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Ganó un partido que le convenía perder y hoy entrena a Nadia Podoroska: “Sumar puntos ATP era una masacre”

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Emiliano Redondi junto a Nadia Podoroska

Ser tenista profesional no garantiza una vida de flashes y cámaras, fotos y autógrafos, publicidades y cheques importantes. Fuera de la élite, existe un universo de jugadores que intentan hacer su camino en el deporte que aman. Emiliano Redondi jugó entre finales de los 90 y mediados de los 2000 y llegó al puesto 351 del ranking mundial. Su carrera transcurrió en ese margen en el que el talento no siempre alcanza y las decisiones muchas veces dependen de un escenario más hostil: cuánto dinero hay disponible para seguir compitiendo.

“Los que no éramos Top 100 en aquella época dependíamos de lo que ganáramos los Interclubes europeos. Hacíamos base allí, y desde lo que pudiéramos recaudar en esas semanas íbamos ordenando nuestros calendarios”, cuenta Redondi en charla con Infobae. “Me encanta recordar esas épocas. A pesar de las peripecias que pasamos, nos divertíamos”, agrega.

Redondi hoy tiene 46 años y junto a Juan Pablo Guzmán -extenista que alcanzó el puesto 100 del escalafón de la ATP en 2007- entrena a Nadia Podoroska, una de las mejores jugadoras del país. Cuenta que, además de los Interclubes europeos, para él y varios colegas “eran importantes los torneos por plata, especialmente en Francia, donde vos podías jugar entre medio de los Futures”. Y amplía: “Según tu ranking ATP, podías arrancar en cuartos de final o en octavos. Armabas la gira sobre la marcha y era como jugar al Tetris con tu vida profesional”.

Alemania está a la vanguardia europea en cuanto a las competencias entre clubes. El sistema es parecido al del fútbol: funciona bajo una pirámide de ascensos y descensos dividida en categorías, y todavía hoy resulta atractivo económicamente para muchos tenistas. “Yo jugué 8 años para el SC Uttenreuth, un club de la ciudad que lleva su nombre y está cerca de Núremberg, al sur de Alemania”, menciona Redondi, y profundiza: “Luego de tantas temporadas y alegrías te tratan como si fueras su hijo. Son muy familieros y como íbamos muchos jugadores argentinos, como Matías O’Neille, Diego Junqueira o Juampi Guzmán, a los locales se les terminaban pegando costumbres nuestras”.

La organización era clave. “A partir de julio, la prioridad la tenían los Interclubes. Podías jugar algún torneo del calendario y después volverte a Alemania. También dependías de la decisión de tu club: si te dejaba jugar más tiempo o no. Había semanas que ibas a un torneo Future y decías: ‘Bueno, voy, juego hasta cuartos de final y me vuelvo a los Interclubes’”, sitúa.

Muchas veces, ganar un partido en un torneo del circuito ITF podía alterar los planes. “Me servían los puntos del Future, pero no podía dejar de representar a mi club porque era la plata segura”, retrata Redondi.

Emiliano Redondi jugó entre finales de los 90 y mediados de los 2000. Llegó a ser l351° del ranking (Crédito: @puppotenis)

Una secuencia ocurrida en junio de 2004, durante un torneo ITF en Karlovy Vary, República Checa, retrata aquella dualidad. Emiliano debía enfrentarse a Martin Vacek, un tenista local, en busca de un lugar en las semifinales. “Yo sabía que podía jugar hasta esa instancia y nada más, porque había una fecha importante de Interclubes”, evoca.

Y sigue: “Tenía pensado tirar ese partido y volverme a Uttenreuth. Arranqué tranquilo y mi rival me empezó a hablar. Me cargaba y yo me calenté. Me empecé a enredar, a hacerme la cabeza y a decirme a mí mismo: “Con este no quiero perder”. ¿Y qué hice? Gané 6-4 y 6-4 y me compré un problema, porque tenía que volverme a Alemania”.

Emiliano puso en marcha un plan para cumplir con ambos compromisos: “Llamé a mi capitán y le dije que iba a pedir jugar semifinales en el primer turno del sábado. La idea era tirar el partido, tomar el tren de la tarde y jugar el domingo. ‘Perfecto, ningún problema’, me contestó”.

