
El cuarteto es uno de los ritmos más representativos de la Argentina. Se trata de un baile que ha marcado la historia musical del país, y todo se lo debe a un representante que marcó a fuego este género y lo dio a conocer a nivel mundial con una infinidad de hits que cruzaron fronteras hasta formar parte del cancionero de las hinchadas en todo el mundo. El 4 de junio se celebra en Córdoba el Día del Cuarteto, pero el 11 de enero debería ser una fecha alternativa porque ese día nació Juan Carlos Jiménez Rufino, mejor conocido como La Mona Jiménez. Un artista que trascendió su apellido y tiene una relación muy cercana con el fútbol, porque fue a probarse a Belgrano y vistió la camiseta del Club Atlético Bella Vista, aunque no dudó un segundo cuando lo hicieron elegir entre el micrófono y la pelota.
El hijo de Esilda Rufino y Ricardo El Tucumano Jiménez abordó en pocas oportunidades su pasado oculto en este deporte, pero todo se remonta a sus 13 años. La Mona, que era apodado así desde los ocho años porque jugaba a ser Tarzan, vivía con sus padres en una casa del barrio Luz y Fuerza y, ya por esa época, tocaba la guitarra, mientras jugaba campeonatos con jóvenes de su edad en una canchita enfrente a su hogar. “Me acuerdo de don Luján, que me dijo que jugaba bien y me llevó a probarme a Belgrano, del que yo era hincha. Vivíamos cerca de su cancha. Fuimos cuatro días seguidos y nunca me probaron. Siempre probaban al hijo del secretario, al sobrino del tesorero, al amigo del tesorero que traía otros chicos; a mí nunca me pusieron. Fuimos durante toda una semana y no fui más. Me puso mal eso”, relató el famoso compositor en el libro La palabra hecha pelota, escrito por Alejandro Duchini.
De esta manera, Jiménez recaló en Bella Vista y debió hacerse un lugar en la delantera porque el titular era José Luis Saldaño, un futbolista que ganó la primera Copa Intercontinental de Boca Juniors y falleció a los 70 años en 2019: “Tenía 15 años cuando empecé a jugar para ellos. Y jugué hasta los 17, en la cuarta especial. Estaba en el banco, porque era el que suplantaba al Loco Saldaño. Yo lo reemplazaba si íbamos ganando. Entraba casi siempre al final del partido, cuando faltaban diez minutos”.
En simultáneo a su carrera en Inferiores, el cantante también comenzó a dar sus primeros pasos en la música con el Cuarteto Berna. Y los fines de semana eran un auténtico rompecabezas para hacer coincidir el fútbol y la música: “Tocábamos mucho, sobre todo los viernes a la noche. Entonces volvía a mi barrio a eso de las siete u ocho de la mañana del sábado, después de toda una noche de baile. Si había que jugar el mismo sábado temprano se complicaba, porque yo llegaba a la cancha cuando el partido ya había empezado. Muchas veces largaban y yo todavía me estaba cambiando. No vivía cerca de la cancha, sino que había que hacer un recorrido bastante extenso para llegar. Tenía que tomarme un colectivo y caminar apurado, cruzando el monte”.
En su relato, Carlos La Mona Jiménez afirmó que su entrenador no estaba al tanto sobre la otra actividad que tenía su pupilo arriba de los escenarios, pero el protagonista lo disimulaba con creces porque a su orientador le gustaba cómo jugaba e incluso disputó un puñado de encuentros como titular, aunque todo tenía una consecuencia: “Me comía grandes cagadas a pedos del director técnico”.
Sin embargo, hubo un día que marcó un antes y un después en su carrera. Antes de los 18 años, muchas personas todavía no conocen cuál es su vocación, pero la Mona ya sabía cuál sería el propósito de su vida. Según reconstruyó ElDoce de Córdoba, todo sucedió en un partido que Bella Vista perdía 1-0 ante 9 de Julio en Villa Páez, para el cual había llegado tarde por sus labores de madrugada, pero ya estaba sentado en el banco cuando Saldaño se dobló el pie y tuvo que reemplazarlo a falta de nueve minutos para el final.
