El 23 de octubre de 2001, Steve Jobs presentó en Cupertino un dispositivo que cambiaría la historia de la tecnología y de la cultura popular con una promesa simple pero demoledora: “1000 canciones en tu bolsillo”. Transcurridas dos décadas y media desde aquel hito, el iPod dejó una huella imborrable en la industria musical, y transformó a Apple de una compañía de computadoras al gigante global de la electrónica de consumo que conocemos hoy.
Los secretos técnicos del primer reproductor
Aquel modelo original de iPod irrumpió en un mercado donde ya existían los reproductores portátiles de música en formato MP3 (como alternativa al Discman, que llevaba más de 15 años en el mercado), pero eran todos de marcas ignotas, más enfocadas en la proeza técnica del dispositivo que en su diseño y usabilidad.

El iPod, en cambio, venía de Apple, una compañía que estaba resurgiendo de sus cenizas con la vuelta de Steve Jobs y el debut de las iMac, en 1998. Con un precio de lanzamiento de 399 dólares y pensado en un principio de forma exclusiva para usuarios de Mac, el primer iPod pesaba 184 gramos y ostentaba un diseño pulido en acero inoxidable y policarbonato blanco. Su gran corazón técnico era un diminuto disco rígido de 1,8 pulgadas, desarrollado por Toshiba, con 5 GB de capacidad, lo que permitía albergar un millar de canciones con calidad de CD (en formato MP3, un estándar creado en 1995 en Alemania para ofrecer audio en un archivo que ocupaba 10 veces menos memoria con una diferencia de calidad sonora casi imperceptible) e incorporaba un sistema de memoria caché para evitar saltos durante la reproducción.

Para resolver el dilema de cómo navegar entre cientos de archivos sin recurrir a un teclado o a una botonera, Phil Schiller concibió la icónica rueda de desplazamiento (scroll wheel), que permitía desplazarse por menús y listas dependiendo solo del dedo pulgar. El hardware se completaba con una pantalla LCD monocromática de 160×128 píxeles con retroiluminación LED blanca, un amplificador de 60 mW para garantizar graves profundos, auriculares earbuds con imanes de neodimio (cableados, claro) y una batería de polímero de litio que ofrecía hasta 10 horas de autonomía continua. Sin embargo, la verdadera ventaja competitiva estuvo en su velocidad: gracias a la conexión FireWire y a la sincronización automática (Auto-Sync) mediante iTunes 2, la transferencia de un álbum completo se completaba en apenas diez segundos.
Vendió 125.000 unidades en el primer trimestre en el mercado y definió un segmento entero que dominaría el mundo de la música portátil durante toda esa década. Tuvo múltiples competidores de una cantidad enorme de marcas (incluso algunas que quedaron muy asociadas con el segmento, como Creative), pero ninguna logró la identificación de marca que tuvieron Apple y el iPod.
Una evolución en tamaño y tecnología
La evolución del iPod no se detuvo: en 2002, la segunda generación sustituyó la rueda mecánica por una rueda táctil sólida. Para 2003, la tercera generación introdujo cuatro botones auxiliares retroiluminados, el conector de base de 30 pines y la integración nativa con la naciente iTunes Store. El año 2004 trajo la consolidación de la rueda Click Wheel en el iPod de cuarta generación, el nacimiento del iPod Mini —con chasis compacto de aluminio en múltiples colores— y el desembarco del iPod Photo, el primer modelo en incorporar pantalla a color.

En 2005, la compañía diversificó su catálogo con dos conceptos opuestos pero masivos: el iPod Shuffle, un reproductor ultraportátil con almacenamiento flash, sin pantalla, enfocado en la reproducción aleatoria, y el iPod Nano, un modelo ultradelgado que reemplazó al Mini. El punto de inflexión llegó en septiembre de 2007 con la presentación del iPod Touch, que adoptó el diseño y mayor parte del hardware del flamante iPhone, con su pantalla táctil capacitiva de 3,5 pulgadas, la conectividad Wi-Fi y el sistema operativo iOS (que le permitía sumar aplicaciones), convirtiéndose en un centro multimedia portátil.

El retiro de una leyenda
En ese iPod Touch de 2007 estaba el inicio de su fin: la familia del iPhone que saldría en los años siguientes ofrecía la misma capacidad para reproducir música, sumaba funciones y, como buen teléfono celular, estaba siempre con el usuario. Con la llegada de las plataformas de streaming como Spotify (su debut público fue en 2008) la suerte del iPod estaba definida.
Entre medio, Apple hizo posible la venta de canciones individuales a 0,99 dólares a través de su tienda iTunes (como alternativa a la compra de un álbum entero en CD), con la que ganó fortunas; le ofreció a la industria discográfica una alternativa a la piratería que las conexiones de banda ancha y las redes P2P tipo Napster hicieron posible, y creó un modelo de negocio digital que derivó en las plataformas actuales de streaming de música por un pago mensual.

Para dimensionar el impacto del iPod: en 2002 vendió 376.000 unidades; un año después, cerca de 4 millones; en 2004, unos 9 millones; en 2005, 20 millones. Para 2006 el iPod y las ventas de música representaban el 40% de toda la facturación de Apple. El pico de ventas se dio en 2008, coincidiendo con la revolución del iPhone: más de 58 millones de iPods vendidos.
Apple discontinuó el iPod Classic en 2014, seguido por los Nano y Shuffle en 2017. El capítulo final se escribió el 10 de mayo de 2022, cuando la empresa anunció el cese de producción del iPod Touch —el último modelo en catálogo— tras acumular más de 450 millones de unidades vendidas a nivel mundial, sumando todas las generaciones de reproductores de audio de la compañía.

Aun así, el legado del iPod y de los reproductores de MP3 que lo precedieron sigue vigente, con la aparición de dispositivos portátiles dedicados únicamente a la reproducción de música, que también permiten ver videos, como el flamante Sony Walkman NW-WM1ZM3, un reproductor multimedia de edición especial, con una carcasa enchapada en oro, con Android 16, una pantalla de 5,5 pulgadas, chasis de cobre libre de oxígeno, compatibilidad con formatos FLAC, Apple Lossless, DSD, MQA y WAV (es decir, sin la pérdida de calidad sonora que puede tener el MP3), y un precio notable de 5900 dólares.
No es necesario irse tan lejos, claro: es posible optar por alguno de los múltiples émulos del iPod original, con un diseño similar, funciones básicas de audio (música, podcasts, audiolibros) y sin notificaciones que nos interrumpan, que se pueden conseguir por 50 a 100 dólares en tiendas internacionales, o 50.000 a 100.000 pesos en el mercado nacional, muchos de ellos incluso con Bluetooth para quienes quieren prescindir de los cables.



