
Eran alrededor de las 2 de la madrugada del pasado 3 de junio y tres chicas que ofrecían servicios sexuales en un edificio del barrio porteño de Belgrano recibieron la consulta de un posible cliente. Todo transcurría sin inconvenientes: las trabajadoras le brindaron las tarifas vigentes y, luego, la dirección exacta donde lo esperaban. Sin embargo, todo se trataba de un engaño. Pablo Javier Murúa les hizo creer que estaba interesado en su trabajo, pero en realidad quería ingresar al departamento para robarles.
Tras concretar el robo, durante el cual casi asesina a una de las víctimas, Murúa se dio a la fuga y fue detenido al día siguiente del hecho, tras protagonizar un accidente de tránsito en la localidad bonaerense de Merlo con la misma moto que había escapado del lugar del ataque.
Ahora, con todas las pruebas recabadas al cabo de más de un mes de investigación, el fiscal José María Campagnoli, titular de la Fiscalía de Distrito de Saavedra y Núñez, presentó el requirimiento de elevación a juicio para que Murúa sea juzgado por los delitos de robo agravado por su comisión mediante el uso de un arma de fuego, portación de arma de fuego de uso civil condicional sin la debida autorización legal y homicidio criminis causae cometido para procurar su impunidad.

Según se desprende del requerimiento al que accedió Infobae, Murúa, de 47 años, se comunicó por WhatsApp con tres mujeres que ofrecían servicios sexuales a través de la página web “Gemidos”, haciéndose pasar por un cliente. Tras obtener la dirección exacta, llegó a las inmediaciones en moto, acompañado por una mujer cuya identificación aún está pendiente, y posteriormente ingresó solo al edificio ubicado sobre la calle Arribeños al 2100.
Ya en el interior del departamento, y tras ser recibido por las trabajadoras sexuales, Murúa quedó a solas con una de ellas en una de las habitaciones. En ese contexto, aprovechó para extraer un arma de fuego de entre sus ropas, le exigió a la víctima la entrega de su teléfono celular, la maniató con precintos y le colocó una cinta en la boca.
Tras ello, Murúa salió de la habitación y encontró en el comedor a las otras dos víctimas, a quienes les ordenó, en un estado de sumo nerviosismo, que se colocaran precintos en sus manos y le entregaran dinero y sus teléfonos celulares. “Dame la plata, dame la plata y los celulares para que no llamen a la policía”, aseguraron las trabajadoras al brindar su versión de los hechos. Y en medio de la desesperación, Murúa repetía: “Las entregaron”.

Sin embargo, la violencia del episodio no terminó allí. Una de las víctimas, que tenía un manojo de llaves en su poder, logró escapar del departamento y, en busca de ayuda, tocó dos veces la puerta del departamento del encargado del edificio, ubicado en ese mismo piso junto a las escaleras.
Al detectar esa situación, Murúa tomó rápidamente el dinero en efectivo y otros tres teléfonos móviles que estaban a su alcance, e interceptó a la mujer.
“Te mato”, advirtió Murúa a la víctima. Luego, le apuntó a la cabeza y le efectuó un disparo con su arma de fuego, el cual rozó su sien izquierda y le causó una herida cortante que requirió atención médica. Pese a la gravedad de la agresión, la mujer sobrevivió.
Murúa finalmente huyó por las escaleras, abrió la puerta de entrada al edificio con las llaves que le sustrajo a la mujer baleada y se dirigió a la moto que lo aguardaba en la esquina de avenida Del Libertador y Juramento. El acusado se subió al asiento del acompañante y escapó junto a la conductora que oficiaba de cómplice.

La rápida intervención de la División Homicidios de la Policía de la Ciudad, sumada a un minucioso trabajo de análisis de cámaras privadas y públicas, permitió identificar a Murúa como el principal sospechoso. Las imágenes lo captaron llegando y huyendo del lugar, incluso realizando una breve escala en un kiosco para comprar un chocolate, donde su rostro y vestimenta quedaron perfectamente registrados.
Un día después del ataque, y gracias a la información aportada por personal de la Policía de la provincia de Buenos Aires, los investigadores corroboraron que Murúa había protagonizado un accidente vial en Merlo, a bordo de la misma moto con la que había huido del edificio en Belgrano.
El imputado y su acompañante fueron derivados con lesiones al Hospital Eva Perón, de donde Murúa se retiró sin tener el alta médica correspondiente.
Luego, esta información fue corroborada por personal de la división Homicidios que vigilaba el domicilio en el barrio porteño de Mataderos de Murúa, quien en horas posteriores fue fotografiado en muletas por personal policial.

En consecuencia, y tras el pedido realizado por esta Fiscalía de Distrito, se concretó la detención del sospechoso.
Durante los allanamientos a sus domicilios, la policía halló un chaleco antibalas, una caja y municiones de pistola Bersa Thunder calibre .40, numerosos precintos plásticos idénticos a los utilizados en el hecho, parte del botín robado, y prendas de vestir coincidentes con las descritas por las víctimas y vistas en los videos de seguridad. Se constató, además, que Murúa no tenía autorización vigente para portar armas.
Pedido de elevación a juicio
El fiscal Campagnoli sostiene que los hechos encuadran legalmente como robo agravado por el uso de arma de fuego, portación ilegal de arma de guerra y homicidio criminis causa en grado de tentativa, ya que, según argumenta la acusación, el disparo contra una de las víctimas fue realizado con la intención de asegurar la impunidad de su acto delictivo.
“La evidencia incontrastable, que incluyó testimonios directos, peritajes, informes, filmaciones públicas y privadas, y registros domicilios que permitieron recuperar parte del botín, permiten establecer con certeza que Pablo Vicente Murúa deberá responder penalmente por los delitos que aquí se le atribuyen”, destaca el requerimiento sobre la contundencia de las pruebas.
Por otro lado, la fiscalía solicitó que continúe la investigación para dar con la mujer que acompañó a Murúa en la moto, cuyo papel en el hecho aún no ha sido judicialmente determinado.



