontova tuvo sin proponérselo su gran oportunidad. Es que una de las condiciones para poder llevar adelante el proyecto en este país era que todo su elenco representara realmente al movimiento hippie. Y Horacio se encontraba tocando su guitarra a cambio de comida en un boliche de poca monta de Villa Gesell, cuando los productores que estaban haciendo el casting lo vieron y no dudaron en ofrecerle un papel.

Fontova en su juventud

A partir de ese momento, su carrera fue creciendo gracias a una mezcla de talento y buena suerte. Se codeó por azar con personajes como Miguel Abuelo, Rubén Rada y Tanguito, entre otros. Y fue convocado para integrar el elenco de Jesucristo Superstar, en cuyos ensayos conoció al Padre Mujica, pero nunca pudo debutar con la obra ya que el 2 de mayo de 1973, la noche previa al estreno, un grupo comando de siete personas autodenominado Movimiento Nacional Argentino (integrado por fanáticos religiosos) arrojó 25 bombas molotov en el Teatro Argentino de Buenos Aires que quedó destruido por completo.

Pero la varita mágica lo tocó una vez más el 22 de diciembre de 1979, cuando la banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota tenía que presentarse en el teatro Margarita Xirgu y el Indio Solari nunca llegó al lugar. Guillermo Beilinson, hermano de Skay, miró a Fontova que había hecho de telonero junto a La Foca y le ordenó que subiera al escenario a reemplazarlo. Ese momento quedó grabado en su corazón para siempre. Y, desde entonces, supo que lo que quería era hacer música.

Patada de Mosca, Dúo Nagual y trío Expreso Zambomba fueron algunas de las bandas latinoamericanas por las que pasó. Y en las que se destacó. Tanto, que las siguientes llevaron su nombre: Fontova Trío, Fontova y sus Sobrinos, Fontova y los Tíos, Fontovarios. Lo suyo era inclasificable: mezclaba distintos géneros, desde el rock hasta la salsa, y a todos les agregaba su cuota de humor. Los años 80 lo encontraron girando por todo el país. Y sus discos empezaron a venderse como pan caliente.

Para entonces, además, conoció a Claudia Fontán. Ella tenía 19 años y él, 35, cuando en 1986 se la encontró en Villa Gesell, adonde había ido de vacaciones, y desplegó todas sus armas hasta lograr seducirla. Fontova fue el que le puso el apodo de “La Gunda”, con el que se conoce a la actriz hasta el día de hoy, por un cartel que había en una casa de fotos de esa localidad. Y comenzó con ella una relación que se extendió durante más de una década. ¿Qué más podía anhelar?

Horacio junto a Jorge Guinzburg

Fue entonces cuando Jorge Guinzburg lo convenció de hacer televisión. Al principio dudó, sentía que no era lo suyo. Que le servía solo como para ir a tocar como invitado en algún que otro programa y nada más. Pero en 1988 se sumó a Peor es nada. Y allí surgió uno de sus más recordados personajes, Sonia Braguetti, que había creado inspirado en los hombres no trans que se vestían de mujer solo para estar en las comparsas del barrio. Además del adivino Tobul y el argentino Juan Pérez, que soñaba con vivir en el primer mundo. El programa, finalmente, fue un furor.

En 1994, Fontova decidió terminar con la dupla para retomar su camino en la música. Cuatro años más tarde volvió a la pantalla chica con un proyecto propio, Delicatessen, donde volvió a apostar al humor junto a Diego Capusotto y Fabio Alberti. Pero después regresó a las giras, que era lo que más le gustaba. Y, salvo alguna participación esporádica en cine o televisión, se dedicó a tocar y a cantar por los distintos rincones del país.

Para entonces, ya separado de su primera mujer, Horacio conoció a Gabriela Martínez Campos, una muchacha dos décadas más joven que él. Ella estaba en un bar charlando con una amiga, cuando él decidió sumarse a la conversación. Y, desde entonces, nunca más se separaron. De hecho, la mujer se convirtió en su mánager y lo acompañó hasta su muerte, el 20 de abril del 2020, durante la cuarentena por la pandemia de COVID-19. El artista tenía 73 años y estaba internado en el Sanatorio Finochietto de la ciudad de Buenos Aires, luchando contra un cáncer.

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