Del llanto de la madre al tenso cruce con Laudelina: lo que no se vio de la audiencia más esperada del juicio por Loan

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A la izquierda, Laudelina Peña. Más alejados, Carlos Pérez junto a Victoria Caillava

Enviado especial a Corrientes.—Este martes se vivió una de las audiencias más esperadas desde el inicio del juicio por la desaparición de Loan Danilo Peña. José Peña, María Noguera y Mariano Peña, los padres y el hermano mayor del niño, declararon por primera vez ante el Tribunal Oral Federal de Corrientes y quedaron frente a frente con los familiares imputados por el caso. De la entereza del padre al desgarrador testimonio de la madre y el silencio de Laudelina Peña, tía del nene y una de las principales acusadas: la quinta jornada del debate estuvo cargada de tensión y emoción.

Desde la semana pasada se barajaban distintas medidas para no revictimizar a Los Peña y evitar el cruce con los familiares imputados. Pero eso no pasó. Laudelina; su pareja, Carlos Pérez; y Victoria Caillava, ex funcionaria municipal que estaba en el día del almuerzo, estuvieron presentes y escucharon las tres declaraciones.

Tras su ingreso al Escuadrón 48 de Gendarmería Nacional, Laudelina permaneció en silencio durante toda la mañana. Se mantuvo apartada del resto de los imputados. En su cara había una mirada ausente, perdida. No habló con nadie. En cambio, tanto Pérez como Caillava se sentaron uno al lado del otro, conversaron entre sí y hasta con sus defensas.

Carlos Pérez, el más disperso de los tres familiares imputados, tuvo un cruce con María:

José Peña fue el primero en tomar la palabra, pocos minutos antes de cumplirse las 10 de la mañana. Cuando ingresó, no quiso mirar a su hermana Laudelina, ni al resto de los imputados. Pero no bajó la cabeza. Serio y con firmeza, mantuvo la vista alta y se sentó en el estrado acompañado de una psicóloga que aportó la Dirección General de Acompañamiento, Orientación y Protección a las Víctimas (DOVIC) como contención.

El hombre respondió con serenidad cada una de las preguntas. “Loan es todo para mí. Recordarme de él es una emoción, impacta en todo. Quiero saber la verdad, es mi amor. Me levantaba con él; era mi compañero. Me decía: ‘Papá, yo soy tu compañerito’”, fue lo primero que dijo, al recordar a su hijo. Aseguró que tomaban mate juntos, que le gustaba pasar tiempo con la familia, que era muy unido a sus hermanos. “Era un chico alegre, que solía estar jugando, tocando el acordeón, contento”, agregó ante el presidente del Tribunal, Fermín Cerolini.

En diagonal hacia atrás y para su derecha estaba Laudelina. Seria. No mostró mueca alguna de tristeza al ver la emoción de su hermano cuando recordó a Loan.

El almuerzo del 13 de junio de 2024, donde Loan fue visto por última vez

El relato pasó al recuerdo del almuerzo del 13 de junio de 2024, luego del cual desapareció el chico. José aseguró que ese día su hijo le pidió ir a visitar a la abuela. Hasta ese momento, solo había ido una vez, cuando tenía un año. En orden cronológico, detalló lo que hicieron: comieron y, mientras hacían sobremesa, Loan jugaba en el patio con sus primos y algunos adultos. Luego, salieron a buscar naranjas.

Según su relato, el momento que cambió todo fue cuando Laudelina regresó y le preguntó: “¿No estás con Loan?”. Así supo que su hijo estaba perdido. Sus palabras eran escuchadas con atención por jueces, fiscales, abogados, periodistas y hasta la mayoría de imputados. Menos uno: Carlos Pérez, que miraba para los alrededores y hasta con cierto hastío.

José expresó cómo fueron los primeros momentos de búsqueda, quiénes participaron, a quiénes vio. Fue entonces cuando volvió a referirse a su hermana y a Pérez: “No siento nada (por ellos). Son personas, nada más. Espero que, si ellos saben algo, lo digan. Quiero saber la verdad y nada más”. Y luego volvió a apuntar contra Laudelina: “La vi en todo momento, no me dijo nada. Se alejaba de nosotros; eso me sorprendió. Estaba nerviosa”.

Fermín Ceroleni, el presidente del Tribunal

Tras casi dos horas, terminó su declaración y fue el turno de su pareja, María Noguera. A las 12:25 ingresó, buscando con la mirada a los imputados. Y los encontró, porque ellos tampoco sacaron la vista. Luego, se sentó en el estrado, junto a la psicóloga de DOVIC.

