
El balotaje en Brasil, los insultos de Javier Milei a periodistas en la cena de la Fundación Faro, la negativa presidencial a reconocer el triunfo de Lula da Silva y la negociación en torno a la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional comprimieron en una semana todas las tensiones que el PRO acumula: ser oficialismo y ser oposición. El resultado –o el efecto colateral-, fue una convergencia discursiva con Patricia Bullrich que, pragmática, comenzó un operativo para diferenciarse de las posiciones más extremas del Presidente.
La señal más reciente llegó el domingo, horas después del balotaje en Brasil. Mientras Javier Milei —que había respaldado abiertamente a Flávio Bolsonaro durante la campaña y compartido publicaciones que cuestionaban el proceso electoral— guardaba silencio, la cuenta oficial del PRO en X fue una de las primeras voces de la dirigencia argentina en reconocer el triunfo de Luiz Inácio Lula da Silva.
“El resultado de las elecciones presidenciales de Brasil abre una nueva oportunidad para afianzar un vínculo que es histórico y permanente. Nuestra relación estratégica es un pilar fundamental que se fortalece con cada nueva etapa democrática”, publicó el partido. El texto concluyó con una felicitación directa al mandatario reelecto y con una declaración de vocación de “diálogo y cooperación” en la relación bilateral.
A título personal, Mauricio Macri también se pronunció el lunes: “Quiero saludar al pueblo brasileño y felicitar a Lula da Silva en su cuarto triunfo electoral. Que su nuevo mandato traiga prosperidad y crecimiento para su país y también la región”. En otro comunicado, elaborado por la Secretaría de Relaciones Internacionales del partido, conducida por Fulvio Pompeo, se advirtió que “los resultados electorales importan: cambian prioridades, alianzas y rumbos”.

“Para Argentina consideramos que es estratégico el vinculo con Brasil. Tenemos muchos temas de interés común y de largo plazo. También compartimos desafíos”, señaló Pompeo a Infobae. El contraste con Milei y el gobierno nacional quedó evidente en varios planos. Milei todavía se niega a reconocer el triunfo de Lula y colaboró para que Flávio Bolsonaro viaje rumbo a Estados Unidos, desde donde se autoproclamó “verdadero presidente electo de Brasil” y agradeció a Donald Trump y al mandatario argentino.
Desde el PRO, además, ampliaron el análisis a un contexto regional más amplio, como los procesos electorales en Israel, Estados Unidos y España: “Hace falta una diplomacia inteligente, capaz de construir relaciones estratégicas incluso con quienes piensan distinto”.
En la misma línea se manifestó Bullrich. “La gente decide en las urnas y su voluntad se respeta. Ese es el principio fundamental de toda democracia, escribió la senadora y excandidata presidencial por Juntos por el Cambio. La exministra de Seguridad reconoció las profundas diferencias políticas con el nuevo gobierno de Brasil, pero las subordinó a una lectura pragmática: países que comparten una historia, intereses estratégicos y enormes oportunidades de cooperación. La declaración se alineó punto por punto con los comunicados del PRO, y contrasta con el silencio —y los antecedentes— del Presidente.
Bullrich también dedicó un párrafo a Bolsonaro, el candidato derrotado al que Milei había apoyado abiertamente, para deslizar una advertencia sobre la calidad democrática: “Es importante que la democracia no sea binaria: el que gana gobierna y el que pierde va a la cárcel. La utilización de una Justicia no imparcial como instrumento para eliminar a la oposición es una herramienta de poder que nunca puede ser el camino de una democracia”.

La semana pasada el partido ya se había desmarcado de Milei tras las descalificaciones del Presidente hacia su par de España, Pedro Sánchez, y una periodista durante su visita a Madrid, y los agravios contra la prensa en la cena de la Fundación Faro, donde sostuvo que los periodistas que cubrieron la causa $LIBRA “se tienen que quemar en la hoguera” y los llamó “hijos de puta”, “ensobrados” y “mercenarios de la mentira”.