“Entro yo y el 7 tiró el centro con pierna zurda. Yo venía corriendo, veía venir la pelota, le pegué y la clavé en el ángulo. 1-1. Creo que ese gol lo puede hacer Messi, Maradona y La Mona de pedo. Entonces, dije: ‘Qué culo que tengo’, ja. En ese momento, (Octavio) Bevilacqua me felicitó por el golazo y vino el director técnico para preguntarle a él si era mi padre. Él le respondió: ‘No, soy el papá del Pibe de Oro, de Berna Bevilacqua (pianista y creador del Cuarteto Berna). Y él es el cantante’. Ahí, el técnico me dijo: ‘¿Vos sos cantante? Con razón me llegás siempre tarde… Tenés que decidir qué querés en este momento: el fútbol o cantar. Porque yo te estoy bancando, pero no te voy a bancar más’. Decidí cantar y nunca más jugué“, confesó Jiménez en diálogo con el periodista Jorge Cuadrado para Telenoche.
En su intercambio con Duchini, amplió esa conversación que selló su destino: “Me preguntaron que quería hacer y dije: ‘Yo quiero cantar, Bevilacqua’. ‘Pero mirá que no te pongo más’, me dice el técnico. Y bueno, me decidí por la canción. No fui más a jugar a Bella Vista. Desde ese día no jugué nunca más al fútbol. Nunca más”. Ni siquiera el fallecimiento de su padre a los cuatro meses de su prematuro retiro cambió su postura de dedicarse a los escenarios, ya que la muerte de Ricardo Jiménez provocó que hubiera una vacante para trabajar en la Empresa Provincial de Energía de Córdoba (EPEC), pero Carlos contó con el apoyo económico de su familia y le cedió ese empleo a Guillermo, su hermano más chico: “Si hubiese entrado a EPEC, sería un jubilado. Hoy nadie me jubila. Me jubilaré cuando yo quiera”.
El sendero hasta ser un artista con más de 1.000 canciones y decenas de discos de oro, sumado a discos de platino y doble platino, no estuvo exento de una cuota de sacrificio porque La Mona afirmó haber trabajado “por el sándwich y la coca”. “Los dos primeros años tocábamos gratis. Recién en el tercero se empezó a cobrar la plata, pero era muy poco y a mí no me pagaban”, narró el ex atacante.

El ex esposo de Juana Delseri y padre de Lorena, Carlos (Carli también dejó el fútbol para dedicarse a la música) y Natalia manifestó que ya no suele ir a la cancha con cotidianeidad porque la mayoría de los partidos se juegan el sábado o domingo y opta por cuidar su físico: “Esos días tengo que estar a full porque a las 12 de la noche empiezo los bailes y ya no tengo 30 o 40 años. Ya me pesan los años para moverme mucho y después ir a cantar porque me duele todo”.
Incluso, el hincha confeso de Belgrano aseguró que la trascendencia que tomó su figura en toda la provincia lo llevó a dejar la pasión en un costado: “Hoy soy de los cuatro de Córdoba: Belgrano, Talleres, Instituto y Racing. Viví muchas cosas con todos los clubes. Les hice canciones a los cuatro. Los pibes me cambian la mentalidad. Yo no puedo ser de Belgrano o decir en el baile ‘vamos Belgrano’ cuando los pibes tienen tatuado a Talleres en el brazo, por ejemplo”.
El hombre que tiene a Mario Alberto Kempes como su ídolo futbolístico marcó a varias generaciones con sus letras y hoy, a sus 75 años, está lejos de renegar sobre su pasado: “No me siento frustrado por renunciar a ser futbolista, para nada. Creo que la pegué. Si hubiera jugado al fútbol, a los 28 o 29 años, te dejaban afuera porque eras viejo. Además, a mediados de los sesenta, no se agarraba plata. Hubiese sido un jubilado del fútbol y un frustrado de la música. Pero Dios me dio la varita mágica y me dijo ‘elegí la canción’. No me muevo de Córdoba y casi 20.000 personas me siguen cada fin de semana. ¿Para qué otra cosa, si soy feliz con eso?“.
Más allá de esto, su relación con el fútbol continúa latente porque en junio pasado visitó la concentración de la selección argentina en Kansas City, en la previa al debut en la Copa del Mundo ante Argelia. El músico fue sorprendido por los cordobeses Julián Álvarez y Nahuel Molina, quienes permanecían detrás de las cámaras durante una entrevista con AFA Estudio. La Araña le obsequió una camiseta autografiada por él y todos los jugadores de la Albiceleste se tomaron una fotografía con La Mona antes de emprender un camino que los llevó hasta la final contra España.




