Manual de IA: cuáles son las tareas que la inteligencia artificial todavía no puede copiar

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Pocos días atrás, una noticia dio vuelta al mundo y se robó la atención: las empresas detrás de las inteligencias artificiales dieron a conocer que han contratado perfiles provenientes de una carrera que durante mucho tiempo fue dejada de lado: la filosofía. Y en medio de esa novedad, crece la incertidumbre por una pregunta que desde hace tiempo late de fondo: ¿cuáles serán las profesiones del futuro o las tareas que las personas seguiremos haciendo mejor que la IA y que conviene no descuidar?

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Efectivamente, la IA sigue superando a las personas en muchas tareas: este mes, modelos de IA obtuvieron un 100% de aciertos en las preguntas hechas a los participantes humanos en la Olimpiada Internacional de Matemática (OIM) en Shanghái. Y los casos de este estilo se repiten. Meses atrás, un científico informático, matemático y profesor emérito estadounidense de la Universidad de Stanford, conocido como “el padre del análisis de los algoritmos”, señaló que un problema que a él le había llevado semanas de investigación la IA lo resolvió en tan solo una hora.

Luz Borchardt, cofundadora y chief growth officer de Henry, una academia de tecnología latinoamericana que invierte en la capacitación de las personas, explicó que, en este contexto, lo que genera valor ya no es producir una respuesta, sino identificar el problema correcto, hacer las preguntas adecuadas, evaluar críticamente lo que devuelve la IA y transformarlo en una mejor decisión. “Por eso creo que las capacidades que más aumentan de valor son el pensamiento crítico, la curiosidad, la creatividad y el juicio. La IA puede acelerar la ejecución, pero todavía necesita personas que definan el rumbo, entiendan el contexto y decidan qué vale la pena construir”, destacó.

La especialista explicó que el Foro Económico Mundial viene midiendo esta cuestión y destacó que, según el informe “Future of Jobs 2025″ el pensamiento analítico sigue siendo la habilidad más buscada —siete de cada diez empresas la consideran esencial— y calcula que cerca del 40% de las habilidades que usamos hoy van a cambiar antes de 2030. “Traducido: el conocimiento técnico caduca; la capacidad de pensar, no”, concluyó Borchardt.

La ingeniera informática Florencia Nucci, técnica del Observatorio de la Vida de Tucumán y docente de la UNSTA, coincidió con Borchardt y señaló que el juicio ético, la responsabilidad de las decisiones, el pensamiento crítico, el valor de la duda, la creatividad, la capacidad de contextualizar, profundizar y buscar lo que no es obvio, siguen siendo las capacidades humanas más valiosas y las ventajas competitivas irremplazables frente a respuestas generadas a partir de modelos probabilísticos, plausibles, pero no siempre verdaderas. “Y más valiosas aún resultan la capacidad de cuidar, de reconocer un rostro en el otro y de actuar desde una conciencia moral que busque, por encima del lucro, la dignidad de cada ser humano”, agregó.

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“En la era de la IA, el criterio y el juicio prudencial se vuelven centrales porque la escasez ya no está en producir opciones, sino en saber evaluarlas y decidir entre ellas. El criterio me permite distinguir lo verdadero de lo plausible, lo relevante de lo accesorio y lo valioso de lo simplemente eficiente”, coincidió Juan Pablo Cosentino, profesor asociado y director académico del área Operaciones y Tecnología de IAE Business School.

¿Qué habilidades entrenar para trabajar mejor con la IA?

Los especialistas consultados coincidieron en que es importante desarrollar ciertas competencias, que permitan utilizar las inteligencias artificiales de forma responsable y estratégica. Cosentino señaló que uno de los riesgos más silenciosos de la IA es quedarse dormido frente al volante. “Al principio la usamos como copiloto: busca información, ordena ideas, redacta un primer borrador. ”El peligro aparece cuando seguimos sentados en el asiento del conductor, con las manos cerca del volante, aunque hace tiempo dejamos de conducir», explicó.

Entre los consejos sugeridos por los especialistas consultados destacó la importancia de desarrollar el pensamiento crítico, de forma tal que los usuarios no se queden con la primera respuesta que proporciona la IA, sino que, tal como explicó Nucci, puedan “evaluar la calidad, la pertinencia y la veracidad de las respuestas que generan”.

La especialista agregó la importancia de aprender a formular buenas preguntas y a contextualizarlas, ya que la calidad de los resultados dependerá, en gran medida, de la claridad y de la precisión de las consignas. También animó a comprender cómo funcionan estos sistemas – para entender cuáles son sus alcances, limitaciones, sesgos y saber que no comprenden el significado de lo que generan- y a no delegar en las inteligencias artificiales la curaduría de la información, ya que explicó que corresponde a las personas seleccionar, jerarquizar y evaluar la confiabilidad de la evidencia, contextualizarla e interpretar su relevancia.

“Deberíamos desarrollar la habilidad de hacer preguntas, de validar, la toma de decisiones con datos, el pensamiento sistémico para integrar distintas perspectivas y la comunicación para lograr transmitir, asegurando la comprensión de los distintos interlocutores”, agregó Fernando Troilo, director del posgrado de Recursos Humanos de UCEMA y miembro de la Asociación De Recursos Humanos de Argentina (ADRHA).

