La madrugada que debía terminar como una salida más entre amigas en la ciudad bonaerense de Las Flores terminó convirtiéndose en una escena de violencia extrema que hoy conmueve a toda la comunidad. Caterina, una joven de 24 años, fue brutalmente atacada por un grupo de cinco mujeres a la salida del boliche Zoilox, luego de un confuso episodio dentro del local bailable que, según denunció su madre, jamás pasó de una discusión menor.
El hecho ocurrió durante la madrugada del sábado en el boliche ubicado en las calles Pueyrredón y San Martín. Caterina había salido junto a su amiga Candela y otros conocidos para pasar la noche en un lugar habitual de encuentro para jóvenes de la ciudad. Nada hacía prever el violento desenlace.
Según relató Marta Billeres, madre de la víctima, a la LN+ todo comenzó dentro del boliche cuando una mujer se acercó a las jóvenes acusándolas de “mirarla mal”. La situación generó incomodidad, aunque nunca llegó a convertirse en una pelea física. “Mi hija ni siquiera la había registrado. Le dijo que no la estaba mirando y trataron de seguir la noche normalmente”, explicó la mujer en una entrevista televisiva.
De acuerdo al testimonio de la madre, incluso personal de seguridad del boliche intervino al advertir el clima de tensión. Allí ocurrió un dato que ahora resulta clave para la investigación: uno de los encargados le habría dicho a Caterina que podían retirar del lugar a la agresora, pero le advirtió que era boxeadora y que “la podía agarrar afuera”.
“Textualmente le dijeron eso. Que si la sacaban del boliche después podía esperarla afuera. Hay testigos de todo”, aseguró Marta, quien remarcó que, tras esa advertencia, su hija optó por alejarse y continuar la noche en otra parte del local para evitar problemas.
La situación pareció calmarse dentro del boliche. Sin embargo, el horror llegó horas después, cuando terminó la jornada y los jóvenes comenzaron a retirarse del lugar.
Caterina y sus amigos se dirigieron hacia un automóvil de un conocido que las esperaba para regresar a sus casas. La joven alcanzó a subir al asiento trasero, mientras su amiga y los otros chicos todavía estaban acomodándose. Fue en ese momento cuando aparecieron las agresoras.
“Una de las chicas la agarró de los pelos, la arrastró y la tiró al piso. Después se acercaron cuatro más y comenzaron a pegarle patadas y trompadas”, contó la madre con profunda angustia.

El ataque quedó registrado en videos grabados por testigos, imágenes que rápidamente comenzaron a circular en redes sociales y generaron indignación en toda la ciudad. En las grabaciones se observa cómo varias mujeres rodean a la víctima mientras permanece en el suelo intentando protegerse de los golpes.
Según el relato de Marta, quienes intentaron intervenir para defender a Caterina también fueron agredidos. Incluso Candela, su amiga, recibió golpes cuando quiso auxiliarla. “Era imposible entrar a sacarla. Me mandaron mensajes diciendo que no podían romper ese círculo de chicas que la rodeaba”, afirmó.
Finalmente, un joven logró abrirse paso entre las agresoras y sacar a Caterina del lugar. Sin embargo, las mujeres continuaron persiguiéndolos mientras él intentaba ponerla a salvo. “En el video se ve cómo él la abraza y la va sacando mientras ellas siguen atrás pegando y gritando”, relató.
Para la familia, lo ocurrido podría haber terminado en una tragedia aún mayor. “Mi hija hoy está viva de casualidad. La tiraron al piso y la golpearon entre cinco mujeres. La podrían haber matado”, expresó la madre, visiblemente conmocionada.
La investigación tomó un giro importante cuando una testigo identificó entre las agresoras a la misma mujer que había protagonizado el altercado dentro del boliche y que, según la advertencia del personal de seguridad, practicaría boxeo. Ese dato podría tener relevancia judicial, ya que la utilización de conocimientos de combate en una agresión callejera puede agravar la situación procesal.
“Ahí entendimos que venía por eso. Porque al principio no encontrábamos explicación. Mi hija no tenía problemas con nadie”, sostuvo Marta.
La mujer describió a Caterina como una joven tranquila, sin antecedentes de conflictos. “Jamás tuvo problemas ni peleas. Todo el mundo me escribe porque no pueden creer lo que pasó”, contó.
En cuanto al estado de salud de la joven, la familia explicó que sufrió lesiones físicas menores gracias a que pudo ser rescatada a tiempo, aunque el impacto emocional es profundo. “Está con miedo, llora mucho. Le arrancaron un mechón de pelo enorme. Tiene un círculo en la cabeza donde directamente no tiene pelo”, detalló su madre.
Tras la agresión, Caterina fue trasladada al hospital local, donde se le realizaron estudios y tomografías para descartar lesiones internas. Marta agradeció públicamente el acompañamiento recibido por parte del personal médico, autoridades del hospital y efectivos policiales.
También destacó el accionar de la oficial que intervino en primera instancia y que acompañó a la joven durante la denuncia. “Nos dijeron que esto no podía quedar así”, señaló.
Mientras tanto, la causa judicial continúa sumando testimonios, videos y pruebas aportadas por vecinos y personas que presenciaron el ataque. Según explicó la familia, durante las últimas horas siguieron apareciendo nuevos mensajes de testigos que aseguran haber visto la secuencia completa.
“Una cosa es discutir con alguien y otra muy distinta es esto. Parecía que la querían matar”, lamentó Marta, quien aseguró que el nombre de una de las agresoras ya era conocido por varias personas y que incluso desde el boliche habrían advertido sobre su comportamiento conflictivo.
Por estas horas, la Justicia intenta determinar la responsabilidad individual de cada una de las mujeres que participaron del ataque y establecer si existió premeditación. También se analizará el rol del personal de seguridad y las medidas preventivas que pudieron haberse tomado luego de la primera discusión dentro del local.
Mientras avanza la investigación, la familia de Caterina pide que el caso no quede impune y que la violencia sufrida por la joven sirva para evitar nuevas agresiones. “Yo hoy la tengo viva, pero podría estar llorando a mi hija en una tumba”, expresó Marta entre lágrimas. “No quiero que esto le pase nunca más a nadie”, concluyó.



