
Natalia Callamullo y su amiga adolescente, si es que son culpables, desoyeron uno de los máximos mandamientos del delito universal. El mandamiento dice: guardate un poco después de robar. O, al menos, no dejes que tu víctima te cruce.
El 31 de agosto de 2024, ambas mujeres oriundas de Villa Celina fueron a bailar a la disco Virus en la avenida Rivadavia, zona de Flores. Allí, dos hombres, llamados Antony y Angel, las reconocieron. Eran, según la acusación en su contra, sus palomos, los incautos que supuestamente habían desplumado nueve días antes. Natalia y su amiga, de acuerdo a la imputación, eran viudas negras.
Los hombres, vecinos del Bajo Flores, primos entre sí, comenzaron a gritar, a señalarlas con el dedo. Las chicas intentaron irse, diciendo que iban a solucionar todo; los primos les cortaron el paso. El pequeño escándalo terminó sobre la calle en la Avenida Rivadavia. Un patrullero de la Comisaría Vecinal 7C de la Policía de la Ciudad que pasaba por allí se detuvo al ver el tumulto. Uno de los primos se acercó a una oficial mayor y contó todo.
Así, Natalia y su amiga terminaron con las manos en el capot del móvil. Les registraron las carteras. A Natalia, en ese entonces de 24 años, le encontraron una pastilla color azul. “Es para dormir”, dijo, fastidiada. Su amiga adolescente, por lo visto, tenía problemas mucho peores para conciliar el sueño: en el cacheo, le secuestraron seis blisters de clonazepam, y de 2 miligramos por comprimido, para más sopor.
Natalia terminó elevada a juicio a fines de 2024 en un expediente remitido al Tribunal N°13, junto a un presunto cómplice que fue descubierto tiempo después, en un caso a cargo de la Fiscalía de Menores N°3. Semanas atrás, la amiga menor de edad pactó una pena abreviada en el Tribunal de Menores N°1, un poco leve, dos años en suspenso por el delito de robo en poblado y en banda.
Una buena impresión
La causa por el robo a los primos era la única en su historia. El Tribunal habló de una “buena impresión” en su fallo: la imputada, que se convirtió en mayor de edad en diciembre de 2024, “ratificó que desarrolla tareas laborales vinculadas con la belleza personal y la venta de ropa en ferias”.
El ataque en cuestión ocurrió el 22 de agosto de ese año, a las 3:20 de esa madrugada. Comenzó en la cervecería Mitos, en Gaona al 4000. Allí, las dos mujeres aseguraban tener un amigo, primo de una de ellas, al que “no podían dejar solo”; ese hombre, el falso primo, terminaría acusado en la Justicia como el cómplice clave. Terminaron en Parque Chacabuco, bebiendo vodka en el camino, en el auto de uno de los primos.
Ambos terminarían robados tres horas después; uno de ellos fue encontrado deambulando descalzo y aturdido, luego de que le robaran sus zapatillas Adidas. El otro dormía el sueño de la pastilla en el asiento trasero. La banda los había despojado de sus teléfonos celulares, un Apple Watch, sus cédulas de conducir y tarjetas de débito. En el auto quedaron detrás las latas de vodka y un blister de algún psicofármaco.
El padre de uno de ellos fue quien los encontró; la geolocalización del teléfono de su hijo lo había llevado hasta el lugar. También, creía él, su propio hijo le había escrito, algo desesperado. Una serie de mensajes lo alarmó a las 6:14 AM: “Pa, me detuvo la policía, me pide que le dé algo para que me deje salir”, “Necesito transferir pa”. Entonces, transfirió, cerca de 50 mil pesos. La coima policial, desde ya, no existió. El receptor de esa plata, curiosamente, fue identificado por la Justicia. Terminó sobreseido.
Nueve días después, víctimas y victimarias se cruzarían en la misma discoteca. No era casualidad. Ambas mujeres también fueron imputadas por atacar a otro hombre al que marcaron en la cervecería Staff de Flores el 28 de agosto de 2024, seis días después del asalto a los primos.
La víctima les aceptó el trago, pero intentó desmarcarse. Las chicas, según la denuncia del hombre, insistieron: lo siguieron mientras tambaleaba hacia una parada de colectivo. Lo cargaron a un auto luego de que perdiera el conocimiento, para dejarlo en General Paz y Vélez Sarsfield. Cuando despertó, descubrió que le habían quitado su teléfono y 300 mil pesos que llevaba en un bollo en el pantalón. Otros dos hombres, que nunca pudo identificar, le dieron una paliza en el medio.
Insólitamente, este hombre también estaba presente en la disco Virus el 31 de agosto. Allí, se cruzó a Callamullo Palacios, a quien le recriminó el presunto robo. Los proverbiales bueyes se les habían juntado a ambas viudas. En paralelo, los primos comenzaban a gritar.



