La Pastoral Universitaria, la Fundación Pastoral San Lucas y la UADE lanzaron una colecta solidaria para asistir a las víctimas de los terremotos que el 24 de junio sacudieron Venezuela, dejando más de 1.700 muertos y 5.034 heridos según el balance oficial, cifra que las propias autoridades advierten que continuará en aumento. En apenas 24 horas, la campaña reunió 21 millones de pesos.
El alias para realizar donaciones es: UADE.AYUDA.
Los fondos recaudados serán transferidos a Cáritas Venezuela y destinados principalmente a la adquisición de insumos médicos para los hospitales de la zona de La Guaira, la región costera al norte de Caracas que concentró los daños más graves: más de 100 edificios colapsaron allí tras los sismos. Las donaciones permanecerán abiertas hasta el jueves 2 de julio.
La iniciativa no parte de cero. Según explicó el padre Guillermo Marcó, presidente de la Pastoral Universitaria, la institución sostiene desde hace años un programa de becas para estudiantes universitarios de bajos recursos con buenos promedios, aplicado en decenas de universidades del país. El año pasado, esa misma red de organizaciones había impulsado una campaña equivalente tras el temporal que devastó Bahía Blanca.

Ante la magnitud de la catástrofe venezolana, los directivos de la Pastoral retomaron la iniciativa y establecieron contacto con Janeth Márquez, directora nacional de Cáritas Venezuela, y con monseñor Juan Carlos Bravo, obispo de Petare, quienes otorgaron una cuenta bancaria fuera del país para recibir los recursos. Fue a través de esos interlocutores que se identificó la necesidad concreta: insumos médicos para los centros de salud de La Guaira.
Marcó subrayó que los fondos recaudados serán auditados por la firma internacional PwC (PricewaterhouseCoopers). El mecanismo prevé convertir los pesos donados a dólares y aplicar un sistema de trazabilidad sobre cada peso girado. “Consideró fundamental dar garantías de transparencia”, se informó desde la organización.
El Padre Marcó destacó la solidaridad de la gente, que quedó reflejada en la respuesta inmediata y volvió a remarcar que brindar claridad en el uso de los fondos es fundamental.
La urgencia de la ayuda se entiende mejor al dimensionar lo que ocurrió bajo tierra el 24 de junio. A las 18:04 hora de Caracas se registró un primer sismo de magnitud 7,2 con epicentro cerca de San Felipe, en el estado de Yaracuy, a unos 20 kilómetros de profundidad. Apenas 39 segundos más tarde, la tierra volvió a moverse con un terremoto de magnitud 7,5, más superficial, a solo 10 kilómetros bajo la superficie.
El geólogo Víctor Ramos, investigador emérito del CONICET y profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires —primer sudamericano en ser miembro honorario de la Sociedad Geológica Americana—, explicó a Infobae que este tipo de fenómeno se denomina doblete sísmico. “El primer sismo activó niveles más superficiales y produjo el sismo de 7,5, que liberó tres veces más energía que el anterior”, señaló. El caso más parecido registrado ocurrió en Pakistán en 1997, con dos sismos de 7,0 y 6,8 grados separados por 19 segundos.
La poca profundidad del segundo terremoto explica en gran parte la escala de la destrucción. A 10 kilómetros bajo la superficie, la energía no recorre distancia suficiente para disiparse antes de golpear el suelo. La falla protagonista fue la de Boconó, que se extiende unos 500 kilómetros desde la frontera con Colombia hasta el centro-norte del país, con una tasa de desplazamiento de entre 5 y 8 centímetros por año. No registraba un movimiento de esta magnitud desde 1812, cuando un terremoto arrasó Caracas el Jueves Santo.
Ramos precisó a que el sismo “parece haber comenzado en la parte norte de la falla de Boconó y luego se desplazó hacia la falla de San Sebastián, una longitud total de aproximadamente 160 a 170 kilómetros”. Esa segunda falla corre paralela a la costa y pasa bajo el valle que separa Caracas del aeropuerto de Maiquetía; el viaducto que cruza ese corredor sufrió daños severos y dejó al aeropuerto desconectado de la capital durante los días más críticos del rescate.
Funvisis, la agencia estatal venezolana de monitoreo sísmico, registró más de 300 réplicas desde los sismos principales. Ramos advirtió que vendrán decenas más a lo largo de la falla de San Sebastián y que el terreno afectado “tardará meses en recuperar la estabilidad”. Cerca del 80% de la población venezolana reside en zonas de alta amenaza sísmica, y el parque edilicio acumula décadas de déficit en normas de construcción antisísmica.



