Idea para abuelos en modo Mundial: llevar a los nietos a conocer el circuito Messi en Rosario, la pasión y el barrio

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El Paseo Messi en Rosario reúne la escuela, la casa familiar, Grandoli, Newell’s y el Museo del Deporte Santafesino en un circuito sobre la infancia de Lionel Messi. REUTERS/Miguel Lo Bianco

La emoción generada por el buen desempeño del Seleccionado argentino en el Mundial es un sentimiento compartido por grandes y chicos y genera una oportunidad inmejorable para un mayor acercamiento y complicidad entre abuelos y nietos.

Una alternativa para ahondar en estos vínculos que dejan una huella imborrable en los niños es el recorrido por los sitios donde transcurrió la infancia del Capitán de la selección.

El Paseo Messi en Rosario nace como un circuito que entrelaza postales urbanas y recuerdos de infancia, transformándose en un mapa afectivo donde la figura del capitán argentino funciona como el puente perfecto entre generaciones, barrio y escuela.

En este circuito para recorrer de la mano entre grandes y chicos, las voces de una maestra, un profesor de educación física y su primer entrenador revelan el costado más humano del ídolo.

Todos ellos coinciden en un rasgo entrañable que atraviesa el tiempo, la competencia y la fama: el futbolista que hoy admiran los nietos conserva la misma timidez, la misma naturalidad y la misma pasión de aquel nene que corría al recreo sin querer soltar la pelota, un relato que los abuelos hoy pueden compartir y revivir en cada rincón de la ciudad.

Un mural de Lionel Messi con la camiseta de la selección argentina se exhibe en la fachada de un edificio en Rosario, Argentina.

La historia íntima de Leo Messi convive en Rosario con marcas urbanas. El homenaje hecho mural en Rosario dedicado al jugador mide 69 metros de altura y cubre 534 metros cuadrados, mientras que en el barrio La Bajada se multiplican los colores celeste y blanco y los murales que recuerdan su origen.

La reconstrucción del circuito suma además datos precisos de su formación deportiva. En el Complejo Malvinas Argentinas, la ficha 99.231 de la Asociación Rosarina de Fútbol indica que Messi se inscribió en Newell’s el 30 de marzo de 1994, debutó con cuatro goles en una victoria 6 a 0 ante Pablo VI y cerró su etapa infantil con 234 goles en 176 partidos.

Messi nació el 24 de junio de 1987 en el Hospital Italiano Garibaldi de Rosario. Desde allí, el recorrido enlaza la casa familiar en la zona sur, la Escuela N° 66 General Las Heras, el Club Abanderado Grandoli, Newell’s Old Boys, el Museo del Deporte Santafesino, el Paseo Olímpicos y los murales que hoy organizan una geografía de la memoria en torno al rosarino.

La escuela donde empezó el recuerdo íntimo

Andrea Eliana Sosa, que fue su maestra en quinto y sexto grado, ubicó ese rasgo en un espacio concreto de la escuela Las Heras: “Era su desesperación por ahí salir al recreo de estos salones que tenemos por aquí cerca y salir corriendo para el patio para ir a jugar a la pelota con sus compañeros”.

Escuela N° 66 General Las Heras, el lugar donde un pequeño Lionel contaba los minutos para salir a jugar con la pelota bajo la mirada de sus maestras. (Adrián Escandar)

La docente lo recordó como “un alumno tranquilo” y “muy querido por sus pares”. También precisó que cumplía con las tareas y que la familia seguía de cerca su escolaridad. “No era su pasión la escuela, pero sí cumplía por cuestión de obligación que los padres le exigían”, señaló.

La escena que más la marcó fue la continuidad entre el chico del patio y el futbolista consagrado. “Tengo ese recuerdo en mi mente de esas gambetas que hace ahora, verlas acá en el patio o en el SUM, en el otro patio donde él jugaba”, dijo.

Andrea Eliana Sosa recordó que Lionel Messi corría al recreo en la Escuela Las Heras para jugar a la pelota y cumplía con sus tareas escolares.

Sosa también ubicó la transformación del entorno social del barrio. Al recordar los años 1997 y 1998, cuando lo tuvo como alumno, afirmó que los chicos podían ir solos desde su casa hasta la escuela y describió un clima distinto al actual. “Ahora cambió todo. La situación es muy distinta y hay que tener cuidados”, explicó sobre la vida cotidiana en la zona.

En esa misma escuela ocurrió una de las visitas más recordadas. La maestra contó que Messi regresó en 2005, después del título juvenil en Holanda, y apareció de sorpresa durante un acto escolar: recorrió salón por salón, firmó autógrafos y se sacó fotos con alumnos y docentes. La institución lo recibió otra vez en 2007 para una reunión de exalumnos.

En uno de sus primeros viajes a la Argentina, un adolescente Lionel Messi volvió a las aulas de su infancia.

