Es argentino, edita audio para Netflix y explica cómo se construye el sonido que no se ve

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En un estudio de Igloo Music, en Burbank, Los Ángeles, entre consolas, amplificadores y micrófonos de alta gama, hay un elemento que no forma parte del equipamiento técnico: un mate. Es de Máximo Abraham, músico argentino de 30 años, criado en Ituzaingó, que trabaja en el detrás de escena del sonido de películas y series para plataformas como Netflix, Amazon o Disney.

Su trabajo no suele verse. Pero sin él, muchas escenas no funcionarían igual.

A los 20 años, después de haber intentado estudiar Administración de Empresas y Contabilidad, viajó a Boston para una prueba intensiva en el Berklee College of Music. Consiguió una beca, se formó durante cuatro años en música para cine y, tras la pandemia, se mudó a Los Ángeles.

En abril de 2021 ingresó como pasante en Igloo Music, el estudio dirigido por el productor argentino Gustavo Borner. Allí empezó desde tareas básicas, pero rápidamente se especializó en procesos técnicos de grabación, mezcla y postproducción.

“Aprendí mucho de todo el uso de la parte análoga y también de lo digital, algo que también utilizo a la hora de trabajar con la música”, resume.

Parte central de su trabajo consiste en preparar el audio de películas y series de diversos idiomas para que puedan adaptarse al inglés, sin perder naturalidad. Para eso utiliza herramientas como VoiceQ y Pro Tools, que permiten alinear diálogos y sonidos, y iZotope RX, para limpiar grabaciones.

Máximo Abraham es músico y también sonidista; trabaja en Los Angeles corrigiendo las bandas de sonido de series y películas para Netflix

Aprender a escuchar

El proceso es invisible para el espectador, quien solo aprecia que las voces encajan, los sonidos coinciden con lo que se ve en pantalla y las escenas parecen originales, aunque hayan sido reconstruidas.

Y requiere pensar en capas; organizar los archivos que envía el equipo de un compositor, editar cada una de esas pistas, grabaciones orquestales y no orquestales y reorganizar todo con el software de edición para que quede listo para su mezcla.

Con el tiempo, Máximo participó en producciones de alto perfil como X-Men 97, Inside Out 2, Wish, The Diplomat, Good American Family, Spacewoman, la última Superman y A complete unknown, la biopic sobre Bob Dylan, además de mezclas internacionales de bandas sonoras para Amazon o Disney.

Pero estar en un ambiente como Los Ángeles también le permitió conocer a figuras del espectáculo como el baterista de Paul McCartney, Abraham Laboriel Jr., y músicos argentinos. Entre ellos, a Fito Páez, con quien trabajó en distintas grabaciones, incluyendo Los Años Salvajes, Novela y el proyecto por los 30 años de El amor después del amor.

Fue el trabajo con el sonido del cine el que cambió su forma de escuchar: “Aprendí a escuchar más allá de la superficie, identificar matices o sonidos que están donde deberían. Puedo saber si un instrumento está en el lugar y tono correcto”.

Ese entrenamiento técnico también impacta en su música, cuando después de varios proyectos empezó a trabajar en su primer disco solista: “Quiero hacer un disco más orgánico, grabando voz y guitarra al mismo tiempo y no tocarlo demasiado en la post”.

Aunque alejado de su tierra natal demasiado tiempo (incluyendo cuando la pandemia lo mantuvo alejado de la Argentina hasta 2024), reforzó su vínculo con sus raíces: “Empecé a escuchar más música argentina desde que me fui, y lo que nunca dejé fue el mate: estoy a full todo el día, aunque ahora solo tomo cuando mis amigos me traen yerba”.

En una industria cada vez más atravesada por herramientas digitales, su trabajo se apoya en una combinación difícil de reemplazar: tecnología de precisión y un oído entrenado para detectar lo que no se ve.

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