Cómo es el salar más largo del mundo que se encuentra en la Puna y sorprende por su belleza

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El Salar de Antofalla, considerado el salar más largo del mundo, se extiende por 160 kilómetros en la Puna de Atacama, Catamarca (Captura/YouTube)

En el corazón de la Puna de Atacama, en la provincia de Catamarca, se encuentra el Salar de Antofalla, reconocido por especialistas como el salar más largo del mundo. Este paisaje natural, con 160 kilómetros de extensión, un ancho que no supera los 12 kilómetros, 500 km² (50.000 hectáreas) de superficie y una altitud promedio de 3.900 metros sobre el nivel del mar, constituye una de las zonas geográficas menos exploradas de Sudamérica.

Ubicado en el departamento Antofagasta de la Sierra, presenta una silueta angosta que contrasta con los colores de la cordillera y los conos volcánicos de su entorno. Según datos del Servicio Geológico Minero Argentino —institución estatal de investigación geológica—, estas dimensiones explican la descripción de “cicatriz blanca” utilizada para referirse al salar.

En torno al salar se encuentra el volcán Antofalla y una sucesión de cumbres que conforman el macizo. El clima seco y la escasez de cursos de agua favorecieron la formación de salares a lo largo del tiempo. De acuerdo con la Universidad Nacional de Catamarca, la zona recibe precipitaciones anuales inferiores a los 100 milímetros, lo que explica la aridez del paisaje.

El Salar de Antofalla es un ejemplo de dinámica geológica puneña. Su formación se debe al drenaje interno de la región, que concentra aguas ricas en minerales y deja depósitos de sal al evaporarse.

Además, el área ha suscitado interés económico creciente, dado que, según informes del Ministerio de Minería de Argentina, “el salar integra el conjunto de salares puneños con salmueras portadoras de litio y potasio, recursos clave para las industrias tecnológicas y energéticas”.

El paisaje muestra un contraste único de colores, con el blanco de la sal frente a los conos volcánicos del entorno (Captura/YouTube)

Condiciones de acceso y clima

La ubicación remota del salar, en la zona más aislada de Catamarca, implica un desafío adicional para quienes desean conocerlo. Los caminos de acceso atraviesan la Puna de Atacama, una región de densidad poblacional muy baja tanto en Argentina como en Sudamérica.

El clima presenta variaciones de temperatura extremas y lluvias escasas, lo que determina tanto el paisaje como las formas de vida locales. El organismo nacional de investigación agropecuaria, Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), detalla: “En invierno las temperaturas pueden descender por debajo de los -10°C, mientras que en verano las temperaturas superan los 30 °C al mediodía”.

La ausencia de cursos de agua permanentes y la altitud dificultan el desarrollo de vegetación, aunque en los márgenes del salar se encuentran especies endémicas y fauna adaptada a la salinidad, como flamencos y pequeños roedores. La variedad de colores —desde el blanco de la sal hasta el negro de los conos volcánicos— caracteriza el sitio.

Historia y uso ancestral

El Salar de Antofalla también es relevante por su historia humana. Investigaciones del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), principal organismo estatal de ciencia en Argentina, han documentado la presencia de comunidades indígenas en la zona desde hace más de mil años. Estas comunidades se valieron de los recursos minerales y el agua de las lagunas para subsistir.

Durante siglos, los pobladores originarios establecieron sistemas de intercambio y rutas que conectaban la Puna de Atacama con los valles bajos. Litio, bórax y sal fueron recursos estratégicos en la historia regional.

El arqueólogo Martín Donato, especialista en culturas andinas, señala: “Las huellas de la actividad humana están presentes en antiguos corrales, senderos y sitios rituales dispersos en el paisaje”.

En los últimos años, el interés por el litio a escala global llevó a que empresas mineras internacionales iniciaran estudios exploratorios, bajo regulaciones ambientales estrictas y con énfasis en equilibrar el desarrollo económico y la protección del ambiente local.

Las temperaturas extremas y la aridez del clima en el Salar de Antofalla condicionan la vegetación y la vida silvestre local (Captura/YouTube)

Recomendaciones y protección del entorno

El turismo en el Salar de Antofalla está en crecimiento, aunque continúa siendo de bajo impacto por las dificultades de acceso sumadas a las recomendaciones de conservación.

El Ministerio de Cultura, Turismo y Transporte de Catamarca y varias organizaciones ambientales reiteran la importancia de no apartarse de los caminos señalizados, no recolectar minerales ni intervenir en las lagunas, y respetar siempre las indicaciones de las comunidades indígenas.

Las excursiones las organizan guías locales, quienes comparten información sobre la historia, la geología y la biodiversidad del salar.

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