“Suena el silbato y se transforma”: las dos caras del Cuti Romero, el héroe salvaje de la selección argentina

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Cristian Romero, de 28 años, y Messi, luego del emotivo triunfo ante Egipto en Atlanta (REUTERS/Amanda Perobelli)

Hay un Cristian Romero jocoso, capaz de prometer sacarle “el poco pelo que le queda” a Leandro Paredes en zona mixta, luego de sufrir un “cortito” encubierto. Un Cristian Romero amigo de sus amigos, protector de sus compañeros de selección argentina durante el Mundial 2026, con el agua bendita o el arsenal de escudos de “la banda del palo santo”. Un Cristian Romero tierno, casi inofensivo, cuando se muestra en redes jugando o bailando, casi como un niño más, con sus hijos Valentino y Lucy, fruto de su relación con Karen Cavaller, usual camarógrafa de esos retazos de intimidad, que lo hacen viral.

Y hay un Cuti Romero salvaje, una bestia competitiva, capaz de permanecer en el campo de juego rengueando, como número 9, para empujar a la remontada de Argentina ante Egipto, en una imposible hazaña por los octavos de final de la Copa del Mundo. Uno que, disminuido físicamente, se disfraza de Lautaro Martínez o de Julián Álvarez para cabecear el centro filoso de Lionel Messi; y grita desaforado el 3-2 hacia la platea y el banco de suplentes, pero a milímetros de un Mohamed Salah que no sabe cómo reaccionar.

Hay dos Cristian Romero. “Dos personas en uno”, como suelen bromear en las redes sociales. El divertido y afable y el defensor feroz que camina con estilo por el alambre de la locura. Los dos son amados por partes iguales por los fanáticos de Argentina, que saben que es una de las piezas insustituibles en este turbulento pero exitoso tránsito del seleccionado hacia el sueño del bicampeonato, que tendrá una nueva prueba de riesgo este sábado desde las 22 en Kansas City, cuando La Scaloneta se mida ante Suiza.

Su rendimiento se destaca todavía más porque llegó al Mundial entre algodones, por el esguince en el ligamento colateral medial de su rodilla derecha que lo hizo cerrar sin acción su temporada con el Tottenham. Ante Jordania, se guardó tras haber sufrido dolores en la zona. Pero para sacarlo del campo de juego, ni con una orden judicial. Así vive el Cuti los partidos, así siente la camiseta de la Selección, y así sintió (y promete volver a sentir) la de Belgrano de Córdoba.

En realidad, así siente el fútbol. Siempre en los límites. En diálogo con La Voz del Interior, Daniel Ríos, su entrenador en Infantiles (“cuando tenía siete u ocho años”), reveló: “Cuando veía que a los compañeros los pasaban fácil, él salía a raspar. Un día le dije: ‘Mirá al 7 este, los está pasando a todos’. Íbamos perdiendo 1-0, y él le fue fuerte. Terminó saliendo el jugador. Ese partido lo empatamos y él hizo el gol del triunfo”. Más señales del pasado: “Cuando él era chico, si íbamos perdiendo, se iba adelante, como hizo contra Egipto. Él sobresalía dentro de los buenos jugadores”.

Teté González, el entrenador con el que se asentó en Primera luego de que amagara con dejar el fútbol por roces con la dirigencia, describe a aquel Cuti como si fuera una pintura del actual: “Juega con elegancia, disputa los duelos con solvencia. A mí siempre me sorprende cómo se expone a los duelos. Decide, va y disputa el duelo y los gana”.

Cuti marca a cualquier jugador de jerarquía como Salah como lo hacía conmigo en Villa Esquiú. El temperamento lo sostiene y juega en ese nivel que siempre jugó, hoy noto el grado de madurez en situaciones límites”, supo añadir el ex mediocampista central en una entrevista.

Fernando Batista, hoy entrenador de la selección de Costa Rica, tuvo al zaguero en el predio de AFA bajo su tutela. Primero, como ayudante de campo de Claudio Úbeda en el seleccionado Sub 20; luego, ya a cargo del conjunto Sub 23. El Bocha fue el encargado de ir a observarlo a las Inferiores del Pirata para bajarle o no el martillo a su citación.

“Uno cuando convoca a un jugador se imagina hasta dónde puede crecer. Lo fui a ver en un partido de Quinta División entre Belgrano y Tigre y marcaba diferencias en su categoría. A medida que pasó el tiempo, se empezó a destacar todavía más”, evoca en diálogo con Infobae.

Casi como un guiño del destino, en aquel plantel de Argentina en el Sudamericano Sub 20 de 2017 estaban Nahuel Molina, Romero y Lisandro Martínez. El Cuti y Licha conformaban la zaga central. En la pelea también estaba Juan Foyth, otro campeón del mundo en 2022. Y arriba descollaba Lautaro Martínez.

En el certamen continental, disputado en Ecuador, la Albiceleste finalizó cuarta y se quedó con la última plaza para la Copa del Mundo -Brasil fue eliminado- y el campeón fue Uruguay. “Cuti tuvo un Sudamericano irregular y sufrió dos expulsiones. Hoy ha mejorado mucho eso”, explicó cómo el temperamento de entonces le jugó en contra. De hecho, no terminó yendo al Mundial Sub 20: en su lugar viajaron otros actuales compañeros suyos en La Scaloneta, como Gonzalo Montiel y Marcos Senesi.

El Bocha Batista, en su paso por la selección argentina. Viene de conducir a Venezuela y hoy está al frente del combinado de Costa Rica (REUTERS/Luisa Gonzalez/File Photo)

Fue parte de su evolución. Después se afianzó en la élite, pasó al Genoa, luego al Atalanta y descolló en el Tottenham, que a regañadientes seguramente lo venda en el próximo mercado de pases porque le sobran oferentes. Todo, con sus dos caras: el despiadado e impiadoso defensor y el referente guardián y yerno perfecto del otro lado de la línea de cal.

Es verdad que se transforma. Tiene esa agresividad, no te regala nada. Toca el silbato y no es el padre de familia, je. Es lo normal en los futbolistas. Lo he dicho varias veces: Cuti Romero se convirtió en uno de los mejores centrales de la historia de Argentina, o en el mejor. No solo es agresivo: marca y tiene primer pase filtrado, algo que es muy importante. Junto con Licha Martínez, conforman la mejor dupla del mundo”, lo envuelve con el arreglo floral el Bocha Batista.

Doctor Cuti o Mister Romero. Los dos en la misma piel, bajo el manto albiceleste.