Nucci destacó la importancia de evaluar la calidad, la pertinencia y la veracidad de las respuestas que generan las inteligencias artificiales

El docente señaló que, entre otras cosas, las personas no deberían de dejar practicar la lectura crítica, el juicio, los espacios de reflexión, la creatividad y la escucha que surge en la interacción con otros. “En definitiva, no debemos olvidar nuestra propia naturaleza, porque la IA promete eficiencia, pero su adopción efectiva y ética demanda humanidad”, concluyó.

La mirada de Cosentino es similar a la de las fuentes consultadas, aunque resaltó como habilidad necesaria el pensar antes de pedir algo a una IA. “Cuando entro a un LLM sin una pregunta, sin conocimientos, sin criterio y sin intención, suelo recibir un promedio elegante de lo que ya existe. A veces eso se presenta como inteligencia aumentada. En la práctica, puede convertirse en mediocridad acelerada”, fue contundente Cosentino.

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El especialista del IAE sumó dos habilidades más que considera importantes cultivar, para trabajar con IA: el juicio de segunda instancia y el conocimiento propio. La primera se refiere a no quedarse con la primera respuesta que brinda la inteligencia artificial, sino revisar, contrastar, desafiar, pedir evidencia y reconocer límites. “Suelo encontrar a la IA más útil como sparring (término que se utiliza para describir a una persona que ayuda a otra a entrenarse). Me aporta más cuando desafía mis ideas, me incomoda y me ayuda a ver aquello que no estaba viendo. En la tribuna, aplaudiendo todo lo que pienso, aporta bastante menos”, describió. En cuanto a la segunda habilidad, explicó que solo es posible detectar que la IA se equivoca si uno tiene conocimiento de la temática: “Solo puedo reconocer un error plausible cuando sé algo del tema. Por eso sostengo que la IA vuelve más importante el aprendizaje”.

“Si tuviera que elegir una sola, sería aprender a aprender”, fue contundente Borchardt y explicó que, dada la rapidez con que evoluciona la IA, las herramientas caducan en poco tiempo, ya que constantemente surgen modelos y herramientas nuevas. En ese contexto, “la verdadera ventaja competitiva ya no es cuánto sabés, sino qué tan rápido podés volver a aprender”, agregó la especialista.

En su caso, explicó que buscan que sus alumnos desarrollen una forma de pensar, “porque cuando entendés cómo resolver problemas, podés trabajar con cualquier tecnología que aparezca en los próximos diez años”. También agregó otras aptitudes que comparte con las demás fuentes y que considera claves en este contexto: el pensamiento crítico, la comunicación clara, la resolución de problemas complejos y la capacidad de colaborar con la IA, no simplemente usarla.

Por último, señaló que uno de los errores más comunes en los que caen los usuarios de los modelos de IA es delegar el pensamiento en ella: “Cuando aceptás la primera respuesta de la IA sin cuestionarla, dejás de entrenar el músculo más importante, que es el criterio. Y el criterio, como cualquier músculo, se atrofia si no lo usás. Las personas que mejor usan IA no son las que más delegan, sino las que más revisan, desafían y mejoran sus respuestas”.

La adopción de la IA precisa del desarrollo del pensamiento crítico

¿En qué tareas la IA nunca podrá reemplazar a las personas?

Trabajos que antes parecían imposibles de delegar a la tecnología hoy son fácilmente resueltos por una IA. Además, con la adopción de los agentes cruzando la puerta, el “reemplazo” al ser humano parece una realidad cada vez más tangible.

En ese contexto, Borchardt retrucó la apuesta y explicó que la IA reemplaza tareas, pero no personas: “Y no me animo a decir que haya tareas que nunca van a poder hacer, porque si algo aprendimos es que avanzan más rápido de lo que cualquiera predijo”. Al mismo tiempo, señaló que hay responsabilidades profundamente humanas que no se delegan: “La IA puede sugerirte una decisión, pero no se hace cargo de ella. Puede escribirte el discurso perfecto, pero no puede pararse frente al equipo a las siete de la mañana y lograr que la gente le crea. Por eso, capacidades como el propósito, la empatía, el liderazgo, la creatividad y la construcción de confianza cobran todavía más valor. La IA las potencia, pero no las reemplaza”.

Por su parte, Troilo señaló que la IA no podrá reemplazar el empatizar de manera genuina, gestionar la emocionalidad de las personas, sobre todo en los contextos difíciles o de crisis, crear sentido y pertenencia y, en el ámbito de las organizaciones, fomentar los valores culturales necesarios para que la adopción de IA no solo sea efectiva, sino también ética.

En este contexto, los especialistas coincidieron en que lo importante no es competir contra la IA, sino prepararse para orquestarla.

“Los clásicos llamaban virtud al bien que, a fuerza de repetirlo, se vuelve parte de nuestro carácter. Aristóteles decía que nos hacemos justos practicando la justicia. Creo que algo parecido vale hoy para nuestra humanidad: nos mantendremos humanos en la medida en que sigamos practicando aquello que nos hace humanos”, explicó Cosentino, quien citó la encíclica Magnifica Humanitas, del papa León XIV, explicando que su llamado central podría resumirse en dos palabras: «Permanecer humanos», y concluyó: “Para mí, permanecer humanos no significa rechazar la tecnología. Significa no dejar de practicar aquello que ninguna tecnología debería hacer en nuestro lugar: pensar, cuidar, aprender, dialogar y asumir responsabilidad por el mundo que estamos construyendo”.

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