
En el tenis profesional, los vínculos entre jugadores y entrenadores suelen estar atados a los resultados. Las derrotas generan incertidumbre y los cambios de equipos de trabajo forman parte de la dinámica habitual. Por eso, una relación de 20 años, como la que une a Federico Murray con Victoria Bosio, resulta una rareza.
A lo largo de ese camino, ambos atravesaron buenos y malos momentos, pero sobre todo compartieron las dificultades que muchas veces permanecen invisibles para quienes siguen el circuito desde afuera: lesiones interminables, giras con presupuestos ajustados, sponsors que desaparecieron y la incertidumbre permanente de intentar vivir del tenis lejos de los grandes escenarios.
“El entrenador tiene que estar mucho más en las malas que en las buenas. Para mí Vito es como una hija. Cuando llegan las etapas difíciles hay que estar para ayudar, cebar un mate, cocinarle algo rico o simplemente acompañarla”, cuenta Murray en el inicio de la charla con Infobae.
El coach nació hace 52 años en Chacabuco. En esa ciudad, su pupila alcanzó la semana pasada las semifinales del W35 en el Centro de Tenis Los Marinos, uno de los torneos organizados por la Asociación Argentina de Tenis (AAT) para apuntalar el calendario internacional femenino en el país. “Victoria tiene una pasión por el tenis que pocas veces vi y por eso sigue jugando”, subraya.
La relación comenzó en 2006, cuando Bosio -hoy tiene 31 años y ocupa el puesto 339 del ranking WTA– todavía era una nena. El primer torneo juntos fue un Grado 2 de menores en Rosario y el primer viaje internacional llegó poco después: el destino fue un certamen en Villa Alemana, Chile.
Federico y Victoria aprendieron a atravesar todas las etapas. Y cuando el tenis dejó de ofrecer certezas, ellos siguieron juntos. “Lo primero que hace falta es mucha paciencia. Los jugadores cambian con la edad, con las experiencias, con los golpes que da la carrera. Uno tiene que aprender a entender esos momentos”, sitúa Murray.
“Por el dolor, Victoria llegó a viajar parada en un avión”
El vínculo atravesó su prueba más dura cuando llegaron las lesiones. Bosio, que como junior alcanzó el puesto 12 del mundo y disputó varios Grand Slams, perdió más de seis años de su carrera profesional por diferentes problemas físicos. El más cruel fue una pubalgia crónica que le fue diagnosticada sobre el final de su etapa Sub-18 y la persigue hasta hoy.
“Hubo un momento en el que pasaba todo el día acostada. Se levantaba y no podía caminar. Llegó a viajar parada en un avión porque le dolía más estar sentada que de pie. Apenas apagaban la señal del cinturón se levantaba. Le molestaba hasta el contacto con una sábana”, recuerda Murray.
En los últimos años, la tenista de Venado Tuerto sufrió un alejamiento forzado de las canchas durante toda la temporada 2022, ocho meses en 2023 y cuatro en 2024. A pesar de los sucesivos paréntesis, su entrenador siempre mantuvo la puerta abierta. “Le decía: ‘Si querés seguir, te acompaño. Y si preferís buscar otra persona, también te ayudo’. Pero ella siempre quiso continuar”, sitúa.
Y sigue: “Vito lloró 100 veces en mi hombro. En un momento me preguntó: ‘¿Y si dejo de jugar, qué voy a hacer?’. Le respondí que con todo lo que había aprendido en el tenis seguramente le iba a ir bien en cualquier cosa. Pero eligió hacer el esfuerzo para volver”.

“Fede es mi segundo padre y madre juntos. Hacemos un gran complemento dentro y fuera de la cancha. Lo quiero mucho”, resumió Bosio meses atrás en una entrevista con Infobae. “Hubo una época en la que estaba muy mal. No quería levantarme de la cama, lloraba mucho y no veía salida”, evocó.
El regreso posterior a cada parate no fue solamente deportivo, sino que también implicó empezar de nuevo desde el punto de vista económico. El circuito ITF, donde Bosio logró 9 títulos y desarrolló buena parte de su carrera, está lejos del glamour de los grandes escenarios de la ATP y la WTA. Para la enorme mayoría de los tenistas, viajar acompañado por un entrenador o un fisioterapeuta significa perder dinero.
“Podés jugar Interclubes en Alemania, por ejemplo. Eso ayuda, pero tampoco te salva. Después hay que planificar muy bien las giras. Este año, como Victoria mejoró el ranking, pudimos jugar varios WTA 125. Pasar la clasificación no sólo significa ganar algunos dólares más: también te pagan el hotel y eso representa un ahorro enorme”, explica Murray.
La otra cara de las lesiones fue la desaparición de los apoyos económicos. “Cuando Vito era junior, estaba entre las mejores y tenía sponsors de ropa, de raquetas, de todo. Después llegaron las lesiones y todo eso se esfumó”.
En el medio, Murray también buscó otros caminos: trabaja en el Club Cunit, en la región española de Tarragona, cada vez que el calendario se lo permite. E incluso proyecta una mudanza al país europeo una vez que Bosio se retire. “Necesitaba otra cosa para aguantar todos esos años en los que Victoria estuvo inactiva. Hoy volvió, está otra vez cerca de las 300 mejores del mundo y para muchos puede parecer poco, pero para nosotros representa un trabajo enorme”.

Un sueño por cumplir
Murray admite que en los últimos 20 años recibió varias propuestas para entrenar a otros tenistas, aunque nunca aceptó un proyecto permanente. “Sí viajé alguna vez con otra jugadora para ayudar económicamente a Vito y bajar costos. Pero en la etapa en la que estamos ahora, prefiero que vayamos los dos. Es un momento para involucrarse al cien por cien”.
Alrededor de ellos se consolidó un equipo integrado por el fisioterapeuta Luis Zamprogna, el preparador físico Javier Capitaine y la psicóloga deportiva Carina Morelli. “Siempre están para apoyarme en los momentos más duros. Venimos trabajando mucho y estoy más que feliz y orgullosa”, dijo Bosio tras alcanzar la final del W35 de Pergamino, hace dos semanas. Y agregó: “Gracias por no dejarme caer nunca y porque, cuando las cosas se ponen feas, siempre están ahí para levantarme”.
En esos 20 años, la tenista y su entrenador también aprendieron a convivir con las discusiones y los momentos de tensión. “Una comida siempre ayuda. Alguna vez le hice un pulpo a la gallega que me salió espectacular. También hago muy buenas pizzas a la parrilla. Vito cocina unos ñoquis caseros con bolognesa y unos postres espectaculares”, cuenta.
Cuando le preguntan cuál sería el mayor premio después de tanto andar, Murray no habla de rankings ni de títulos: ”Vito quiere volver a jugar las clasificaciones de Grand Slam que disputó de junior. Y yo quiero que, cuando todo termine, quede el ejemplo de que si no bajás los brazos y peleás por lo que realmente te apasiona, el camino recorrido siempre vale la pena”.