Sin embargo, el clima le jugó una mala pasada. “Amaneció lloviendo y yo me quería morir. ¿Qué hice? Fui al médico del torneo y le dije: ‘Doctor, tengo un malestar estomacal y me quiero ir’. Me empezó a revisar y ahí me acordé que, a principios de la semana, en una visita al centro de Karlovy Vary, mi novia había bebido una supuesta agua bendita de una fuente y luego se había sentido mal”, detalla.

Emiliano Redondi está radicado en Alicante (Crédito: @puppotenis)

“Ahí el médico me dijo: ‘¿Estás loco? Cómo vas a tomar agua de ahí’. Me liberó. No jugué semifinales (su rival era Jan Mertl, también checo) y tuve que alquilar un auto y manejar un montón de horas para llegar a jugar el domingo. Ya no tenía trenes para volver”, rememora Redondi, que en aquel momento ocupaba el puesto 854 del ranking ATP y, durante su experiencia en Uttenreuth, llegó a recibir una propuesta para integrar el equipo de fútbol. “Con O´Neille completamos un entrenamiento y, al parecer, nos vieron con condiciones. Eran unos 400 o 500 dólares para jugar un partido, y la verdad que a Matías y a mí esa plata nos venía muy bien, pero al final no jugamos porque no nos queríamos lesionar”, recuerda.

Cuando no tenía torneos, Emiliano daba clases de tenis. Además, tenía una máquina de encordar que le permitía ahorrar unos dólares. Vivió la última época de los circuitos Satélites, donde, según recuerda, “era una masacre tenística sacar puntos ATP”.

Una lesión en el hombro aceleró su retiro cuando apenas tenía 26 años. Hoy está radicado en Alicante, España, donde tiene su academia junto a Guzmán. Está casado con Marcela y tiene dos hijos: Ezequiel y Juan Ignacio, de 16 y 12 años.

Finalizada su etapa como tenista, Redondi comenzó a trabajar como entrenador. Uno de sus primeros vínculos profesionales fue con Leonardo Mayer, uno de los campeones de la Copa Davis 2016. También acompañó durante algunos meses a Guzmán. “A Juampi lo entrené más como amigo que como entrenador. Fueron los últimos meses antes de su retiro”, recuerda.

Su ingreso al tenis femenino llegó con Yaroslava Shvedova, rusa nacionalizada kazaja que alcanzó el puesto 25° en individuales y el 3° en dobles. Con ella trabajó durante cuatro años. Luego, conoció a Podoroska. “En ese momento estaba sola, no tenía un peso y con Juampi empezamos a entrenarla. Finalmente, se vino a Alicante. Vivió en casa, después alquiló una habitación y, finalmente, se mudó a un departamento”, cuenta.

Emiliano Redondi junto a su coequiper Juan Pablo Guzmán y Nadia Podoroska

Tras alcanzar las semifinales de Roland Garros en 2020 y el puesto 36 del ranking mundial, la Peque sufrió una serie de problemas físicos. En 2026, después de 15 meses sin competir, volvió al circuito y empezó a recuperar terreno. Hace un mes dio el golpe ante Paula Badosa, ex número 2 del mundo, y llegó a la final del WTA 250 de San Pablo: fue la primera vez en 13 años que una tenista argentina alcanzó esa instancia en un torneo de tal magnitud.

“Nadia está en un muy buen momento y nos permite mirar el futuro inmediato con mucho entusiasmo”, señala Redondi, y agrega: “Fue acumulando lesiones y hoy juega con el tendón roto del hombro derecho. Si se operaba, iba a tener que dejar de jugar. Lo que hicimos con su fisio y los especialistas fue fortalecer todos los músculos de esa zona para que el dañado no moleste”.

Años atrás, Redondi organizaba su calendario según el dinero que podía conseguir en los Interclubes y buscaba la manera de financiar cada nuevo intento en el circuito. Hoy trabaja para que Podoroska compita al máximo nivel, con la experiencia de quien conoce desde adentro los sacrificios que exige hacerse un nombre en el tenis.