Los docentes lo recuerdan como un chico callado que cambiaba con la pelota

Enrique Domínguez, profesor de educación física, lo recordó así: “Lionel en la vida cotidiana es un chico tímido, es un chico callado. Costaba sacarle palabras, no era de los más participativos en el salón”, sostuvo.

La imagen que completa ese retrato llegó a través de una frase que, según recordó, repetía una compañera maestra: “Cuando Lionel se paraba arriba de una pelota de fútbol, cambiaba su personalidad”. Para Terés, esa marca de identidad se mantiene hasta hoy.

Estudiantes egresados de las escuela primaria General Las Heras posan frente a un mural de Messi, en el último día de clases. (AP Foto/Rodrigo Abd)

El profesor también subrayó un dato que entonces no parecía anunciar el futuro. Messi era “diminuto, chiquitito”, mientras que en el entorno escolar muchos creían que quien más se destacaba físicamente para el fútbol era su hermano Matías. “Uno siempre decía que tan chiquitito era difícil llegar”, admitió.

Su reconstrucción no se detuvo en el talento individual. Terés vinculó a Messi con una trama barrial de familias trabajadoras, espacios verdes, canchas infantiles y acompañamiento cotidiano. En ese paisaje ubicó a la madre del jugador llegando a la puerta de la escuela con trofeos ganados el fin de semana para mostrárselos a las maestras.

Un mural de Messi frente a su escuela en Barrio La Bajada. (Anita Pouchard Serra para The Washington Post)

El circuito urbano conserva esas huellas. Frente a la escuela, en la esquina de Azara y Buenos Aires, se levanta el mural “De otra galaxia y de mi barrio”, pintado durante la Copa América 2021 y declarado de interés turístico por el Ente Turístico Rosario. Allí aparece el rostro de Messi con dos botines colgando del cuello y una imagen de su infancia en el pecho.

Su primer entrenador vio a un chico que ya obligaba a quedarse mirando

Enrique Domínguez, el primer técnico de Messi, situó su primer recuerdo en un partido infantil que vio cuando el rosarino tenía diez años. “Me quedé realmente con la boca abierta”, contó. La impresión fue tan fuerte que volvió a la tribuna para seguir mirándolo y preguntar quién era ese chico.

Un año más tarde le tocó dirigir su categoría. “Leo en esa época tenía once años. Diez años cuando yo lo veo, once años cuando yo lo empiezo a dirigir”, precisó.

Enrique Domínguez sostuvo que Messi ya deslumbraba de niño en Rosario y destacó su naturalidad, su respeto y su sentido del juego colectivo.

Domínguez describió una continuidad que, a su juicio, explica parte de la dimensión del jugador. “Si hay algo que admiro de Leo es la naturalidad con la que ha llevado no solamente su carrera, sino su vida”, afirmó. Y agregó que, tal como se lo ve hoy, “siempre fue un chico muy respetuoso” con entrenadores, dirigentes, compañeros, rivales y árbitros.

El entrenador también recordó el costado competitivo del niño. En la liga rosarina existía un tope de seis goles por partido y Messi protestaba ante esa limitación. “Qué, ¿que no se puede modificar eso de que hagamos más goles?”, evocó Domínguez.

Esa ambición convivía, según su relato, con una noción poco común del juego colectivo para un chico de once años. “A veces llegaba hasta la boca del arco y podía hacer el gol, pero siempre se tomaba un segundo para ver la llegada de un compañero y darle el gol al compañero”, dijo sobre el equilibrio entre protagonismo y compañerismo.

Messi y sus comienzos.

Newell’s y Grandoli ordenan el origen deportivo de la historia

El recorrido por Rosario ubica en el Club Abanderado Grandoli una de las escenas fundacionales del mito. Allí, con apenas cuatro años, Messi ingresó a un partido infantil al que le faltaba un jugador, por iniciativa de su abuela Celia, y terminó aportando el gol del triunfo.

La etapa en Newell’s quedó fijada en números y memoria oral. El Complejo Malvinas Argentinas, la escuela de fútbol infantil del club, figura como el lugar donde comenzó su vínculo formal con la institución rojinegra. Allí se consolidó la categoría conocida como la Máquina del 87.

Empleados del club de fútbol Grandoli cargan un arco en la cancha para un partido de fútbol infantil en Rosario, Argentina, el sábado 2 de mayo de 2026. (AP Foto/Rodrigo Abd)

Domínguez explicó qué producía Messi en aquellos años en quienes iban a verlo. “Era imposible no quedarte a verlo”, afirmó al recordar la cantidad de gente que se acercaba a las canchas infantiles solo para observarlo jugar. Según su testimonio, incluso en clubes rivales sabían que ese día llegaba “el Leo Messi”.

Murales, museo y monumentos: la ciudad volvió patrimonio su infancia

La dimensión pública del circuito se extiende más allá de la escuela y los clubes. En el Museo del Deporte Santafesino, a metros de la casa donde se crió, hay un espacio exclusivo dedicado al rosarino que exhibe el Balón y el Botín de Oro donados por él mismo, además de una réplica de la Copa del Mundo 2022.

