Un sábado por la mañana, te dirigís a la ferretería. Las cámaras Ring de tus vecinos filman tu caminata hacia el auto. Los sensores, cámaras y micrófonos de tu vehículo registran tu velocidad, cómo manejás, a dónde vas, quién te acompaña, qué decís y anotan métricas biológicas como la expresión facial, el peso y la frecuencia cardíaca. Tu auto también puede recopilar mensajes de texto y contactos de tu smartphone conectado a él.
Mientras tanto, tu teléfono detecta y registra continuamente tus comunicaciones, información sobre tu salud, qué aplicaciones estás usando, y rastrea tu ubicación mediante antenas de telefonía celular, satélites GPS, WiFi y Bluetooth.
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Cuando entrás al local, sus cámaras de vigilancia identifican tu rostro y siguen tus movimientos por los pasillos. Si luego usás Apple Pay o Google Pay para pagar tu compra, tu teléfono registra qué compraste y cuánto pagaste.
Todos estos datos se vuelven rápidamente disponibles comercialmente, comprados y vendidos por intermediarios de datos. Agregados y analizados por inteligencia artificial, revelan información detallada y sensible sobre vos que puede utilizarse para predecir y manipular tu comportamiento, incluyendo qué comprás, qué sentís, qué pensás y qué hacés.
Las empresas recopilan datos de la mayoría de tus actividades de forma unilateral. Este “capitalismo de vigilancia” suele no estar relacionado con los servicios que te brindan los fabricantes de dispositivos, las apps y las tiendas. Por ejemplo, Tinder planea usar IA para escanear todo el contenido de tu galería de fotos. Y, pese a sus promesas, “darse de baja” no detiene realmente la recolección de datos por parte de las empresas.

Si bien las empresas pueden manipularte, no pueden meterte en prisión. Pero el gobierno de Estados Unidos sí puede y, actualmente, compra enormes cantidades de información tuya a intermediarios de datos comerciales. El gobierno puede hacerlo porque la información que adquiere no está sujeta a las mismas restricciones que la que recopila directamente.
El gobierno federal también está aumentando su capacidad de recopilar datos directamente mediante asociaciones con empresas tecnológicas privadas. Estas alianzas de vigilancia se están consolidando, tanto a nivel interno como internacional, a medida que los avances en IA llevan la vigilancia a niveles sin precedentes.
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Como abogada especializada en privacidad, vigilancia electrónica y derecho tecnológico, además de autora y docente, he dedicado años a investigar, escribir y asesorar sobre cuestiones legales vinculadas al uso de datos y la vigilancia. Para entender estos temas, es clave saber cómo funcionan estas tecnologías, quién recopila qué datos sobre vos, cómo pueden usarse en tu contra y por qué las leyes que creés que protegen tu información no se aplican o son ignoradas.
Números inéditos
El presupuesto del Congreso está impulsando enormes inversiones gubernamentales en tecnología de vigilancia y análisis de datos basados en IA, que automatiza el procesamiento de grandes volúmenes de información. La ley fiscal y de gasto de 2025 otorgó al Departamento de Seguridad Nacional un presupuesto anual sin precedentes de US$165.000 millones. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, parte de ese departamento, recibió unos US$86.000 millones.
La filtración de documentos presuntamente hackeados del Departamento de Seguridad Nacional revela una vasta red de vigilancia que abarca a todos los estadounidenses.
Este organismo está ampliando sus capacidades de vigilancia con IA mediante un aumento de contratos con empresas privadas. Según se informa, financia compañías que desarrollan más vigilancia automatizada en aeropuertos; dispositivos para convertir teléfonos de agentes en escáneres biométricos; y una plataforma de IA que recopila datos de llamadas al 911 para crear mapas geoespaciales que predicen tendencias de incidentes. Este tipo de predicción puede considerarse “policía predictiva”, que usa datos para anticipar dónde, cuándo y cómo podría ocurrir el delito.

