Durante mucho tiempo, la supremacía de los países se medía por su capacidad militar y territorial. Así ocurrió desde los tiempos en que Inglaterra, España y Francia conquistaban territorios y tenían colonias en todo el mundo hasta la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la antigua Unión Soviética se disputaban la supremacía armamentística y tecnológica. Pero, en los últimos tiempos, otra herramienta comenzó a marcar el pulso de la disputa por el poder económico entre países: la inteligencia artificial. “Estamos ante un nuevo capítulo de la puja hegemónica entre Estados Unidos y China”, explicó Luciano Bolinaga, director del Centro de Estudios de Asia de la Universidad Austral.
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Efectivamente, la semana pasada hubo una seguidilla de sucesos que volvieron a poner sobre la mesa el protagonismo y el poderío de la IA. Todo empezó con Jacob Coxon, un exempleado de Anthropic que trabajó durante tres años como investigador en la empresa. La semana pasada, el científico hizo pública su renuncia y aseguró que “quienes están construyendo la IA creen sinceramente que podrían matarnos a todos antes de que acabe la década”. Evan Hubinger, actual investigador especializado en alineación dentro de la misma compañía, aseguró en su cuenta de X: “Realmente creemos con sinceridad que la IA podría matar a todos los humanos. Personalmente, pienso que es >10% dentro de la próxima década”.
Luego de estas publicaciones, varios ejecutivos de empresas de IA realizaron declaraciones en las que pidieron ralentizar el avance de esta tecnología. Entre ellos estuvo Dario Amodei, CEO de Anthropic, quien propuso un marco para regular el ritmo de desarrollo de los modelos de IA más avanzados y ganar tiempo para hacer frente a los crecientes riesgos de seguridad. La iniciativa recibió posteriormente el respaldo del CEO de OpenAI, Sam Altman, y del fundador de SpaceX, Elon Musk.

Por su parte, los líderes políticos de Estados Unidos y China se mostraron reticentes a frenar el avance de la IA. Donald Trump denunció este lunes una supuesta “conspiración enfermiza” contra la inteligencia artificial. En el caso de China, el Ministerio de Asuntos Exteriores instó a todas las partes a “promover un enfoque abierto, inclusivo y benevolente hacia la IA” cuando fue consultado por las declaraciones de los líderes tecnológicos estadounidenses que pidieron ralentizar su desarrollo.
“Si Estados Unidos desacelera y China continúa avanzando, Washington puede interpretar que está cediendo una ventaja estratégica; pero, si ninguno quiere desacelerar, resulta mucho más difícil construir mecanismos de seguridad y gobernanza efectivos a escala global”, explicó Mariana Olier, abogada especialista en derecho internacional e inteligencia artificial.
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“Creo que esto puede ser definitorio”, fue contundente Bolinaga. El especialista explicó que China ha superado a Estados Unidos en muchos aspectos: es el primer importador y exportador de mercancías a nivel mundial, el principal receptor de inversión extranjera directa, el país con más reservas internacionales, el principal acreedor de bonos del Tesoro estadounidense y la economía más grande en términos de PBI medido según la paridad del poder adquisitivo. Además, señaló que, de las 500 empresas con mayor facturación a nivel global, 100 son chinas. “Avanza fuerte en lo militar. Si logra superar a Estados Unidos en el desarrollo de la IA, la hegemonía del siglo XXI quedará en manos de China”, opinó Bolinaga.
Ahora bien, genera curiosidad que las mismas compañías que desarrollan la inteligencia artificial sean las que piden ponerle un freno: ¿qué tan genuino puede ser el interés de estos empresarios por proteger a la humanidad? Jorge Vilas Díaz Colodrero, CEO y fundador de DIPHOT y experto en impacto de la IA, nuevas tecnologías y políticas públicas, explicó que la intención de las empresas de Silicon Valley y de China al desarrollar la IA es sustituir a las personas: “Para ellos, el ser humano es una computadora biológica, con un sustrato frágil, que hay que lograr que sea eficiente. El criterio moral no es lo malo o lo bueno, sino lo eficiente o ineficiente”.

El experto también señaló que estas declaraciones están atravesadas por intereses corporativos y económicos vinculados con la atracción de inversiones y el cierre de la competencia a posibles actores que puedan surgir. “Cuando piden que el Estado los regule, solicitan que se establezcan estándares para que no puedan entrar otros jugadores. Y cuando hablan de los LLM y dicen que escaparon, en realidad son pruebas controladas”, explicó Vilas Díaz Colodrero. En este sentido, vale recordar que la estimación de que existe más de un 10% de probabilidades de que la IA acabe con la humanidad fue formulada por el jefe de alineamiento de una empresa que presentó su solicitud de salida a bolsa en junio y que apunta a debutar en octubre, con una valuación cercana al billón de dólares.
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Más allá de las proyecciones vinculadas con el fin de la humanidad, varios especialistas sostienen que, en lugar de enfocarse en posibles problemas futuros, habría que resolver otros que ya existen. “Existe una regulación positiva que ya se puede empezar a trabajar, vinculada a aspectos que ya se sabe que son problemáticos: cómo resolver el tema del empleo, porque ya se está viendo que el reemplazo existe; la cuestión educativa, para la cual no estamos teniendo ningún tipo de afrontamiento, cuando ya se sabe que la IA genera un deterioro cognitivo”, agregó Vilas Díaz Colodrero.
Belén Ortega, empresaria y especialista en IA, se refirió tiempo atrás a esta misma realidad al señalar que hoy ya convivimos con desinformación sintética, fraudes cada vez más sofisticados, nuevas amenazas de ciberseguridad, una transformación acelerada del mercado laboral y una creciente concentración del poder tecnológico. Además, agregó que “existe otro riesgo mucho menos espectacular, pero profundamente humano: la delegación del pensamiento”.



