
El juicio por el crimen de Fernando “Lechuga” Pérez Algaba culminó su primera semana con algunas sorpresas y sobresaltos en la sala de audiencias a cargo del Tribunal Oral en lo Criminal N° 9 de Lomas de Zamora y ante un jurado popular.
Durante las jornadas transcurridas, amigos y testigos dieron a conocer detalles de las últimas horas con vida del trader. Rodolfo Pérez Algaba, hermano de la víctima, aseguró que los acusados también planeaban matarlo para no dejar cabos sueltos.
Pérez Algaba, representado por los abogados Javier Baños y Sebastián Quejeiros, protagonizó un fuerte cruce con Maximiliano Pilepich, el principal acusado, quien decidió declarar en dos oportunidades.
El debate comenzó con los alegatos de inicio. El abogado de Matías Gil, considerado coautor, intentó despegar a su cliente del homicidio. Dijo que, aunque conocía a “Lechuga”, no tuvo nada que ver con el crimen, que no sabía y que no estaba en el momento en el que fue asesinado.
Enrique Tronceda, a cargo de la defensa de Pilepich, en tanto, aseguró que la investigación fue mala y que la víctima llegó a Argentina “escapándose”. Según su versión, le querían cobrar una deuda y su defendido le dio una mano. En esa línea, afirmó que “Lechuga” le compró dos departamentos y pidió canjearlos para hacerse de efectivo e irse al exterior.

Por otro lado, manifestó que no se sabía cómo lo habían matado, dónde ni quién lo había hecho, debido a que no se halló sangre en el predio de General Rodríguez establecido como la escena del crimen por la investigación: el desarrollo inmobiliario Renacer. Para el penalista, no hay certezas, solo sospechas. Los peritos que actuaron en la instrucción, lo desmintieron en los días sucesivos.
El abogado de Nahuel Vargas, en tanto, apeló a la emotividad, al indicar que la fiscalía iba a poder probar la muerte y el lugar donde fue hallado el cuerpo pero no el autor. “Van a tener que convivir con su conciencia”, le dijo al jurado y apuntó a Pilepich: “Fíjense quién tiene la deuda con ‘Lechuga’”.
La primera testigo en declarar fue la martillera, Vanesa Romera, que alquiló el departamento al trader y fue quien realizó la denuncia por búsqueda de paradero. “Lechuga” le dijo que vivía en Barcelona y que iba a permanecer en la propiedad del 13 al 19 de julio del 2023. Nunca dejó las llaves de la unidad en el buzón del edificio.
Luego fue el turno de Valeria Domínguez la oficial que ingresó al departamento junto a Romera. La policía detalló que encontraron ropa, perfumes, zapatillas, el pasaporte de la víctima, medicamentos, el certificado de un psiquiatra que le recomendaba que viajara con su perro Cooper y un boleto de compra y venta de departamentos.
El hermano de la víctima también se presentó ante el jurado. Contó que Fernando se dedicaba a la compra y venta de autos, que tuvo un bajón económico en la pandemia y que tenía una adicción al juego. También que Pilepich lo había estafado con cuatro departamentos en pozo en Hurlingham y que tenía deudas junto a Vargas por criptomonedas. Ambos habían montado un negocio con esa actividad en Puerto Madero.

Carolina Cerrato, en tanto, confirmó que en su escribanía se firmó el acuerdo entre Pilepich y “Lechuga” por la deuda de 50 mil dólares, en cuatro pagos, que habría motivado el crimen. A la escribana le llamó la atención que Gil firmara por “Lechuga”.
Asimismo, un amigo de la víctima habló de deudas previas, relacionadas con la venta de autos y de una reunión previa al viaje a España de “Lechuga”. “Nos juntó y nos dijo que la situación económica era insostenible”, remarcó y recordó que en ese encuentro estaba Vargas.
También mencionó un grupo de WhatsApp creado por Flavia Bomrad, una gestora que será juzgada como cómplice junto a otros imputados en un juicio técnico. El testigo dijo que la mujer armó el grupo solo para decir que “tenía el chisme del siglo”. Los llamó por teléfono y les aseguró que “Lechuga” se había ido a Rosario a gastar la plata en un casino. Se comentaba, indicó, que era amante de Pilepich. A ningún amigo de la víctima “le cerraba” que no atendiera el teléfono.
También declaró uno de los empleados de Renacer, quien manifestó que el día del crimen, el 18 de julio de 2023, estuvo en el predio entre las 15 y las 17. Dijo que, antes de irse, vio a “Lechuga”, de brazos cruzados en el deck y a Vargas, que hablaba por teléfono. Vio una camioneta Mercedes Benz negra estacionada en el lugar.
El sereno del campo, en tanto, también vio a Pilepich. Les reclamó que le pagaran, pero le dijeron que se vaya a su casa porque no tenían dinero. Lo hizo a las 17.15. Al día siguiente regresó a trabajar y dijo que creía haber visto a Cooper. Una semana después, demolieron una casa construida en el fondo, que había servido de vivienda de una ex empleada y contó que una vecina había escuchado dos tiros.

Asimismo, Gustavo Iglesias remarcó que no sabía cómo sus audios del 2022, con amenazas por una deuda a “Lechuga”, se habían filtrado a la prensa en los primeros días en los que identificaron el cuerpo, pero que lo habían hecho para inculparlo a él.
Pilepich pidió hablar y dijo que “Fernando era ludópata” y que se endeudó junto con Vargas. Aseveró que ambos estaban amenazados por ese motivo. Según él, después de 2022, “apareció un Fernando malo que no podía ordenar sus finanzas y tenía problemas psiquiátricos”.
A la vez, manifestó que él no tenía problemas económicos, por lo que no tenía motivos para matar a Fernando. De acuerdo a su relato, lo único que había hecho, desde que había llegado de España, era ayudarlo. Sobre la deuda de 50 mil dólares, afirmó que ya estaba pagada.

Pericias
El forense que realizó la autopsia también fue parte del debate. César Rodríguez Paquete relató que los brazos y las piernas estaban en una valija roja; el torso en una bolsa y la cabeza en una mochila. Determinó que el descuartizamiento fue post mortem y que la muerte fue causada por dos heridas de arma de fuego en la espalda.
Sostuvo que “Lechuga” pudo tener de 30 a 90 minutos de sobrevida. “Fue perdiendo la conciencia”, señaló. Incluso, manifestó que los asesinos “sacaron piel” para ocultar el orificio de la bala.
Adriana Vallones, en tanto, realizó una pericia psicológica a Pilepich. En cuanto a su personalidad, indicó que presenta estructura psíquica bajo la modalidad de perversión y un marcado egocentrismo. También encontró signos de una personalidad manipuladora e impulsiva, escaso remordimiento y empatía.
Dieron su testimonio el perito Pablo Zaiwskoski, a cargo de los cruces telefónicos que definieron las ubicaciones y comunicaciones de los sospechosos, una tarea que fue vital para la instrucción. Ese trabajo se complementó con el seguimiento y análisis de cámaras que fue encabezado por el comisario Luis Otero de Homicidios.
Se estima que, tras los alegatos de cierre, el jurado pueda deliberar esta semana sobre la culpabilidad de los acusados.



