
Mientras el gobierno libertario vive una nueva tormenta palaciega y las acusaciones de traición saltan de la Casa Rosada al mundo virtual con facilidad y rapidez, en el peronismo no pueden escaparse de esa misma lógica internista, donde el poder y la lealtad se anudan en cada conflicto que se mantiene latente. Un juego en espejo, donde ni los libertarios ni los justicialistas pueden escaparse de la asfixia que genera la confrontación. Mientras tanto, la palabra se degrada y la identidad se carcome.
En las últimas semanas hubo gestiones abiertas para que Axel Kicillof y Máximo Kirchner se reúnan a limar asperezas. Como un primer paso para generar una reunión con la ex presidenta en San José 1111. A ese trabajo estuvieron abocados tres intermediarios de trayectoria en esos menesteres: Gabriel Katopodis, Mariano Cascallares y Federico Otermín. Llamados, mensajes, propuestas. Idas y vueltas. Pero, hasta ahora, ningún movimiento logró el cometido.
El último intento fue hace poco. El 24 de abril, en La Plata, cuando Kicillof asumió la presidencia del PJ Bonaerense, Katopodis habló con Mayra Mendoza para tratar de avanzar en la organización del encuentro. El tema se puso en carpeta nuevamente, pero no prosperó. En ese momento el clima estaba caldeado en el kicillofismo por el mensaje que la legisladora quilmeña le había mandado a Carlos Bianco durante su internación en España por una intervención de urgencia.
En las filas políticas de Kicillof advierten que cada vez que se avanza, aparece un tema que se convierte en una piedra en el camino, como lo sucedido la semana pasada en el Teatro Coliseo Podestá, cuando un puñado de militantes cristinistas ingresó con una bandera que decía “Cristina Libre” a un acto del PJ Bonaerense y le pidieron al mandatario que se expida sobre el tema. La militancia kicillofista corrió ese reclamo al grito de “Axel presidente”. El aire se puso espeso.
En la gobernación dan por hecho que fue una movida del camporismo para escrachar a Kicillof. “De nuestro lado no hay ningún problema. Son ellos los que tiran piedras porque ven problemático el nuevo rol de Axel, cuando en verdad esa debería ser la mejor noticia para ellos”, aseguró a Infobae un ministro bonaerense con fuerte implicancia en el armado político. Las rispideces de siempre.
Cerca de Máximo Kirchner aseguran que cada vez que llegó la propuesta de realizar un encuentro, el líder camporista dijo que sí. “Hay absoluta predisposición. Hubo cerca de cinco propuestas, pero nunca se concretó. Donde quieran y cuando quieran. Máximo va a estar”, indicó a este medio un hombre de su confianza. Digentes del entorno de Kicillof coinciden en remarcar que el Gobernador “perdió la confianza” en los Kirchner y que hay un vínculo personal que está “muy desgastado”. Y, además, que se queja de lo que considera que son “palos en la rueda” que el camporismo pone en su gestión, en forma permanente.
Quienes frecuentan a Kicillof y saben cómo piensa, creen que es posible un encuentro con jefe de La Cámpora, pero que con CFK solo se sentará cuando haya que tomar decisiones importantes en materia electoral. Una de esas tal vez sea un posible desdoblamiento electoral en la provincia respecto a la elección nacional. El Gobernador no tiene la decisión tomada, pero en el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) empujan la idea de que desdoble, ya que entienden que la jugada salió bien en las elecciones del año pasado. En la teoría, Kicillof podría tomar impulso para la presidencial con un triunfo en su territorio.
Además del desdoblamiento, hay temas pedientes de resolver que generarían la necesidad de un encuentro. La reelección indefinida de los intendentes bonaerenses y la posibilidad de unas PASO o el armado de una interna son algunas de ellas. Pero el momento nunca llega. Si para un encuentro en el dpto donde cumple su condena CFK, ni para una reunión con el lìder de La Cámpora.
El economista no tiene en su agenda ir a ver a la ex mandataria, pese a las presiones y a los pedidos de distintos sectores del peronismo para que lo haga. En el fondo, cree que si va, solo será para que la líder peronista descargue su enojo y su furia por actitudes que no le gustaron. Entiende, entonces, que no servirá para empezar a buscar un acuerdo electoral sólido.

Tal como contó este medio, en el corazón del cristinismo piensan que el primer paso lo tiene que dar Kicillof, porque “él fue quien comenzó esta interna”. En ese punto también hay diferencias. En la gobernación consideran exactamente lo contrario a lo planteado por el sector K. “Máximo vino a La Plata a hacer un acto y putear a Axel. ¿De verdad la interna la arrancamos nosotros?“, fue la queja que emanaron. Y agregaron: ”¿Por qué no rompen ellos? ¿Por qué no dicen de una vez que no lo van a apoyar a Axel?“.
El acto del líder de La Cámpora en el Teatro Atenas, el 20 de septiembre del 2024, es un piedra en la hoja de ruta kirchnerista que Kicillof no olvida. Esa tarde le dedicaron un tema con ritmo de cumbia: ”Si queres otra canción, vení te presto la mía“. Fue la respuesta a la idea del Gobernador sobre la necesidad de componer “nuevas canciones”, que alteró el ecosistema del peronismo bonaerense a principios de septiembre del 2023.
Hay otro momento importante que dañó la confianza. Fue el 18 de octubre del 2024, cuando Cristina Kirchner, sin nombrarlo, apuntó contra Kicillof en una reunión de Smata. “Los Poncio Pilatos y los Judas en el peronismo no van más”, sentenció. En ese momento se estaba discutiendo la presidencia del PJ Nacional. El riojano Ricardo Quintela quería una elección con CFK que nunca llegó. Kicillof, cercano al “Gitano”, evitó pronunciarse por alguno de los dos. Nunca pidió por la líder peronista al frente del partido y la ex presidenta y su círculo político lo tomaron como un acto de deslealtad. A partir de ahí, su nombre estuvo seguido de la palabra “traidor”.
Un tercer hecho que destacan en La Plata es el desdoblamiento electoral del año pasado, en el medio de una batalla estéril por el desarrollo de la estrategia electoral. Kicillof decidió desdoblar pese a los cuestionamientos del cristinismo para que no lo haga. Poco después de anunciarlo en la gobernación, el sector de CFK lo acusó de fracturar el peronismo, de preferir romper con la ex mandataria antes que enfrentar a Milei y de “desmembrar el proyecto nacional” del espacio político.