La conducción nacional del partido trabajó un borrador con una postura más fuerte contra Milei. Finalmente, se resolvió difundir un texto más moderado: “La libertad de prensa, el respeto por quienes piensan distinto y la responsabilidad de quienes ejercen funciones públicas son valores que se cuidan todos los días, no solo durante una elección”.
Las críticas más duras quedaron a cargo de dirigentes que, en su mayoría, prefieren trazar una distancia mayor con el oficialismo. María Eugenia Vidal, titular de la Fundación Pensar, advirtió que el Presidente “cruza un límite” y que “la libertad no se defiende desde una hoguera, sino con respeto y coherencia”. Silvia Lospennato opinó que “normalizar la violencia verbal es jugar con fuego”. Martín Goerling, titular del bloque PRO en el Senado, y el precandidato presidencial Hernán Lacunza también expresaron sus reparos.
Un mes antes, el 23 de septiembre, otra llamada de atención. Esta vez, el contexto fue la política en materia de discapacidad: el PRO cuestionó de forma directa al Gobierno por incluir en el proyecto de Presupuesto 2027 cambios que, según el partido, “debilitan herramientas fundamentales para garantizar prestaciones y pensiones”. “En el manejo de la política de discapacidad, el Gobierno se equivocó”, afirmó el texto, que concluyó con una frase que sintetiza la postura del partido frente a la alianza con LLA: “Acompañar y blindar el cambio también implica marcar límites. Este, para el PRO, es uno de ellos.”
El encuadre doctrinario de todos estos movimientos lo dio el diputado nacional Fernando de Andreis, uno de los colaboradores más cercanos a Macri. En una extensa publicación en X, explicó que las intervenciones públicas del PRO responden a una decisión consciente de abrir debates de largo plazo que la “urgencia de la coyuntura” desplaza de la agenda. “Brasil, por su historia y su peso estratégico, es un socio clave: cuidar ese vínculo requiere diálogo, cooperación y una mirada práctica sobre los desafíos comunes”, escribió.
En esta línea, el partido ahora podría abrir otra ventana de diferenciación: el estado de la infraestructura y la paralización de la obra pública. Mientras tanto, tiene que definirse la organización de los acuerdos electorales de cara a 2027, con la mesa que coordina el jefe de Gabinete, Diego Santilli, desde Casa Rosada.
El partido a dos velocidades
El contraste entre la retórica pública y doctrinaria y la práctica parlamentaria, las dos velocidades que configura al partido en su relación con LLA, quedó en evidencia con la negociación en torno al proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, que el oficialismo anunció por cadena nacional y pretendía dictaminar con urgencia.
Después de semanas de negociaciones y postergaciones por falta de acuerdos, La Libertad Avanza aceptó modificaciones sustanciales para sumar las 60 firmas que obtuvo el dictamen de mayoría en el plenario de las comisiones de Defensa Nacional, Legislación Penal y Relaciones Exteriores y Culto, celebrado este martes. El PRO, que reclamó cambios, y la Unión Cívica Radical (UCR) fueron decisivos para alcanzar ese número.
Son diferencias de práctica y de tono, sobre todo entre dirigentes como Vidal, Lacunza o Lospennato, quienes priorizan la preservación de una identidad republicana e institucional que los distinga del estilo y los excesos de LLA de cara a las legislativas de 2027, y el ala ejecutiva, encabezada por De Andreis y Cristian Ritondo, que garantiza la gobernabilidad de Milei en Diputados.
En cuanto a Bullrich, en el PRO reconocen como “una buena noticia” los últimos movimientos de la senadora, aunque los circunscriben a una clave electoral. “Le habla a nuestro electorado, al que votó a Milei en segunda vuelta pero hoy no está conforme con el Gobierno”, admitió un importante dirigente a Infobae. De todas formas, aseguran, no hay relación entre los ex aliados, salvo a nivel institucional, en el Senado, a través de Goerling. El propio Macri, y muchos en el partido, no cicatrizan que la exministra haya negociado en soledad su incorporación el gobierno de Milei, y renunciado a la identidad amarilla para sumarse a las filas de LLA. Es una herida que aún no cierra.



