
El desamor, el alcohol y el tango, parecen estar íntimamente relacionados. Primero llega el desengaño sentimental, ese que hace que hasta el más compadrito se sienta en la necesidad de ahogar sus penas en un bar. Y después llega la letra que refleja ese momento de dolor y soledad y que, al ritmo del 2 x 4, se termina perpetuando hasta la eternidad. Esta noche me emborracho, Tomo y obligo o La última copa, son solo algunos ejemplos de piezas que han quedado marcadas en el cancionero popular. Pero, para muchos, Nostalgias es la que refleja el verdadero sentir de un hombre cuando tiene el corazón roto y busca distracción.
“Quiero emborrachar mi corazón, para apagar un loco amor que más que amor es un sufrir…Y aquí vengo para eso, a borrar antiguos besos en los besos de otras bocas…Si su amor fue flor de un día, ¿por qué causa es siempre mía esa cruel preocupación? Quiero por los dos mi copa alzar, para olvidar mi obstinación y más la vuelvo a recordar», comienza diciendo la letra escrita por Enrique Cadícamo, a la que Juan Carlos Cobián se encargó de ponerle música. Y la situación es clara: la desilusión que lleva al enamorado a querer evadirse con copas y encuentros fortuitos.
Sin embargo, cuentan que lo que llevó al “poeta del tango” a escribir estas líneas no habría sido una historia real y concreta, como cualquiera podría imaginarse, sino la recopilación de varias anécdotas que llegaron a sus oídos en tantas noches de bohemia. Y así fue como imaginó a este hombre, que llega supuestamente a un cabaret y busca que los tragos le den el valor suficiente como para refugiarse en los brazos de otras mujeres. Aunque, de ninguna manera, consigue olvidar a la que lo abandonó.
“Nostalgias, de escuchar su risa loca y sentir junto a mi boca como un fuego su respiración. Angustia, de sentirme abandonado y pensar que otro a su lado pronto… pronto le hablará de amor…¡Hermano! Yo no quiero rebajarme, ni pedirle, ni llorarle, ni decirle que no puedo más vivir…Desde mi triste soledad veré caer las rosas muertas de mi juventud», continúa esta pieza estrenada en el mes de noviembre de 1935 en una boite de la calle Florida.

En realidad, aunque muchos lo relacionan a él, Carlos Gardel nunca llegó a cantar este tema. El Morocho del Abasto murió en un accidente aeronáutico en Medellín, Colombia, el 24 de junio de ese mismo año. Y fue después de su partida, que Cadícamo decidió componer este tema. Había sido el empresario Alberto Ballerini, a cargo del por entonces Teatro Smart —luego transformado en el Blanca Podestá y actualmente en el Multiteatro—, quien le había encargado que hiciera una obra musical basada en episodios de la vida del cantor. Y él así lo hizo junto a Cobián.
Lo cierto es que, de todos los tangos compuestos especialmente para este espectáculo al que denominaron El cantor de tangos a su obra, Ballerini solo descartó a uno: Nostalgias. Decía que tenía una estructura musical muy complicada. Así que Cobián la reemplazó inmediatamente por otra pieza a la que Cadícamo le puso letra y la tituló con el nombre de la obra en cuestión. Pero, por esas cosas del destino, la composición que fue dejada de lado tuvo mucha más trascendencia que la producción para la que fue creada.
Y sí, la obra en honor al Zorzal Criollo, estuvo muy poco en cartel y pasó sin pena ni gloria por la calle Corrientes. Sin embargo, a los pocos meses Cadícamo es convocado para actuar en la inauguración de un lujoso local llamado Charleston. Para entonces, ya le había puesto letra a Nostalgias y fue allí donde Cobián lo interpretó por primera vez. Y con gran éxito. De manera que terminó dándole nombre al primer álbum grabado para la multinacional CBS.
“Gime, bandoneón, tu tango gris, quizá a ti te hiera igual algún amor sentimental…Llora mi alma de fantoche, sola y triste en esta noche, noche negra y sin estrellas…Si las copas traen consuelo, aquí estoy con mi desvelo para ahogarlos de una vez…Quiero emborrachar mi corazón, para después poder brindar por los fracasos del amor”, terminan diciendo los versos del Poeta del tango.
Cabe señalar que, aunque no hay registro fehaciente, hay quienes dicen que el primero en cantar este tango fue el Gallego Antonio Rodríguez Lesende, con la orquesta de Ciriaco Ortiz. Y que la primera y mejor grabación del tema fue la que hizo Charlo, nombre artístico con el que se lo conocía a Carlos José Pérez, en febrero de 1936, acompañado por las guitarras del trío compuesto por Héctor Becada, José Iglesias y Edmundo Arrieta para Odeón. Aunque también hay quienes destacan la interpretación de Hugo del Carril, quien lo grabó en noviembre de ese año junto a la Orquesta Víctor del sello RCA.
Sea como fuere, Nostalgias se convirtió en una especie de bisagra en la carrera de Cadícamo. Él ya venía con varias piezas reconocidas en su haber, como Pompas de jabón, Muñeca Brava, Che papusa oí, Madame Ivonne, Anclao en París y La casita de mis viejos, entre otras. Este tango con música de un artista viajado y abierto a lo nuevo como Cobián, marcó el rumbo de lo que vendría después. Como, por ejemplo, Ave de paso, Por la vuelta, Rodando tu esquina, Los mareados y Garúa.