En el cristinismo también tienen sus hitos de ofensa. Acusan a Kicillof de desleal por no apoyar a CFK en el PJ, le reclaman por no haber ido a verla al Sanatorio Otamendi cuando estuvo internada en diciembre del año pasados y le endilgan el quiebre del peronismo bonaerense por su decisión de separarse de una figura con la que, según creen, tarde o temprano se va tener que volver a sentar, si es que quiere que su recorrido hacia la candidatura presidencial tenga sustento.
Cristina Kirchner y Axel Kicillof están en un laberinto sin salida. Parecen, a priori, existir dos formas de escaparse. Romper una de las paredes y tomar una decisión unilateral que desprograme la lógica interna o, en un movimiento clásico, tratar de salir por arriba, con un acuerdo fundado en las necesidades políticas y en un pacto de no agresión. Ganamos todos o perdemos todos. Pero en algún momento hay que frenar. De eso se trata.
En la primer escapatoria posible, la opción que algunos dirigentes temen es que, sin posibilidad de consenso, la ex presidenta decida romper el molde, poner en cancha un candidato propio y dar de baja cualquier posibilidad de apoyo al Gobernador. “Si Cristina dice que Axel no es su candidato, baja 15 puntos automáticamente”, reflexiona un consultor que sigue de cerca las variables del peronismo. Creer o reventar. Pero es un escenario posible que varios dirigentes sostienen como hipótesis.
La única forma en que ese lazo kirchnerista se rompa parece ser por una decisión de Cristina Kirchner. El mandatario bonaerense ya ha dado sobradas muestras de que no tiene intención de quebrar definitivamente el vínculo. En todo caso, está dispuesto a convivir con el desgaste de la relación y sobrellevar los cortocircuitos. Cada vez que alguna crítica o frase desafortunada sale de las usinas cristinistas, en La Plata repiten la misma frase: “Nos hacen un favor”.

En el kicillofismo entienden que la expresión de los cuestionamientos a Kicillof terminan por diferenciarlo del esquema que conduce CFK. “Que sigan haciendo berrinches mientras nosotros crecemos. Callados la boca nos hacen más daño”, suele decir un funcionario de primera línea del gabinete. Kicillof no va a romper la coalición. No va a echar a los ministros de La Cámpora. Y no va a meterse, en primera persona, en la interna. “Se la pasan hablando de Axel, lo van a terminar haciendo presidente”, reflexionaron, con ironía, muy cerca del Gobernador.
En paralelo a los reproches cruzados, se van amontonando voces del peronismo que reclaman una reunión entre Kicillof y CFK, como una forma de sellar la paz y empezar a avanzar en el diseño de una estructura electoral amplia y sólida. “Van a tener que juntarse. Porque nosotros hacemos política. Y en la política hay que hablar. No existe la posibilidad de que haya tres estrategias electorales distintas. Que vaya Massa por un lado, CFK por otro y Axel por otro. Hay que ponerse de acuerdo porque la estrategia es una sola”, dijo, con cierto agotamiento en la espalda, un influyente intendente del conurbano bonaerense.
Hay varios jefes comunales y legisladories que consideran necesario que el encuentro se materialice cuanto antes. Entre la dirigencia sobresale la postura de Sergio Massa. El líder del Frente Renovador cree que Kicillof debe ir a verla. Sea por una cuestión política o por una cuestión humana. Pero ir. Pasar por arriba de los dimes y diretes que rodean su posible visita a San José 1111, concretar un encuentro y seguir adelante. Sino, entiende, está detenido en un lugar en el que se desgasta solo.

En los últimos años Massa ha aparecido terciando en las batallas kirchneristas. En esta vuelta, mira desde afuera. Al menos, por ahora. Su futuro electoral recién se definirá el año que viene, de acuerdo al contexto y las circunstancias. Siempre es un presidenciable que está flotando en las arterias peronistas. En más de una oportunidad, le ha planteado a Kicillof la necesidad de que se ponga por encima de los conflictos con el cristinismo y sea el candidato de todo el peronismo, no el líder de una línea interna. Entiende que está encerrado en ese lugar y que hay un problema político, pero también personal. Una mezcla peligrosa.
Después del Mundial de fútbol el reloj electoral empezará a correr más rápido. Kicillof va a su tiempo, convencido de que en cada paso solidifica sus pretensiones nacionales. Cristina Kirchner espera su momento. Sabe que aún encerrada y sin poder competir, su voz y su cara arrastran miles de votos. Máximo Kirchner le abre una puerta a un acuerdo pero advierte que en el camino habrá espinas. Ningún actor saldrá sin raparse. O lo aceptan o la realidad, inevitablemente, se los hará saber de forma brusca.