También ha gastado millones en software basado en IA que detecta sentimientos y emociones en publicaciones online. ¿Criticaste políticas migratorias en internet? Si es así, empresas como Google, Reddit, Discord y Meta (dueña de Facebook e Instagram) podrían haber enviado datos identificatorios tuyos —como nombre, correo electrónico, teléfono y actividad— en respuesta a cientos de citaciones del organismo.
Mientras tanto, el marco de política nacional sobre inteligencia artificial de la administración Trump, publicado el 20 de marzo de 2026, insta al Congreso a usar subsidios e incentivos fiscales para financiar un despliegue más amplio de herramientas de IA en la industria estadounidense, y a permitir que empresas y universidades utilicen bases de datos federales para entrenar IA.
El uso de estos datos genera preocupaciones legales sobre la privacidad, ya que contienen detalles sensibles de toda la vida de una persona, incluyendo información biográfica, laboral y fiscal.
Límites difusos y poco control
En inteligencia exterior, financiar y desarrollar ciertas herramientas de recolección de datos con IA puede tener sentido si existe control adecuado. El nuevo marco de adquisiciones de la CIA para colaborar con el sector privado puede ser legal bajo supervisión. Pero la línea entre colaborar por seguridad nacional y el espionaje interno ilegal se está volviendo peligrosamente difusa o directamente ignorada.
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Por ejemplo, el Pentágono consideró a la empresa Anthropic un riesgo para la seguridad nacional, porque se negó a permitir que su modelo de IA Claude se utilizara para vigilancia masiva interna o armas totalmente autónomas.
El 18 de marzo de 2026, el director del FBI, Kash Patel, confirmó ante el Congreso que el organismo compra datos de estadounidenses a intermediarios, incluyendo historiales de ubicación, para rastrear ciudadanos.
A medida que el gobierno acelera el uso de tecnología de vigilancia con IA, también reduce los controles sobre su uso. Además del marco nacional que desalienta regulaciones estatales, el presidente emitió órdenes ejecutivas para acelerar la adopción de IA, eliminar barreras regulatorias y evitar el uso de modelos que intenten corregir sesgos. Sin embargo, el uso de IA avanzada implica riesgos, como agentes que actúan de forma impredecible, filtran datos sensibles o se vuelven peligrosos incluso en tareas rutinarias.
Tus datos
El sistema de capitalismo de vigilancia requiere que las personas participen sin saberlo en un ciclo de vigilancia colectiva y personal. Cámaras de timbres, lectores de patentes y redes sociales hiperlocales crean un registro colectivo de movimientos en espacios públicos.

Los sensores en teléfonos y dispositivos wearables —como auriculares o anillos— recopilan cada vez más información sensible: frecuencia cardíaca, oxígeno en sangre, niveles de estrés, patrones de conducta, cambios neurológicos e incluso ondas cerebrales. Los smartphones pueden usarse para diagnosticar enfermedades como el Parkinson y los auriculares para monitorear la salud cerebral.
Estos datos no están protegidos por la ley HIPAA, porque las empresas tecnológicas no son consideradas proveedores de salud ni estos dispositivos son clasificados como médicos.
Protecciones legales
Las personas tienen pocas opciones al comprar dispositivos o usar apps: deben aceptar términos extensos que autorizan la recolección y venta de sus datos. Ese “consentimiento” permite que la información termine en un mercado poco regulado.
El gobierno sostiene que puede comprar legalmente estos datos. Pero al hacerlo en masa, estaría eludiendo la Constitución, decisiones de la Corte Suprema y leyes diseñadas para proteger la privacidad.
La Cuarta Enmienda prohíbe registros y confiscaciones irrazonables. Fallos judiciales exigen órdenes para revisar teléfonos o rastrear ubicaciones. Y la ley de privacidad de comunicaciones prohíbe interceptar comunicaciones sin autorización.
Sin embargo, el Congreso no ha logrado aprobar leyes eficaces para proteger la privacidad de datos o limitar el uso de IA. Los tribunales, además, han permitido que las empresas debiliten estas protecciones alegando consentimiento.
En mi opinión, una forma de empezar a resolver estos problemas es restaurar el alcance de las leyes existentes y que el Congreso finalmente apruebe normas que protejan la privacidad y reduzcan los riesgos de la inteligencia artificial.