A pesar de su entereza y presencia al llegar, al momento de hablar tuvo cierta dificultad. Comenzó lento, con largas pausas, recordando cómo era la personalidad de su hijo. El ambiente, de inmediato, pasó a ser de tensión. Como si un aire pesado hubiese entrado al recinto. Todos la miraban y escuchaban atentos.

Pasó a contar cómo vivió ella la jornada fatídica del almuerzo. Ya tenía otro color en la voz, era mejor y fluida. Pero, rompió en llanto por primera vez al recordar este momento: el padre se montó al caballo, ella ayudó a Loan y se despidió con un “nos vemos más tarde”. Desde entonces, el recuerdo de todo lo que pasó fue empapado por lágrimas, interrumpido por un hablar quebrado y angustiante.

“Nunca me pasó de no saber nada de mis hijos. Ocho hijos crié. Están todos como siempre. Estamos todos juntos. Al más chiquito no sé qué le pasó, no sé si está vivo. Quiero a mi nene, quiero a mi hijo”, fueron las palabras que generaron otro momento de emoción, llanto y tristeza. Situación que duró pocos minutos, pero que se sintieron largos. Incluso el presidente del Tribunal le ofreció frenar, pero ella decidió continuar.

En ese momento, con la angustia del momento, apuntó directo contra Laudelina y Carlos Pérez: “Si Laudelina está acá, que me diga dónde está Loan, qué pasó y de dónde sacó el botín. Nosotros queremos saber dónde está. Si está vivo o muerto. Yo tengo el presentimiento de que está vivo. Ellos saben con quién está, qué come. Pero nosotros no. Ese es el sufrimiento de la familia, es el dolor, no sabemos nada. Uno de los detenidos lo sabe”.

Por sus palabras, la defensa de los acusados le preguntaron que diga el nombre de quién sospechaba que supiese algo. Y dijo directamente, mientras se limpiaba algunas lágrimas con un pañuelo de papel: “Laudelina y Carlos Pérez deben saber”. De repente, cuando toda la sala creía que el ex navío no estaba prestando atención, le respondió: “Yo no sé nada”. Sin gritar, pero tampoco en voz baja. Con cierta impotencia por la acusación, que lo llevó a actuar de forma impulsiva. El presidente frenó el momento de tensión y pidió silencio en toda la sala.

El Escuadrón 48 de Gendarmería Nacional en Corrientes, donde se desarrolla el juicio

María tomó agua, habló con la psicóloga. Junto valor y agregó: “Vine hasta aquí, estoy de pie. Quiero saber dónde está, que se haga justicia”. Allí, comenzó el llanto más fuerte de María. Desconsolada, buscó refugio en un mimo de la psicóloga. Gritaba por su hijo, su aparición, justicia.

El clima, por primera vez en la audiencia, pasó de tensión y seriedad, a ser de conmoción. La sensibilidad, que parecía no haber viajado a Corrientes, ingresó al predio de Gendarmería y golpeó a los familiares imputados. Caillava soltó lágrimas, pocas, pero suficientes como para necesitar un pañuelo para limpiarse. En su cara se notaba su angustia.

El tribunal, mientras tanto, pidió amablemente que María se tranquilice. Durante el llanto, María dijo: “Laudelina, ¿no te acordás cuando te fuiste a Buenos Aires? Que tu hija se quedó conmigo”. La tía del chico afirmó con la cabeza mientras la miraba.

Luego, se pasó a un descanso breve para que un médico atienda y controle a María. En ese momento, Laudelina solicitó que la retiren del recinto por malestar. A los pocos minutos, cuando se dio por finalizada la declaración, regresó Laudelina y en su cara se notó que había llorado. Así, la madre finalizó su declaración.

Pasó a ser el turno de Mariano Peña, hermano mayor de Loan. Fue quien menos habló y quien más serio estuvo. Tranquilo, acompañado también por la psicóloga de DOVIC, recordó la “muy buena” relación con su hermano y cómo crecía con “alegría, felicidad y en libertad”.

Al momento de ser consultado por la familia, fue directo: “No quiero mirarle a nadie porque me angustia. Todo lo que se dijo, de lo que se los acusa. Ojalá digan algo, mis padres sufren”. Y eso que, minutos antes, había recordado a Laudelina como “una segunda madre”.

Fueron los testimonios más esperados del juicio. Comenzaron con seriedad, pasaron por la emoción, llantos, miradas esquivas y acusaciones. Sin embargo, hasta que no termine de declarar la familia -el miércoles más hermanos y el jueves la abuela-, José y María no estarán tranquilos.

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