El museo ocupa el predio donde funcionaba el Batallón 121, un lugar al que, según el recorrido, Messi y sus amigos entraban de chicos para convertirlo en potrero. Hoy el edificio está dominado por un cubo metálico de 40 metros (131 pies) de altura en el Parque Héroes de Malvinas.

La ciudad también lo inscribió en su cartografía deportiva con la placa del Paseo Olímpicos, en la intersección de avenida Pellegrini y Entre Ríos, donde se recuerda la medalla de oro conseguida en Beijing 2008. En el Monumento a Mundialistas, dentro del Parque Nacional a la Bandera, su nombre aparece entre los futbolistas rosarinos que participaron en Copas del Mundo desde 1958 y se destaca su presencia en cinco ediciones.

La medalla Olímpica de Messi.

A esa secuencia se suma Central Córdoba, club en el que jugó un torneo infantil de verano en diciembre de 1995 y salió campeón ante Social Lux. Los registros audiovisuales de aquel paso lo muestran gambeteando y siendo decisivo, una imagen que dialoga con el recuerdo escolar de esas mismas maniobras en el recreo.

Una recomendación sobre cómo hacer el recorrido

El recorrido comienza en Barrio La Bajada, el lugar donde Lionel Messi pasó su infancia. Entre las calles Uriburu, Ayacucho, Sánchez de Thompson e Ibáñez todavía se conservan murales, postes y cordones pintados de celeste y blanco que recuerdan al capitán de la selección argentina. La visita es gratuita.

La casa natal de Messi.

A pocas cuadras se encuentra la Escuela N.º 66 General Las Heras, donde Messi cursó la primaria. Allí sus maestras todavía evocan al chico tímido que esperaba con ansiedad el recreo para salir a jugar al fútbol. En el establecimiento también pueden verse murales dedicados al rosarino. La entrada es gratuita.

El pasaje donde está la casa la familia Messi.

Frente a la escuela aparece el mural “De otra galaxia y de mi barrio”, pintado en 2021. La obra retrata a Messi con la frase que le da nombre y se convirtió en uno de los homenajes más fotografiados del circuito. Su acceso es libre y gratuito.

Otra parada clave es el Club Abanderado Grandoli, donde Messi disputó su primer partido oficial cuando apenas tenía cuatro años gracias al impulso de su abuela Celia. Frente al club también puede verse un mural que recuerda aquellos primeros pasos. La visita es gratuita.

Complejo Malvinas, donde Messi comenzó a jugar e Newell's.

El recorrido continúa por el estadio Marcelo Bielsa, de Newell’s Old Boys, el club donde Messi realizó gran parte de su formación futbolística. El estadio ofrece visitas guiadas con cupos limitados y entrada arancelada, mientras que el acceso al predio depende de la modalidad de cada visita.

Sobre la avenida Pellegrini se encuentra el Paseo Olímpicos, un homenaje a los deportistas rosarinos que representaron a la ciudad en los Juegos Olímpicos. Allí una de las placas recuerda la medalla de oro obtenida por Messi en Beijing 2008. El paseo puede recorrerse de manera gratuita.

Museo del Deporte Santafesino, muy cerca de la casa de Messi.

Muy cerca del barrio donde creció el futbolista funciona el Museo del Deporte Santafesino, que dedica un espacio exclusivo a Messi con el Balón y el Botín de Oro donados por el propio jugador, además de una réplica de la Copa del Mundo obtenida en Qatar 2022. La entrada es gratuita.

Entre los puntos más impactantes del recorrido aparece el mural “De otra galaxia y de mi ciudad”, una obra de 69 metros de altura ubicada sobre la avenida de la Libertad. Es uno de los homenajes urbanos más grandes dedicados al capitán argentino y puede visitarse sin costo.

Un carrito del Parque Independencia de Rosario, en las proximidades del estadio Coloso de Newell's.

El circuito también incluye el Monumento a Mundialistas, emplazado en el Parque Nacional a la Bandera. La instalación recuerda a los futbolistas rosarinos que participaron en Copas del Mundo, entre ellos Lionel Messi y Ángel Di María. El acceso es libre y gratuito.

Otra escala es el Complejo Malvinas Argentinas, la escuela de fútbol infantil de Newell’s donde Messi comenzó su etapa formal en el club y fue parte de la recordada “Máquina del 87”. La visita al lugar es gratuita.

El potrero donde empezó a jugar Messi.

El recorrido puede completarse en Central Córdoba, el club donde Messi jugó un torneo infantil en 1995 y se consagró campeón con la camiseta del Charrúa. Es uno de los episodios menos conocidos de su infancia futbolística y también puede visitarse de forma gratuita.

El ingreso de una casa, a metros del hogar natal de los Messi en la zona sur de Rosario.

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